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La mentira del progreso (por Nicolas Casaux)
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Traducción al español del texto Le mensonge du progrès escrito por Nicolas Casaux.


« El progreso en nuestro mundo será el progreso hacia el dolor »

— George Orwell

« Dudo que la edad de hierro sea superior a la edad de piedra. »

— Gandhi

« Sin cesar, el progreso, rueda de doble engranaje, hace funcionar una cosa aplastando a alguien. »

— Víctor Hugo

« Queda aún un error muy a la moda, del que quiero protegerme como del infierno. Me estoy refiriendo a la idea de progreso. Ese fanal oscuro, invención del filosofismo actual, patentado sin garantías de la Naturaleza o la Divinidad, esa linterna moderna arroja tinieblas sobre los objetos del conocimiento; la libertad se desvanece, el castigo desaparece. Quien quiera ver claro en la historia debe ante todo apagar ese pérfido fanal. Esta idea grotesca, que ha florecido en el podrido terreno de la fatuidad moderna, ha descargado a todos de su deber, liberado a cada alma de su responsabilidad, liberado a la voluntad de todos los vínculos que le imponía el amor de lo bello; y de durar mucho tiempo esta lastimosa locura, las razas menoscabadas se dormirán sobre la almohada de la fatalidad en el sueño senil de la decrepitud.

Este engreimiento es el diagnóstico de una decadencia en exceso visible. Pregunten a todo buen francés que lee todos los días su periódico en su cafetín lo que entiende por progreso: responderá que es el vapor, la electricidad y la iluminación a gas, milagros desconocidos para los romanos, y que estos descubrimientos testimonian plenamente nuestra superioridad sobre los antiguos; ¡tantas nieblas han hecho en ese infortunado cerebro y de tal manera se han confundido curiosamente las cosas del orden material y del orden espiritual! El pobre hombre está de tal modo americanizado por sus filósofos zoócratas e industriales que ha perdido la noción de las diferencias que caracterizan a los fenómenos del mundo físico y del mundo moral, de lo natural y de lo sobrenatural.

Dejo de lado la cuestión de saber si, fragilizando a la humanidad en proporción a los nuevos goces que le aporta, el progreso indefinido no sería su más ingeniosa y cruel tortura; si, procediendo por una porfiada negación de sí mismo, no sería un modo de suicidio incesantemente renovado, y si, encerrado en el círculo del fuego de su lógica divina, no se parecería al escorpión que se atraviesa a sí mismo con su terrible cola, ese eterno desideratum que produce su eterna desesperación. »

— Charles Baudelaire

« Me pregunto por qué el progreso se parece tanto a la destrucción. »

— John Steinbeck

« El progreso designa el hecho de acercarse al lugar adonde se quiere ir. Así, en el momento en el que uno se equivoca de camino, seguir avanzando no es progresar. Si estás en el camino equivocado, el progreso implica dar media vuelta para volver a encontrar el camino correcto; en este caso, el primer hombre que desanda el camino, es el más progresista. »

— C.S. Lewis

« Pero en los bosques de la India central y en muchas áreas rurales, se está llevando a cabo una gran batalla. Millones de personas están siendo desalojadas de sus tierras por compañías mineras, represas y empresas constructoras. Se trata de seres humanos que no han sido cooptados por la cultura del consumo ni por las nociones occidentales de civilización y progreso. Y que luchan por sus tierras y sus vidas, y se niegan a ser expoliados para que alguien, en algún lugar, lejos, pueda « progresar » a sus expensas. […] Su lucha es una lucha por la imaginación, por la redefinición del significado de civilización, felicidad, realización. […] Es por eso que tenemos que interesarnos de cerca por aquellos cuyo imaginario es diferente, por aquellos cuya imaginación está por fuera del capitalismo e incluso del comunismo. Muy pronto, tendremos que admitir que ellos […] que aún conocen los secretos de una existencia sostenible, no son reliquias de nuestro pasado, sino guías hacia nuestro futuro. »

— Arundhati Roy

 

