Bruce E. Levine es especialista en psicología clínica, autor de varios artículos y libros. Para ir a la fuente original del artículo haz clic AQUÍ.

A tra­vés de la his­to­ria, las socie­dades han exis­ti­do con mucho menos repre­sión que la nues­tra. Mien­tras que esas socie­dades han teni­do mucho menos bienes de consu­mo y menos de lo que la moder­ni­dad lla­ma “efi­cien­cia”, tam­bién han teni­do mucho menos enfer­me­dades men­tales. Esta rea­li­dad ha sido enter­ra­da, lo que no sor­prende, por los cam­peones de la moder­ni­dad sin sen­ti­do crí­ti­co y por la psi­quia­tría domi­nante. La coer­ción – el uso de la fuer­za físi­ca, legal, quí­mi­ca, psi­coló­gi­ca, finan­cie­ra y otras fuer­zas para obte­ner obe­dien­cia – es intrín­se­ca a los mode­los paren­tales, esco­lares y labo­rales de nues­tra socie­dad. Sin embar­go, la coer­ción aca­ba en mie­do y resen­ti­mien­to, lo que ali­men­ta matri­mo­nios mise­rables, fami­lias infe­lices, y a lo que le lla­ma­mos enfer­me­dad men­tal.

Sociedad con poca coerción y pocas enfermedades mentales

Poco tiem­po des­pués de que regre­sa­ran de los hor­rores de la pri­me­ra Guer­ra Mun­dial y antes de que escri­bie­ra Muti­ny on the Boun­ty (1932), Harper’s maga­zine comi­sionó a Charles Nord­hoff y James Nor­man Hall con escri­bir artí­cu­los reales de viajes sobre la vida en el Pací­fi­co Sur. Sus reportes sobre las islas de Pau­mo­to, Socie­ty y el gru­po Her­vey fue­ron seria­dos en Harper’s maga­zine y lue­go publi­ca­dos en el libro Fae­ry Lands of the South Seas (1921). Nord­hoff y Hall se sor­pren­die­ron de cuan poca coer­ción había en las cultu­ras de esas islas com­pa­ra­da a la suya, y se mara­villa­ron del resul­ta­do de una crian­za no coer­ci­ti­va en los niños :

“Hay una fas­ci­na­ción de ver a estos joven­ci­tos, cria­dos sin ropa ni restric­ciones… Una vez des­te­ta­dos del seno mater­no – lo cual a menu­do no ocurre antes de que alcan­cen la edad de 2 o 3 años – a los niños de la isla se les deja prác­ti­ca­mente evo­lu­cio­nar solos ; hay comi­da en la casa, un lugar para dor­mir, y un retal de ves­ti­men­ta si el cli­ma está fres­co – a eso se extiende la res­pon­sa­bi­li­dad paren­tal. El niño come cuan­do le place, duerme cuan­do y donde decide, se divierte con no más recur­sos que los suyos. Conforme va cre­cien­do se espe­ra que haga cier­tas tareas fáciles – reco­lec­tar fru­ta, dar una mano en la pes­ca, lim­piar el ter­re­no alre­de­dor de la casa – pero la orden de tra­ba­jar es solo dada oca­sio­nal­mente y es oca­sio­nal­mente obe­de­ci­da. [No obs­tante] el joven­ci­to bron­cea­do crece con asom­bro­sa poca fric­ción – es de carác­ter tran­qui­lo, alegre, nun­ca se aburre y es rara­mente conflic­ti­vo.”

Para muchos indí­ge­nas, has­ta a lo que la mayoría de los esta­dou­ni­denses le lla­man demo­cra­cia es pro­blemá­ti­ca­mente coer­ci­ti­va, pues ter­mi­na con una minoría sin­tién­dose resen­ti­da. Roland Chris­john, un miem­bro de la tri­bu Iro­qués y autor de The Circle Game, des­ta­ca que en lo que concierne a su gente, pasar el tiem­po que sea nece­sa­rio para lograr el consen­so a fin de evi­tar dicho resen­ti­mien­to es consi­de­ra­do como valio­so. Para los están­dares de la civi­li­za­ción Occi­den­tal, esto es alta­mente inefi­ciente.

