Extrac­to del libro « Arqueo­logía de la idea de desar­rol­lo » de Wolf­gang Sachs y Gus­ta­vo Ste­va.


Lo que hay detrás de una licuadora

A los artis­tas comer­ciales les agra­da espe­cial­mente repre­sen­tar a las tec­no­logías moder­nas como here­de­ras vic­to­rio­sas de las téc­ni­cas pri­mi­ti­vas. Se pin­ta al tam­bor de la sel­va como el pre­cur­sor del cor­reo com­pu­ta­ri­za­do inter­con­ti­nen­tal, la bús­que­da de plan­tas medi­ci­nales se com­pa­ra con la sín­te­sis de anti­bió­ti­cos, y pren­der fue­go con un peder­nal se reve­la como una for­ma sub­de­sar­rol­la­da de la fisión nuclear. Difí­cil­mente otra fic­ción ha contri­bui­do más a escon­der la ver­da­de­ra natu­ra­le­za de la civi­li­za­ción téc­ni­ca, que ve en la tec­no­logía moder­na nada más que una simple her­ra­mien­ta, aunque sea par­ti­cu­lar­mente avan­za­da.

Tome­mos el ejem­plo de una licua­do­ra : giran­do y vibran­do lige­ra­mente hace jugo una fru­ta sóli­da en un par­pa­deo. ¡Una her­ra­mien­ta mara­villo­sa ! Así lo parece, pero una rápi­da mira­da al cable y al enchufe reve­la que lo que tene­mos ante noso­tros es más bien la ter­mi­nal domés­ti­ca de un sis­te­ma nacio­nal o inclu­so mun­dial : la elec­tri­ci­dad lle­ga a tra­vés de una red de cables y líneas, ali­men­ta­das por plan­tas gene­ra­do­ras que depen­den de la pre­sión del agua, de duc­tos o de tanques de alma­ce­na­mien­to, los que a su vez requiere de pre­sas, pla­ta­for­mas cos­te­ras o torres de per­fo­ra­ción en leja­nos desier­tos. Y toda esta cade­na sólo garan­ti­za un ade­cua­do y pun­tual sumi­nis­tro si cada una de sus partes es mane­ja­da por ejér­ci­tos de inge­nie­ros, pla­ni­fi­ca­dores y exper­tos finan­cie­ros, quienes, por su parte, echan mano de admi­nis­tra­ciones, uni­ver­si­dades e indus­trias com­ple­tas, en oca­siones has­ta la mili­tar. Al igual que un vehí­cu­lo, una pas­tilla, una com­pu­ta­do­ra o una tele­vi­sión, la licua­do­ra depende de la exis­ten­cia de sis­te­mas de orga­ni­za­ción y pro­duc­ción dis­per­sos e inter­co­nec­ta­dos. Quien oprime un inter­rup­tor no está usan­do una her­ra­mien­ta, está enchufán­dose a una com­bi­na­ción de sis­te­mas. Entre el uso de téc­ni­cas sen­cil­las y el de moder­nos equi­pos se encuen­tra la reor­ga­ni­za­ción de toda la socie­dad.

[Nota : Lo que Wolf­gang Sachs subraya aquí, consti­tuye una de las razones por las que las tec­no­logías com­ple­jas, o sea las high-tech (que incluyen por ejem­plo, los paneles solares foto­vol­tai­cos, las eóli­cas de Ener­con, y todas las tec­no­logías dichas « verdes » al igual que todos los apa­ra­tos que hacen fun­cio­nar) son tec­no­logías inhe­ren­te­mente anti­de­mo­crá­ti­cas (o auto­ri­ta­rias, reto­man­do la expre­sión de Lewis Mum­ford). Su concep­ción, pro­duc­ción, dis­tri­bu­ción, en fin, su exis­ten­cia, depen­den de gigan­tes­cos sis­te­mas socio­tec­ni­cos glo­ba­li­za­dos (o sea, de la civi­li­za­cion indus­trial pla­ne­ta­ria) que no pue­den, ni podrán ser, de modo algu­no, contro­la­dos de mane­ra real­mente demo­crá­ti­ca (o sea, según los prin­ci­pios de la demo­cra­cia direc­ta).]