Hace algún tiempo, según los lugares del mundo, la existencia de la humanidad no estaba regida por la guerra[1]. Las desigualdades eran inexistentes o muy limitadas. Vivíamos en grupos a escala humana, relativamente pequeños. Algunos, más entregados a la recolección, otros a la caza y otros a diferentes formas de horticultura; luego, también a la ganadería, y la mayoría de ellos con una mezcla de varios de estos medios de subsistencia. El tamaño relativamente pequeño de estos grupos humanos garantizaba una existencia comunitaria, es decir, solidaria. Los problemas dentales como la caries, aún eran desconocidos; nuestras mandíbulas encajaban perfectamente de borde a borde. Nuestros huesos eran mucho más fuertes y nuestro microbioma mucho más equilibrado que hoy [2]. Nuestra esperanza de vida era de 60 a 70 años, lo que nos ofrecía una vida bastante decente[3]. Los ríos estaban limpios, el aire era puro, los suelos estaban sanos. Abundaban los bosques, así como las praderas naturales. Y así, durante cientos de miles de años. Y luego, en unas pocas décadas, o siglos, o milenios a lo sumo, dependiendo del lugar, todo cambió. Hubo progreso.

Como lo formula Robert Sapolsky en su libro Why Zebras Don’t Get Ulcers? (« ¿Por qué las cebras no tienen úlceras? »): « La agricultura es un invento humano bastante reciente y, en muchos sentidos, fue una de las ideas más estúpidas de todos los tiempos. Los cazadores-recolectores podían sobrevivir gracias a miles de alimentos silvestres. La agricultura ha cambiado todo esto, creando una dependencia abrumadora a unas pocas docenas de alimentos domesticados, haciéndonos vulnerables al hambre, las invasiones de langostas y las plagas. La agricultura ha permitido la acumulación de recursos producidos en sobreabundancia, e, inevitablemente, la acumulación inequitativa; así la sociedad se estratificó y dividió en clases, dando nacimiento, finalmente, a la pobreza. »

Aunque se trate de una mera simplificación — la agricultura no engendró de inmediato la acumulación, ni la propiedad privada, ni el estado que tuvo su auge varios miles de años después de la adopción de diferentes formas de agricultura por diferentes grupos humanos — el esquema que describe sigue siendo suficientemente preciso.

Archipiélago de Tokelau

Hace menos de 200 años, el archipiélago de Tokelau, al sur del Océano Pacífico, donde los humanos habían vivido por más de 1,000 años, fue colonizado por misioneros católicos. Hasta entonces, sus habitantes, de lengua y cultura polinesia, obtenían su sustento, entre otras cosas, del pescado, el coco, las bananas, del taro, del árbol del pan y de la papaya. Eran, obviamente, completamente auto-suficientes.

Los hallazgos de una expedición estadounidense que estudió su población en 1841, son reproducidos en un libro de 1992 titulado Migration and Health in a Small Society: the Case of Tokelau (« Migración y salud en una pequeña sociedad: el caso de los Tokelau »):

« Esta expedición concluye en que los habitantes que vivían allí eran hermosos y gozaban de buena salud. Parecían prosperar gracias a su « dieta magra » de pescado y coco, ya que no había ningún rastro visible de agricultura. Las personas de ambos sexos estaban tatuadas con formas geométricas, con tortugas y peces. Los numerosos informes y diarios de la expedición, dan la impresión de un pueblo admirable, amable (aunque prudente), pacífico, ordenado e ingenioso. »

Pero, en el transcurso del siglo XX, el modo de vida de los habitantes de Tokelau cambió drásticamente. Su pequeño archipiélago se integró a la sociedad industrial global, a través del transporte marítimo y la instalación de un generador a combustible en la isla principal. Con « la adopción, por parte de los habitantes de Tokelau, de una dieta más occidental, la calidad de su dentición se debilitó dramáticamente. Los alimentos ricos en fibra, como el coco y el árbol del pan, fueron reemplazados gradualmente por azúcar refinada y harina blanca, y como resultado, en el grupo de 15 a 19 años, la incidencia de caries dental se multiplicó por 8 (de 0–1 a 8 dientes), mientras que se cuadruplicó en el grupo de edad de 35 a 44 años (de 4 a 17 dientes), en sólo 35 años. »

Además, si antes su alimento dependía únicamente de los recursos que tenían localmente, hoy depende de muchos productos importados -solían cocinar sus platos en hojas de plátano; hoy, progreso obliga, cocinan sus platos en hojas de aluminio, que, por cierto, no crecen en los árboles. También importan arroz, gaseosas, alcohol y muchas otras cosas. « Hoy en día, no se puede prescindir del papel de aluminio en la cocina de los mares del Sur; en otros tiempos, la comida se envolvía en hojas de plátano », nos cuenta un documental de la cadena televisiva Arte sobre el archipiélago de Tokelau.