“¡Lograr el consen­so podría lle­var una eter­ni­dad!” exclamó un asis­tente a una plá­ti­ca de Chris­john. Chris­john respon­dió, “Qué otra cosa es más impor­tante que esto?”

Hay muchos informes sobre la ausen­cia de enfer­me­dades men­tales den­tro de las socie­dades indí­ge­nas, un míni­mo de coer­ción, y la concien­cia de la que la coer­ción crea resen­ti­mien­to que frac­tu­ra las rela­ciones. El libro de 1916 The Ins­ti­tu­tio­nal Care of the Insane of the Uni­ted States and Cana­da repor­ta ;

“Dr. Lil­ly­bridge de Vir­gi­nia, quien fue contra­ta­do por el gobier­no para super­vi­sar el tras­la­do de los Indios Che­ro­kees en 1827 – 1889, y quien vió a más de 20 000 indios e inves­tigó mucho sobre sus enfer­me­dades, nos infor­ma que nun­ca vió o escu­chó un caso de demen­cia entre ellos.”

El psi­quia­tra E. Ful­ler Tor­rey, en su libro de 1980 Schi­zo­phre­nia and Civi­li­za­tion, afir­ma ;

“la esqui­zo­fre­nia parece ser una enfer­me­dad de la civi­li­za­ción.”

En 1973, Tor­rey condu­jo una inves­ti­ga­ción en Nue­va Gui­nea, a la cual el llamó ;

“un país inusual­mente bue­no para lle­var a cabo una inves­ti­ga­ción epi­de­mioló­gi­ca dado que has­ta los cen­sos de los pue­blos más remo­tos son remar­ca­ble­mente bue­nos.”

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Los Koro­wai habi­tan las tier­ras bajas al sur de la mon­taña de Jaya­wi­jaya, Papúa Nue­va Gui­nea , cru­za­das por nume­ro­sos ríos que for­man man­glares, hume­dales y pan­ta­nos. Tal era su gra­do de ais­la­mien­to, que has­ta prin­ci­pios de los años 70 creían que eran los úni­cos seres huma­nos que habi­ta­ban la Tier­ra. Es un pue­blo caza­dor-reco­lec­tor que construye sus casas en los árboles.

Exa­mi­nan­do esos cen­sos, encon­tró que ;

“había has­ta una vein­te­na de dife­ren­cia en pre­va­len­cia de la esqui­zo­fre­nia entre dis­tri­tos ; los de más alta pre­va­len­cia fue­ron en gene­ral los que están en mayor contac­to con la civi­li­za­ción Occi­den­tal.”

Ana­li­zan­do otra inves­ti­ga­ción, Tor­rey concluyó :

“Entre 1828 y 1960, casi todos los obser­va­dores que inves­ti­ga­ron la psi­co­sis y la esqui­zo­fre­nia en áreas del mun­do donde no hay desar­rol­lo tec­noló­gi­co estu­vie­ron de acuer­do en que no era inusual…. La carac­terís­ti­ca prin­ci­pal…. Es el consen­so gene­ral de que la demen­cia (en los pri­me­ros estu­dios) y esqui­zo­fre­nia (en estu­dios pos­te­riores) eran com­pa­ra­ti­va­mente poco comunes antes del contac­to con la civi­li­za­ción Euro-Ame­ri­ca­na… Pero por 1950 algo inter­esante suce­dió… se vol­vió habi­tual en la lite­ra­tu­ra psi­quiá­tri­ca de que la esqui­zo­fre­nia ocurre más o menos con la mis­ma pre­va­len­cia en todas las cultu­ras y de que no es una enfer­me­dad de la civi­li­za­ción.”