No impor­ta qué tan inocentes parez­can, los pro­duc­tos del mun­do moder­no sólo fun­cio­nan en tan­to grandes sec­tores de la socie­dad se com­por­tan de acuer­do con el plan. Esto incluye la supre­sión, tan­to de la volun­tad como de la opor­tu­ni­dad indi­vi­duales, además de la de raros rema­nentes de espon­ta­nei­dad. Des­pués de todo, la licua­do­ra no revo­lu­cio­naría nada si no fue­ra segu­ro que, en la cade­na com­ple­ta del sis­te­ma, todo pasa en el momen­to y lugar cor­rec­tos y es de cali­dad ade­cua­da. La coor­di­na­ción, la pro­gra­ma­ción, la capa­ci­ta­ción y la dis­ci­pli­na no úni­ca­mente la energía son el elíxir de vida para estos apa­ra­tos exce­si­va­mente com­pla­cientes. Parece que son útiles y ahor­ran tra­ba­jo, pero exi­gen el desem­peño pre­de­cible de mucha gente en lugares dis­tantes. Las her­ra­mien­tas sólo fun­cio­nan en tan­to la pro­pia gente se convierte en her­ra­mien­ta.

Pero, a menu­do, las cosas no suce­den de este modo, espe­cial­mente en los países sub­de­sar­rol­la­dos. Gran can­ti­dad de equi­po sin usar, maqui­na­rias enmo­he­ci­das y fábri­cas que ope­ran a la mitad de su capa­ci­dad son tes­ti­gos elo­cuentes de esta situa­ción. El « desar­rol­lo téc­ni­co » de un país nece­si­ta poner en mar­cha una mul­ti­tud de reque­ri­mien­tos que deben ser satis­fe­chos para ins­ta­lar sis­te­mas inter­co­nec­ta­dos en fun­cio­na­mien­to. Esto impli­ca, gene­ral­mente, el des­mem­bra­mien­to gra­dual de la socie­dad tra­di­cio­nal, con obje­to de reor­ga­ni­zar­la de acuer­do con reque­ri­mien­tos fun­cio­nales. Nin­gu­na socie­dad puede seguir sien­do la mis­ma. No hay licua­do­ra sin remo­de­lar total­mente la socie­dad. En vis­ta de esta tarea, no es sor­pren­dente que, desde prin­ci­pios de los años 60, el debate del desar­rol­lo haya repe­ti­do sin cesar : « pla­nea­ción inte­gral en vez de solu­ciones gra­duales ».

Es toda una visión del mundo

Cual­quier inven­to téc­ni­co es mucho más que una ayu­da. Es cultu­ral­mente potente. Los abru­ma­dores efec­tos de su poder no sólo disuel­ven la resis­ten­cia físi­ca sino tam­bién las acti­tudes ante la vida. La tec­no­logía confor­ma sen­ti­mien­tos y mol­dea visiones del mun­do. Las huel­las que deja en la mente son pro­ba­ble­mente más difí­ciles de bor­rar que las que deja en el pai­saje.

¿Quién no ha expe­ri­men­ta­do la emo­ción de la velo­ci­dad al volante de un automó­vil ? Un lige­ro movi­mien­to del pie es sufi­ciente para libe­rar poderes que exce­den en mucho a los del conduc­tor. Esta incon­gruen­cia entre un pequeño esfuer­zo y su pode­ro­so efec­to, típi­ca de la tec­no­logía moder­na, da lugar a los rego­ci­jantes sen­ti­mien­tos de poder y liber­tad que acom­pañan el triun­fal avance de la tec­no­logía. Ya sea un vehí­cu­lo o un avión, un telé­fo­no o una com­pu­ta­do­ra, el poder especí­fi­co de la tec­no­logía moder­na se encuen­tra en su habi­li­dad para sal­var las limi­ta­ciones que nos impo­nen nues­tros cuer­pos, el espa­cio y el tiem­po, y eli­mi­nar el can­san­cio, la dis­tan­cia, la dura­ción y la depen­den­cia social.

Hay en esto algo más que la confor­ma­ción de sen­ti­mien­tos. Algo nue­vo se vuelve real : pro­ba­ble­mente no es exa­ge­ra­do decir que pro­fun­das estruc­tu­ras de la per­cep­ción están cam­bian­do con la inva­sión masi­va de tec­no­logías. Unas cuan­tas pala­bras clave pue­den ser sufi­cientes : la natu­ra­le­za es vis­ta en tér­mi­nos mecá­ni­cos, el espa­cio es conce­bi­do como si fue­ra geo­mé­tri­ca­mente homo­gé­neo y el tiem­po como si fue­ra lineal. En pocas pala­bras, los seres huma­nos ya no son lo que eran y se sien­ten cada vez más inca­paces de tra­tar a las tec­no­logías como her­ra­mien­tas, esto es, de domi­nar­las.