El mismo documental nos enseña que hoy « el delito más frecuente es el abuso de alcohol entre los menores, aquí la edad legal para consumir es de 20 años, pero en general, los jóvenes comienzan a beber antes de los 16 años […] En la tienda del pueblo, la cerveza está racionada, no hay vino, ni alcoholes fuertes. » El número 251 de la revista New Internationalist (un medio de comunicación sin fines de lucro, especializado en derechos humanos, política y justicia social y ambiental, que existe desde hace más de 40 años), de enero de 1994, nos dice que « el alcoholismo se ha vuelto común en el archipiélago, al igual que la obesidad. »

Como nos lo explica el documental de la cadena Arte, desde que el archipiélago tiene su propia central de energía solar (las energías renovables, ¿no es genial?!), todos los habitantes tienen, en sus hogares, televisores de pantalla plana, smartphones, tabletas, congeladores y acceso a internet. « Consecuencia: la gente ve más televisión, no sólo los niños ; antes, los generadores se apagaban por la noche, ahora los televisores permanecen encendidos casi todo el tiempo. »

Y de ahora en más, « cuando el barco no pasa, los productos vitales [sic] escasean, como las cañas de pescar, la gasolina para las embarcaciones fuera de borda, el arroz, por no mencionar la cerveza de Samoa ». Productos que, en realidad, y hasta hace muy poco, no tenían nada de vital para los habitantes.

Peor aún, como si todo el desastre que afecta al archipiélago no fuera suficiente, resulta que el pescado, uno de los recursos principales de los que alguna vez dependieron, y que les permitió vivir en autosuficiencia durante siglos, escasea también. Como seguramente el lector lo habrá adivinado, se trata aquí de la consecuencia de la pesca industrial que se ha desarrollado en la región de Tokelau. Finalmente, lo mejor de todo, la civilización industrial y su economía globalizada, de la cual ahora son totalmente dependientes, causará, muy seguramente en el transcurso de este siglo, un aumento en el nivel de los océanos que sumergirá completamente sus islas.

En resumen, una población que solía vivir de la pesca y la recolección, que gozaba de muy buena salud y que se basaba únicamente en los recursos locales existentes, que prescindía del plástico, los televisores, los smartphones e Internet, del papel aluminio, los congeladores, la coca-cola, el alcohol, etc., vio cómo su salud física y mental fue disminuyendo a medida que se hacían dependientes de todas estas cosas. Y su recurso vital más importante fue rápidamente destruido.

Este esquema de destrucciones sociales, culturales y ecológicas, no es un caso aislado. Ha tenido lugar en todo el mundo, y aun sigue ocurriendo. Algunos — incluso muchos, ya que esta es la perspectiva dominante — lo ven como un « progreso ». Y entre ellos Steven Pinker, el autor favorito de Bill Gates.

En su libro Los ángeles que llevamos dentro, trata de demostrar que la violencia en las sociedades humanas ha disminuido de forma considerable y continua en los últimos siglos. Para esto, define la violencia, pero también la esclavitud, de manera que sus definiciones le permitan apoyar la idea que intenta demostrar. En su opinión, el salariado no deriva evidentemente de la esclavitud. Ni de una forma de violencia impuesta por una élite al resto de la población. También se permite describir la prehistoria como una época muy violenta, basado en una selección de elementos que organiza para dar esa impresión. Y, sin embargo, como lo explicara claramente un documental publicado recientemente en la cadena Arte, se establece que la guerra es un fenómeno relativamente nuevo, surgido hace unos milenios con el advenimiento de la civilización[4] de la cual es indisociable y que la prehistoria era, según el conjunto de los descubrimientos arqueológicos, una época más bien pacífica[5].