A pesar de sus hal­laz­gos, Tor­rey es un defen­sor de la idea de que las enfer­me­dades men­tales seve­ras son cau­sa­das por fac­tores bioló­gi­cos y no por fac­tores sociales, y es res­pon­sable de ayu­dar a la crea­ción de la Alian­za Nacio­nal para los Enfer­mos Men­tales (NAMI en inglés) como fuer­za polí­ti­ca. ¿Cómo logra Tor­rey cua­drar sus ideas entre que las enfer­me­dades men­tales son cau­sa­das por fac­tores bioló­gi­cos y su pro­pia inves­ti­ga­ción mos­tran­do que las enfer­me­dades men­tales seve­ras están alta­mente aso­cia­das con la civi­li­za­ción Euro-Ame­ri­ca­na ? Para Tor­rey ;

“los virus en par­ti­cu­lar serian los posibles agentes sos­pe­cho­sos.”

Los supues­tos agentes bio­quí­mi­cos virales de Tor­rey nun­ca han sido encon­tra­dos. Entonces ¿por­qué no han consi­de­ra­do los efec­tos tóxi­cos de la coer­ción ? Tor­rey es un gran defen­sor de los tra­ta­mien­tos coer­ci­ti­vos, que incluyen medi­ca­ción for­za­da. Quizás su cegue­ra hacia los efec­tos adver­sos de la coer­ción lo lle­va – aun des­pués de des­cu­brir la fuerte rela­ción entre la civi­li­za­ción Euro-Ame­ri­ca­na y las enfer­me­dades men­tales seve­ras – a pro­cla­mar que las enfer­me­dades men­tales no podían ser cau­sa­das por fac­tores sociales.

Mien­tras que Tor­rey inves­ti­ga­ba los cen­sos en Nue­va Gui­nea, Jared Dia­mond ha efec­ti­va­mente tra­ba­ja­do con la gente de Nue­va Gui­nea por cer­ca de medio siglo, pasan­do lar­gos per­io­dos de tiem­po con dife­rentes gru­pos, inclui­das tri­bus de caza­dores – reco­lec­tores en Nue­va Gui­nea (y otras socie­dades pequeñas) cuyas crian­zas crean abun­dan­cia de apoyo y un míni­mo de coer­ción.

Dia­mond, en From the World Until Yes­ter­day (2012), repor­ta cómo la crian­za libre :

“no es inusual en los están­dares de socie­dades de caza­dores-reco­lec­tores del mun­do, muchas de las cuales consi­de­ran que los niños son indi­vi­duos autó­no­mos cuyos deseos no deberían de ser frus­tra­dos.”

Dia­mond concluye que nues­tra socie­dad en su inten­to de contro­lar a los niños por lo que cree­mos que es por su pro­pio bien, desa­len­ta­mos jus­ta­mente los ras­gos que admi­ra­mos :

“Otros occi­den­tales y yo esta­mos impac­ta­dos por la segu­ri­dad emo­cio­nal, confian­za en sí mis­mos, curio­si­dad y auto­nomía de los miem­bros de pequeñas socie­dades, no solo como adul­tos sino ya desde tem­pra­na edad. Vemos que la gente en pequeñas socie­dades pasan mucho más tiem­po hablán­dose entre ellos que noso­tros, y no pasan para nada tiem­po en entre­te­ni­mien­to pasi­vo sumi­nis­tra­do por extra­ños, como la tele­vi­sión, jue­gos de video y libros. Esta­mos impac­ta­dos por el pre­coz desar­rol­lo de apti­tudes sociales de estos niños. Estas cua­li­dades que la mayoría de noso­tros admi­ra­mos, y que nos gus­taría que nues­tros hijos tuvie­ran, pero las desa­len­ta­mos com­parán­do­los entre ellos con cali­fi­ca­ciones y gra­dos y constan­te­mente dicién­doles lo que tie­nen que hacer.”