Mediante la trans­fe­ren­cia de tec­no­logía, varias gene­ra­ciones de estra­te­gas del desar­rol­lo han tra­ba­ja­do ardua­mente para conse­guir que los países del Sur avan­cen, con resul­ta­dos irre­gu­lares en lo econó­mi­co, pero con sona­do éxi­to total­mente invo­lun­ta­rio en lo cultu­ral. El dilu­vio de máqui­nas der­ra­ma­do sobre muchas regiones del Sur puede haber sido bene­fi­cio­so o no, pero lo cier­to es que ha des­pla­za­do los ideales y las aspi­ra­ciones tra­di­cio­nales de la gente. Su lugar ha sido toma­do por un mun­do de concep­ciones, aco­mo­da­das emo­cio­nal y cognos­ci­ti­va­mente en las coor­de­na­das de la civi­li­za­ción tec­noló­gi­ca, no sólo para el limi­ta­do núme­ro de sus bene­fi­cia­rios, sino tam­bién para el mucho mayor núme­ro de los que ven sus jue­gos piro­téc­ni­cos desde el mar­gen.

Magia, ilusión óptica

Como todo mun­do sabe, la magia consiste en conse­guir efec­tos extra­or­di­na­rios mediante la mani­pu­la­ción de poderes que no son de este mun­do. Cau­sa y efec­to per­te­ne­cen a dos esfe­ras dife­rentes. En la magia, la esfe­ra de lo visible se funde con la esfe­ra de lo invi­sible.

Quien pisa el ace­le­ra­dor o tira de una palan­ca domi­na un mun­do remo­to e invi­sible con el fin de pre­ci­pi­tar un acon­te­ci­mien­to en el mun­do coti­dia­no inme­dia­to y visible. De pron­to, están a la dis­po­si­ción poderes y velo­ci­dades increíbles, cuyas cau­sas efec­ti­vas están ocul­tas más allá del hori­zonte de la expe­rien­cia direc­ta. Por así decir­lo, los jue­gos piro­téc­ni­cos ocur­ren en el esce­na­rio, mien­tras la gigan­tes­ca maqui­na­ria que los hace posibles tra­ba­ja tras bam­ba­li­nas, fue­ra de nues­tra vis­ta. En esa sepa­ra­ción de cau­sa y efec­to, en esta invi­si­bi­li­dad de los sis­te­mas que pene­tra en la socie­dad y pro­duce mila­gros téc­ni­cos, se encuen­tra la razón de la magia de la tec­no­logía, que man­tiene hechi­za­da a tan­ta gente, espe­cial­mente en el Ter­cer Mun­do. El poder de la velo­ci­dad del automó­vil exci­ta al conduc­tor pre­ci­sa­mente porque sus pre­re­qui­si­tos (oleo­duc­tos, calles, líneas de ensam­bla­do, etc.) así como sus conse­cuen­cias rui­do, conta­mi­na­ción, efec­to inver­na­de­ro, etc. Que­dan más allá de lo que puede ver por el para­bri­sas. El encan­to de todo esto está basa­do en una enorme trans­fe­ren­cia de su cos­to : el tiem­po, el esfuer­zo y el mane­jo de las conse­cuen­cias son des­via­das hacia los sis­te­mas que fun­cio­nan en las bam­ba­li­nas de la socie­dad. El atrac­ti­vo de la civi­li­za­ción téc­ni­ca depende a menu­do de una ilu­sión ópti­ca.

Cua­ren­ta años de desar­rol­lo han crea­do una situa­ción paradó­ji­ca : actual­mente las mági­cas « her­ra­mien­tas del pro­gre­so » domi­nan la ima­gi­na­ción en muchos países, pero la construc­ción de los sis­te­mas que las sos­tie­nen se ha empan­ta­na­do y en rea­li­dad, puede que no se ter­mi­nen nun­ca, a juz­gar por la mer­ma de recur­sos y la cri­sis ambien­tal. Es esta bre­cha entre el ideal recién adqui­ri­do y la rea­li­dad que se que­da atrás, la que mol­deará el futu­ro de los países en desar­rol­lo. No hubo mane­ra de meter nue­va­mente a los grie­gos en su cabal­lo de made­ra des­pués de que habían apa­re­ci­do en el corazón de Troya.

 


Fuente : Revis­ta Envío

Edi­ción : San­tia­go P.

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