Pero los hechos importan poco para este escritor adorado por los medios de comunicación (su libro “Los ángeles que llevamos dentro” ha sido particularmente promocionado y elogiado por The New York Times, The Guardian, etc.). Y eso es lo que muestra, por cierto, uno de los mejores críticos de medios, Edward Herman — con quien Noam Chomsky ha co-escrito “Los guardianes de la libertad” —, en un libro titulado Reality Denial: Steven Pinker, Apologetics for Western-Imperial Violence (« Negación de la realidad: la apologética de Steven Pinker en favor de la violencia occidental e imperialista »), en el que derriba metódicamente las fabulaciones de Pinker.

Steven Pinker forma parte de aquellos que, contra viento y marea, continúan glorificando y perpetuando el mito del progreso, razón por la cual, es adorado por los medios de comunicación y los ultra-ricos que también continúan vendiendo el mito sobre el que se basa la (o más bien “su”, ya que son ellos los principales dueños) entera civilización industrial. Ese mito que sugiere que la desaparición de la increíble diversidad cultural (que sostenía muchas formas de vida auto-suficientes) en provecho de una monocultura mundializada, unificada, estandarizada, cada vez más high-tech, más alienada, más enferma, más destructiva, es, todo ello, algo muy positivo.

Y Pinker no está solo. Ni mucho menos. Adivinen quién elogia los méritos del libro del médico sueco Hans Rosling, titulado Factfulness: Ten Reasons We’re Wrong About the World and Why Things Are Better Than You Think (“Factfulness: Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas”)? Bill Gates. De nuevo él. En la portada del libro de Hans Rosling, encontramos una frase del famoso multimillonario que explica que este libro es « uno de los más importantes » que ha leído, « una guía indispensable para entender el mundo ». ¡Vaya! Y sin embargo, la propaganda de Hans Rosling es incluso más absurda que la de Pinker.

Según él, la humanidad va cada vez mejor. ¿Por qué? Porque nuestra esperanza de vida aumenta. Como lo he señalado más arriba, la esperanza de vida de nuestros antepasados lejanos no estaba para nada mal, contrariamente a lo que sugiere la demonización del pasado sobre la que descansa la ideología dominante del progreso. Además, la esperanza de vida « en buena salud » tiende a estancarse o disminuir, de la misma manera, por cierto, que la esperanza de vida « a secas » en algunos países en los últimos años (en Francia y los Estados Unidos, por ejemplo). El aumento de la esperanza de vida es real, pero lejos está de ser tan importante como muchos creen. Y de todos modos, como Séneca lo señalaba en su tiempo: « Nadie se pregunta si vive bien, sino más bien si tendrá suficiente tiempo para vivir. Sin embargo, todo el mundo es dueño de vivir bien, nadie de vivir mucho tiempo. » Por eso: « Lo esencial es una buena (y no una larga) vida. »

Si la humanidad va cada vez mejor, según Hans Rosling, también se debe a que la escolarización aumenta. Obviamente, ante los ojos de aquellos que han sido formados por la institución escolar, el aumento de la escolarización es algo bueno. Detrás de esta creencia, encontramos una idea según la cual, antes de la invención de la escuela, la educación no existía: la humanidad erraba, de alguna manera, en la inconsciencia. Encontramos también una ignorancia o aceptación del hecho de que para los líderes estatales, « la meta principal en la creación de un cuerpo docente », siempre ha sido el « tener una forma de dirigir las opiniones políticas y morales », como lo escribía Napoleón Bonaparte, uno de los padres de la institución escolar, tal como existe hoy en Francia. En 1898, Elwood P. Cubberley, decano de la Escuela de enseñanza y educación de la Universidad de Stanford, declaraba que:

« Nuestras escuelas son, en cierto sentido, fábricas en las que las materias primas, los niños, deben transformarse en productos… Las características de fabricación cumplen con las exigencias de la civilización del siglo XX, y a la escuela le corresponde producir estudiantes de acuerdo a sus necesidades específicas. »

La escolarización es una de las herramientas principales gracias a la cual, la sociedad industrial se perpetúa y mediante la cual la élite fabrica los sujetos que necesita. Como dice el antropólogo de Yale, James C. Scott [6]:

« Una vez instaurado, el moderno estado-nación emprendió la tarea de homogeneizar su población y las prácticas tradicionales locales que se desviaban de la norma. En casi todas partes el estado pasó entonces a fabricar una nación: Francia se puso a crear franceses, Italia se puso a crear italianos, etc. »

Si la educación es un proceso inseparable e intrínseco a la existencia humana, la escolarización marca tan sólo el comienzo de un método perjudicial, industrial y antidemocrático de educación. Un método que ha permitido el advenimiento del desastre socio-ecológico que todos podemos constatar, y que permite su continuación.