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Jared Dia­mond en Nue­va Gui­nea en los 80’s. « Vir­tual­mente hemos aban­do­na­do la vida de las socie­dades tra­di­cio­nales, este era el úni­co esti­lo de vida en que vivían los huma­nos durante sus pri­me­ros 6 mil­lones de años en el pla­ne­ta. Aban­donán­do­lo al paso de los últi­mos miles de años, no solo per­di­mos nues­tra vul­ne­ra­bi­li­dad para con las enfer­me­dades… sino que tam­bién per­di­mos bue­nas for­mas de educar/criar, velar por los ancia­nos, evi­tar la dia­betes y las enfer­me­dades del corazón y com­pren­der los peli­gros reales del día a día ». (cf. Jared Dia­mond : what we can learn from tri­bal life)

Efectos emocionales y en la conducta de la coerción

En un tiem­po, cuan­do los doc­tores real­mente escu­cha­ban lar­ga­mente a sus pacientes sobre sus vidas, era obvio para muchos de ellos de que la coer­ción tenía mucho que ver en su des­ven­tu­ra. Pero la mayoría de los médi­cos, inclui­dos los psi­quia­tras, han deja­do de inda­gar en la vida de los pacientes. En 2011, el per­ió­di­co The New York Times reportó,

“Una inves­ti­ga­ción guber­na­men­tal del 2005 puso en evi­den­cia que solo el 11% de los psi­quia­tras dan tera­pia conver­sa­cio­nal a todos sus pacientes.”

El artí­cu­lo señaló que los psi­quia­tras pue­den hacer mucho más dine­ro sobre todo con la “admi­nis­tra­ción de medi­ca­men­tos,” para lo que sola­mente che­can sín­to­mas y ajus­tan medi­ca­men­tos.

Desde los 1980s, la psi­quia­tría bio­quí­mi­ca en conglo­me­ra­do con la indus­tria far­ma­céu­ti­ca ha lle­ga­do a domi­nar la psi­quia­tría, y han sepul­ta­do exi­to­sa­mente ver­dades sobre la coer­ción que fue­ron algu­na vez obvios para los pro­fe­sio­nales que en efec­to escu­cha­ban amplia­mente a sus pacientes – obvio, por ejem­plo, Sig­mund Freud (Males­tar en la Civi­li­za­ción, 1929) y R. D. Laing (La Polí­ti­ca de la Expe­rien­cia, 1967). Esto no es con el fin de decir que el psi­coaná­li­sis de Freud y el enfoque exis­ten­cia­lis­ta de Laing siempre hayan sido tera­péu­ti­cos. De cual­quier modo, los doc­tores que solo se cen­tran en los sín­to­mas y pres­cri­ben medi­ca­men­to estarán pasan­do por alto la obvia rea­li­dad de cómo la varie­dad de coer­ciones sociales puede resul­tar en una cas­ca­da de coer­ciones fami­liares, resen­ti­mien­tos y pro­ble­mas emo­cio­nales y conduc­tuales.

El mun­do moder­no está reple­to de coer­ciones ins­ti­tu­cio­nales no pre­sentes en la mayoría de las cultu­ras indí­ge­nas. Esto es espe­cial­mente cier­to en la escue­la y el empleo, donde la mayoría de los ame­ri­ca­nos, según estu­dios recientes, se sien­ten alie­na­dos, des­co­nec­ta­dos y abur­ri­dos. Como lo dije en Julio, un estu­dio lle­va­do a cabo por Gal­lup emi­ti­do en Ene­ro del 2013 informó que mien­tras más tiem­po pasen los niños en la escue­la, menos se inter­esan, y lle­ga­dos a la edu­ca­ción media super­ior, solo el 40% dice sen­tirse inter­esa­do. Los crí­ti­cos de la esco­la­ri­za­ción desde Hen­ry David Tho­reau o Paul Good­man pasan­do por John Holt y John Tay­lor Gat­to enten­die­ron que la esco­la­ri­dad coer­ci­ti­va y sin inter­és es nece­sa­ria para ase­gu­rarse que los jóvenes estén más dis­pues­tos a acep­tar empleos coer­ci­ti­vos y sin inter­és. Como lo infor­mé en el mis­mo artí­cu­lo, un estu­dio lle­va­do a cabo por Gal­lup en 2014 reveló que 70% de los ame­ri­ca­nos odian sus tra­ba­jos o los han deja­do.

Empleos indi­fe­rentes así como la escue­la requie­ren todo tipo de coer­ción para la par­ti­ci­pa­ción, y los seres huma­nos pagan un pre­cio psi­coló­gi­co por esto. En casi tres déca­das de prác­ti­ca clí­ni­ca, he des­cu­bier­to que la coer­ción es a menu­do la cau­sa del sufri­mien­to.

