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La era del sociópata (por Derrick Jensen)
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Derrick Jensen (nacido el 19 de diciembre de 1960) es un escritor y activista ecologista estadounidense, partidario del sabotaje medioambiental, reside en California. Ha publicado varios libros muy críticos con respecto a la sociedad  contemporánea y de sus valores culturales, entre los que encontramos The Culture of Make Believe (2002), Endgame Vol1&2 (2006) y A Language Older Than Words (2000). Es un miembro fundador de Deep Green Resistance.

Para mas información acerca de la organización de Deep Green Resistance y de sus análisis, ver el excelente documental END:CIV, disponible en versión original con sustitulos en español (y otros idiomas) haciendo click aquí.

El siguiente articulo fue originalmente publicado en ingles para el sitio web de EarthIsland:
http://www.earthisland.org/journal/index.php/eij/article/age_of_the_sociopath/


El término “Antropoceno” no solo no nos ayuda a detener esta cultura de destruir el planeta – sino que contribuye directamente en los problemas que pretende abordar.

Primeramente, es sumamente engañoso. Los humanos no son los que “transforman” – léase: destruyen – el planeta. Se trata de los humanos civilizados. Hay una diferencia. Es la diferencia entre los bosques antiguos y New York City, la diferencia entre 60 millones de bisontes sobre una vasta planicie y campos tapizados de pesticidas – y herbicidas – y de maíz genéticamente modificado. Es la diferencia que hay entre los ríos cargados de salmón y los ríos aniquilados por presas hidroeléctricas. Es la diferencia entre culturas cuyos miembros se reconocen a sí mismos como uno entre muchos y los miembros de esta cultura que convierten todo para su propio uso.

Para ser claro, los Indígenas Tolowas vivieron donde hoy vivo desde hace por lo menos 12.500 años y cuando el primero de los civilizados llegó, el lugar era un paraíso. Hoy, 170 años después de su arribo, los salmones están siendo llevados a su extinción, las secuoyas fueron reducidas al 2% de lo que eran antes y los valles (anteriormente bosques) están repletos de toxinas.

Siendo aún más claro: los humanos no destruyen los suelos. Los humanos civilizados destruyen los suelos, y lo han venido haciendo así desde el comienzo de la civilización. Uno de los primeros mitos escritos es el de Gilgamés deforestando lo que hoy corresponde a Irak – talando bosques de cedros tan densos que la luz solar no alcanzaba a penetrar hasta el suelo, todo para poder construir una gran ciudad y, yendo al grano, para poder tener renombre.

Todo esto es crucial, ya que los perpetradores de atrocidades muy a menudo tratan de convencerse a sí mismos y a los demás, que lo que hacen es natural o está bien. La palabra “Antropoceno” es una tentativa de banalización del asesinato del planeta pretendiendo que el problema es “el hombre” y no un tipo de hombre en específico relacionado con esta cultura particular.

El nombre también manifiesta el supremo narcisismo que ha caracterizado a esta cultura desde el principio. Claro, los miembros de esta cultura tendrían la tendencia de presentar su comportamiento como representativo del “hombre” en su conjunto. Las otras culturas nunca existieron realmente, salvo como especies inferiores, que son simples en la forma de acceder a los recursos naturales.

Hacer uso del término “Antropoceno” alimenta ese narcisismo. Gilgamés destruyó un bosque y se hizo de un nombre para la ocasión. Esta cultura destruye un planeta y da su nombre a una era geológica. Que sorpresa.

Ellos dicen que un signo de inteligencia es la habilidad de reconocer patrones (modelos). Bueno, los miembros de esta cultura no deben ser muy inteligentes. Hemos tenido 6.000 años para reconocer el patrón de genocidio y ecocidio que alimenta el narcisismo y la sociopatología de esta cultura, y la situación solo empeora. Los miembros de esta cultura han tenido 6.000 años para reconocer que las culturas que han conquistado han sido frecuentemente sustentables. Y sin embargo aun así eligen este nombre, intentando incluir a toda la humanidad en su despreciable comportamiento.

El narcisismo se extiende más allá del no creer que otras culturas existen. Incluye la creencia que tampoco existen completamente sobre el planeta, otras formas de vida diferentes. Esto se parece a la etiqueta adhesiva de parachoques que dice: “No somos la única especie en el planeta: solo actuamos como tal”. Recientemente escuché un astrónomo tratando de explicar el porqué es importante explorar Marte. Señaló que la exploración nos llevaría a “responder la pregunta más importante de todas: ¿Estamos solos?”. En un planeta rebosaste de hermosa vida (por ahora), ¿él plantea esta pregunta? Tengo una pregunta más importante. ¿Está demente? La respuesta es sí. Es un narcisista y un sociópata.

Por supuesto que los miembros de esta cultura, que se autodenominaron sin una pisca de ironía o de humildad, homo sapiens, podrían, ya que destruyen el planeta, declarar a esto la era del hombre.

El Antropoceno no da ninguna pista de los horrores que inflige esta cultura. “¿La era del hombre?” Oh, que simpático. ¿Somos los numero uno, no es así? En su lugar, el nombre debería ser horrífico, debería producir un shock, vergüenza y ultraje proporcional a la atrocidad de asesinar el planeta. Debería incitar a diferenciarnos a nosotros mismo de esta cultura, mostrar que esta etiqueta y este comportamiento no pertenecen a nosotros. Debería incitarnos a mostrar que no la meritamos. Debería incitarnos a decir y a pensar; ¡Ni una cultura Indígena más expulsada de su tierra, y ni una especie más conducida a su extinción!”

Si vamos a nombrar a esta era, al menos seamos honestos y precisos. ¿Podría sugerir, “La era del sociópata”?.

Derrick Jensen


Traducción-Edición: Santiago Perales Meraz.

no estamos solos

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