Documental – Educando el mundo: La última carga del hombre blanco (Schooling the World: The White Man’s Last Burden)

Hans Rosling afirma igualmente que si la humanidad va cada vez mejor, es porque se extiende el acceso a la electricidad. Como lo hemos visto en el caso de los Tokelau, y como deberíamos entenderlo al observar nuestra época, el acceso a la electricidad es más un signo de la desaparición de culturas humanas autosuficientes y democráticas -o, al menos, de lo que quedaba de las prácticas democráticas- y de la integración de sus poblaciones a la sociedad industrial globalizada. La producción industrial de electricidad requiere una organización social demasiado compleja y demasiado extensa para ser democrática[7], e implica siempre numerosos daños y destrucciones hacia el mundo natural. Si el objetivo es lograr sociedades humanas verdaderamente democráticas, durables/sostenibles, respetuosas del mundo natural, la producción industrial de electricidad y el acceso a la electricidad no son de ninguna ayuda, al contrario. Esta creencia, según la cual, el acceso a la electricidad es sinónimo de mejora para la humanidad, se basa también en una percepción muy negativa de nuestro pasado. Como si la existencia humana, en los últimos cien mil años, hubiera sido dolorosa, desagradable, indeseable, hasta el comienzo de la producción industrial de electricidad, hace aproximadamente un siglo. Incluso hoy, algunas sociedades humanas que desean perpetuar su modo de vida tradicional, la subsistencia, luchan contra la industrialización de la existencia que se perfila detrás del acceso a la electricidad. Así, los Arhuacos de Colombia, como lo expresa Ati Quigua, una joven nativa de esta sociedad de las montañas de la Sierra Nevada: « Estamos luchando no para tener rutas o electricidad – esta visión de auto-destrucción llamada ‘desarrollo’ es lo que nosotros estamos tratando de evitar ».

Pero hay algo mejor aun. En su libro, Hans Rosling propone una lista de 16 indicadores que muestran que las cosas van cada vez mejor, entre las que encontramos (y no invento nada): el aumento de la « cantidad de nuevas películas hechas por año » ( ¡11,000 nuevas películas en 2016!); el aumento de la protección de la naturaleza (« la parte de la superficie terrestre protegida a través de parques y otras reservas »); el aumento en el « número de canciones nuevas grabadas por año » (¡6,210,002 en 2015!); el aumento en el « número de artículos científicos publicados por año » (¡2,550,000 en 2016!); el aumento de la producción agrícola gracias a la « cosecha de cereales en miles de kilogramos por hectárea » (¡4 en 2014!); la propagación de la democracia (la proporción de la humanidad que vive en democracia fue aparentemente del 1% en 1816 contra el 56% en 2015); el aumento del « número de especies monitoreadas » (¡con 87,967 especies monitoreadas en 2017!); el aumento del número de personas que poseen un teléfono móvil (¡0.0003% de la población en 1980 frente al 65% en 2017!); el aumento del número de personas que utilizan internet (0% en 1980 contra 48% en 2017); y por último, no por eso menos importante, el aumento del « número de guitarras por millón de habitantes » (¡11,000 en 2014!).

La ironía es, por supuesto, que muchos de estos indicadores, lejos de sugerir una mejora de la condición humana, muestran, por el contrario, su embrutecimiento, su servidumbre cada vez mayor al sistema tecnológico globalizado. Me sorprendió de hecho que no mencionara el aumento de la cantidad de McDonald’s, de la cantidad de zapatillas Nike vendidas por día, de las horas frente a las pantallas, de los televisores por hogar (o de los hogares por televisor, según se mire), del número de canales de televisión, etc. Por otro lado, el recurso al aumento del número de especies monitoreadas como un indicador de la mejora de la situación, llama la atención. ¡Alguien tenía que atreverse a pensar en ello! No decir nada sobre el exterminio cada vez más rápido y extendido de especies (eliminando a razón de 150 a 200 por día según las Naciones Unidas), pero sugerir que las cosas van cada vez mejor porque cada vez hay más especies monitoreadas, es algo sorprendente.