He aquí una situa­ción a la que me he confron­ta­do cien­tos de veces. Un niño o ado­les­cente inte­li­gente no ha sali­do muy bien en la escue­la clá­si­ca, y ha empe­za­do a tener pro­ble­mas emo­cio­nales y de com­por­ta­mien­to. El chi­co a menu­do se siente obli­ga­do en la escue­la a pres­tar aten­ción a algo abur­ri­do, a hacer tarea que no tiene valor visible, y de per­ma­ne­cer den­tro de un edi­fi­cio que se siente esté­ril y sofo­cante. En fun­ción del tem­pe­ra­men­to del chi­co, esta coer­ción trae dife­rentes resul­ta­dos – nin­gu­no de ellos bue­no.

Algu­nos de estos chi­cos se vuel­ven depre­si­vos o ansio­sos. Se preo­cu­pan de que su fal­ta de aten­ción e inter­és les acar­ree graves conse­cuen­cias a sus vidas. Creen en las adver­ten­cias de las auto­ri­dades de que si no se desem­peñan bien en la escue­la, aca­barán pre­pa­ran­do ham­bur­gue­sas por el res­to de sus vidas. Medi­car con anti­de­pre­si­vos y otros medi­ca­men­tos psi­quiá­tri­cos a estos chi­cos ansio­sos y depri­mi­dos es cada vez más ruti­na­rio para los médi­cos.

« Niñez »

Otros chi­cos dis­traí­dos ni se preo­cu­pan. No toman en serio ni su esco­la­ri­dad ni las adver­ten­cias de las auto­ri­dades, y se sien­ten con el dere­cho de resis­tir a la coer­ción. Su rebeldía es ruti­na­ria­mente eti­que­ta­da por los pro­fe­sio­nales de la salud men­tal como “simu­la­da”, y son diag­nos­ti­ca­dos con Tras­tor­no de Opo­si­ción Desa­fiante o desor­den de com­por­ta­mien­to. Sus padres a menu­do inten­tan pro­pi­nar cas­ti­gos para que­brar la resis­ten­cia de estos chi­cos, lo que rara­mente fun­cio­na. Los padres se frus­tran y toman ren­cor porque su hijo les está cau­san­do estrés. El chi­co siente la frus­tra­ción paren­tal y el resen­ti­mien­to hacia él, y a menu­do lo inter­pre­ta como que no lo aman. Así que estos chi­cos dejan de que­rer a sus padres, dejan de inter­esarse en los sen­ti­mien­tos de sus padres, y bus­can com­pañe­ros que pien­san que sí los quie­ren, aún si estos com­pañe­ros lle­van a cabo com­por­ta­mien­tos cri­mi­nales.

En todas las socie­dades, hay coer­ciones para com­por­tarse en una dada cultu­ra acep­ta­da por todos. Por ejem­plo, en muchas cultu­ras indí­ge­nas, hay pre­sión por parte de los com­pañe­ros para que se sea valiente y hones­to. No obs­tante, en el mun­do moder­no, tene­mos coer­ciones ins­ti­tu­cio­nales que nos obli­gan a com­por­tar­nos de mane­ras que no respe­ta­mos ni valo­ra­mos. Los padres, teme­ro­sos de que sus hijos no ten­gan los sufi­cientes diplo­mas para tener un tra­ba­jo, obli­gan ruti­na­ria­mente a sus hijos a aca­tar la escue­la coer­ci­ti­va que ni a ellos de padres les gus­ta­ba cuan­do eran pequeños. Y a pesar de que el 70% de noso­tros odia o está desin­te­re­sa­do en lo que hace, esta­mos obli­ga­dos por el mie­do a la pobre­za y al desam­pa­ro a bus­car y man­te­ner nues­tro empleo.

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« Inú­til, malo, per­ezo­so, tonto/torpe »

En nues­tra socie­dad, nos enseñan que acep­tar la coer­ción ins­ti­tu­cio­nal es vital para nues­tra super­vi­ven­cia. Des­cu­bri­mos una varie­dad de mane­ras – incluyen­do alco­hol y dro­gas – para negar el resen­ti­mien­to. Gas­ta­mos bas­tante energía negan­do los efec­tos letales de la coer­ción en nues­tras rela­ciones. Y, contra­ria­mente a muchas cultu­ras indí­ge­nas, gas­ta­mos poca energía en crear una socie­dad con una míni­ma can­ti­dad de coer­ción.

Al acep­tar la coer­ción como un hecho de la vida, nos damos pocas restric­ciones para ser coer­ci­ti­vos con los demás cuan­do la opor­tu­ni­dad se nos es dada. Esta opor­tu­ni­dad se puede pre­sen­tar cuan­do nos encon­tra­mos en posi­ción de super­io­ri­dad en rela­ción con otros en un empleo jerár­qui­co y se siente la segu­ri­dad del poder, o des­pués de que hemos sedu­ci­do a nues­tra pare­ja sien­do lo menos coer­ci­ti­vo posible y sen­ti­mos la segu­ri­dad del matri­mo­nio. El matri­mo­nio y otro tipo de rela­ciones decli­na cuan­do una per­so­na se convierte en un manía­co coer­ci­ti­vo y contro­la­dor ; la otra per­so­na se lle­na rápi­da­mente de resen­ti­mien­to, quien a su vez usa medi­das contra-coer­ci­ti­vas.

Se puede for­zar con inti­mi­da­ción físi­ca, con crí­ti­ca constante y con una amplia varie­dad de mane­ras. Dichas pre­siones resul­tan en resen­ti­mien­to, el cual es un vene­no que des­truye rela­ciones y crea pro­ble­mas emo­cio­nales seve­ros. The Inter­ac­tio­nal Nature of Depres­sion (1999), edi­ta­da por los psicó­lo­gos Tho­mas Joi­ner y James Coyne, docu­men­ta con cien­tos de estu­dios la natu­ra­le­za inter­per­so­nal de la depre­sión. En un estu­dio sobre las mujeres infe­liz­mente casa­das que fue­ron diag­nos­ti­ca­das con depre­sión, 60% de ellas afir­ma­ban que sus matri­mo­nios infe­lices eran la cau­sa prin­ci­pal de su depre­sión. En otro estu­dio, el mejor y úni­co pro­nos­ti­ca­dor en la recaí­da en la depre­sión fue hal­la­do en la respues­ta a un solo ele­men­to :

“Qué tan crí­ti­co es tu cónyuge conti­go?”

En los años seten­ta, pre­vio a la domi­na­ción de la alian­za biop­si­quia­tria – indus­tria far­ma­céu­ti­ca (Big Phar­ma), muchos pro­fe­sio­nales de la salud men­tal toma­ban seria­mente el impac­to de la coer­ción y las rela­ciones ren­co­ro­sas en la salud men­tal. Y en un cli­ma cultu­ral más favo­rable que en el nues­tro para la crí­ti­ca reflexi­va de la socie­dad, autores como Erich Fromm [NdE ; « El mie­do a la liber­tad », « El arte de amar », dos de sus libros elo­cuentes del tema aquí tra­ta­do], quien abordó la rela­ción entre la socie­dad y la salud men­tal, eran toma­dos en serio has­ta en la cultu­ra popu­lar.

Entonces llegó el tiem­po en el que la psi­quia­tría se metió en la cama con la gran indus­tria far­ma­céu­ti­ca y su gran dine­ro. Su cola­bo­ra­ción ha ayu­da­do a enter­rar la rea­li­dad de que en una socie­dad coer­ci­ti­va se crea mucho mie­do y ren­cor, lo cual resul­ta en matri­mo­nios mise­rables, fami­lias infe­lices y seve­ros pro­ble­mas emo­cio­nales y de conduc­ta.

Bruce E. Levine

 

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Tra­duc­ción : Danie­la Per­ales Meraz.

Edi­ción : San­tia­go Per­ales Meraz.

Comments to: Mientras más se reprime a la gente de una sociedad, más probabilidad hay de que se sufran enfermedades mentales (Por Bruce E. Levine)

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