En Francia, tenemos, como en todas partes, nuestra ración de celadores del progreso. Uno de los que se encuentran más de moda en este momento, es el filósofo [sic] Michel Serres. Su libro — también muy apreciado por los medios de comunicación — C’était mieux avant ! (¡Antes era mejor!), vende las mismas estupideces que Pinker y Rosling.

Lo que dicen es simple : el confort y las facilidades que ofrece la sociedad industrial, habrían mejorado la existencia humana, haciéndola más deseable, más agradable. Nosotros decimos que se trata de una mentira grotesca que apunta simplemente a racionalizar el status quo (es necesario que, como esclavos que somos, estemos satisfechos de nuestro destino; se nos debe persuadir de que todo esto, al fin y al cabo, no es en vano, que también ganamos algo con ello).

En el plano ecológico, el hecho de que la civilización industrial sea fundamentalmente insostenible y destructiva, que precipite un biocidio planetario que inevitablemente conducirá a su propia autodestrucción, debería, por sí solo, ser un argumento suficiente. Podríamos ahogar al lector con estadísticas, producir gráficos impresionantes para cada una, pero contentémonos con recordar que la civilización está destruyendo todo. El aire, el agua, el clima, los bosques, los campos, los suelos, las especies vivas, todo.

En el plano social, su argumento se basa en las mistificaciones orwellianas habituales: viviríamos actualmente en una democracia, la violencia disminuiría, las comodidades tecnológicas mejorarían aparentemente la vida, y así sucesivamente (la guerra es la paz, la ignorancia es la fuerza…).

Desafortunadamente, no vivimos en una democracia[8]. Lo que B. Traven — el autor favorito de Einstein — escribió sobre la libertad, también es válido para la democracia (las dos están intrínsecamente vinculadas): « Cuando veo una gigantesca estatua de la libertad a la entrada del puerto de un gran país, no necesito que me expliquen qué hay detrás. Si unos se sienten obligados a gritar: ¡Somos un pueblo de hombres libres!, es únicamente para ocultar el hecho de que la libertad ya está arruinada o que ha sido tan recortada por cientos de miles de leyes, decretos, ordenanzas, directivas, reglamentos y bastonazos, que la única manera de reivindicarla es por medio de los gritos y vociferaciones, las fanfarrias y las diosas que la representan. »

La violencia no disminuye, por el contrario, simplemente toma formas menos espectaculares, pero continúa extendiéndose e invadiendo nuevas áreas de existencia dentro de la civilización industrial. En pocas palabras, hoy, todo lo que la constituye es el producto de una o más formas de violencia — basta con considerar los objetos que utilizamos todos los días para comprenderlo : todos son producidos en fábricas gracias a la explotación de otros seres humanos y con la ayuda de materiales arrancados al planeta de una forma u otra; la mayoría de estos objetos terminará siendo desechos y un perjuicio para el mundo natural, etc —.

Como decía Orwell, la tecnología no hace que la vida sea mejor:

« La finalidad última del progreso mecánico es avanzar hacia un mundo totalmente automatizado — es decir, tal vez, un mundo poblado de autómatas. […] Mecanicen el mundo a ultranza, y donde quiera que vayan, se toparán con una máquina que les impedirá cualquier posibilidad de trabajo, es decir, cualquier posibilidad de vida. […] El progreso mecánico, por lo tanto, tiende a dejar insatisfecha la necesidad de esfuerzo y creación presentes en el hombre. Vuelve inútil, si no imposible, la actividad del ojo y de la mano. […] la finalidad lógica del progreso mecánico es reducir al ser humano a una cosa con un cerebro encerrado en un frasco ».

Jaime Semprun (quien también fue uno de los traductores de Orwell) dice en su excelente libro El abismo se repuebla:

« Entre las cosas que la gente no quiere escuchar ni ver, incluso cuando son demasiado evidentes, hay estas dos: todos estos perfeccionamientos técnicos, que le han simplificado tanto sus vidas al punto de que casi no queda nada vivo de ellas, sirven para reparar algo que ya no es más una civilización; la barbarie surge (como de una fuente) de esta vida simplificada, mecanizada, sin espíritu […]. »

(Por razones de brevedad y porque ya lo he hecho en otros lugares[9], no me detendré aquí en los detalles de la catástrofe actual, pero me limitaré a destacar uno de los últimos logros del maravilloso progreso: Nosotros, seres humanos, a partir de ahora cagamos plástico[10]).

Dicho esto, si la perspectiva de los Pinker, los Gates, los Rosling, etc., es, en general, una mentira, es importante tener en cuenta que el pasado tampoco debe considerarse en bloque como un paraíso perdido. Antes de la consolidación de la civilización industrial globalizada, existieron todo tipo de sociedades, más o menos pobladas, más o menos autoritarias, más o menos democráticas, más o menos viables — hubo otras civilizaciones, igualmente insostenibles (destructoras del mundo natural), como todas las civilizaciones.

Pero el hecho es que las cosas no van « cada vez mejor », que la civilización industrial no hace que los humanos sean más libres o más felices. A menos que recurramos a una definición absurda de libertad y confundamos la felicidad con ese indicador de la alienación y de la industrialización de la vida que es el IDH. El hecho es que ha habido sociedades humanas felices y verdaderamente sostenibles, y no queda casi ninguna. El hecho es que la depresión y el abanico cada vez mayor de trastornos psicológicos, y todas las enfermedades llamadas « de civilización », ahora epidémicas, y toda forma de violencia e injusticia con respecto a las mujeres, a los no-blancos, a muchas minorías y a los humanos y no humanos en general, y la alienación que resulta de una ausencia de democracia, de una organización social autoritaria, son todas, éstas, características de la civilización industrial.

El progreso es una mentira que se vuelve más grotesca y más abyecta a cada segundo, a medida que los problemas sociales y ecológicos empeoran, como esta monocultura, que jamás ha tenido futuro.

Nicolas Casaux

Traducción : Pablo López

Revisión : Santiago Perales

PD: El último libro de Steven Pinker, Enlightenment Now (En defensa de la Ilustración: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso), dice, una vez más, « que nosotros, seres humanos, nunca nos hemos portado tan bien ». Y créase o no, en su portada encontramos una cita elogiosa de… nuestro querido Bill Gates, nuevamente, que dice ser su « nuevo libro favorito de todos los tiempos ». Idiotas.


Notas

  1. https://www.monde-diplomatique.fr/2015/07/PATOU_MATHIS/53204
  2. https://partage-le.com/2017/09/une-breve-contre-histoire-du-progres-et-de-ses-effets-sur-la-sante-de-letre-humain/
  3. https://partage-le.com/2016/03/les-chasseurs-cueilleurs-beneficiaient-de-vies-longues-et-saines-rewild/
  4. https://partage-le.com/2018/08/aux-origines-des-civilisations-une-fiction-au-service-de-lelite-par-ana-minski/
  5. https://www.youtube.com/watch?v=144xKbgv8iI & https://www.youtube.com/watch?v=gLr_FDfZc_8
  6. https://partage-le.com/2015/12/la-estandarizacion-del-mundo-el-enemigo-jurado-del-anarquista-james-c-scott/ 
  7. Cette question de la taille, cruciale, est entre autres discutée dans le livre Une question de taille d’Olivier Rey., https://partage-le.com/2018/12/la-tecnologia-un-caballo-de-troya-wolfgang-sachs/
  8. https://partage-le.com/2018/08/de-la-royaute-aux-democraties-modernes-un-continuum-antidemocratique-par-nicolas-casaux/
  9. Notamment ici : https://partage-le.com/2017/12/8414/ , https://partage-le.com/2019/02/somos-demasiado-pesimistas-o-son-incapaces-de-reconocer-el-horror-por-nicolas-casaux/
  10. https://www.lemonde.fr/pollution/article/2018/10/23/des-microplastiques-detectes-dans-les-excrements-humains_5373101_1652666.html
  11. https://partage-le.com/2015/02/1084/

Civilización Colonialismo El mito del progreso Estandardizacion Del Mundo Fabrica del concenso

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