Traducción de un articulo originalmente publicado en ingles en el sitio británico del The Guardian, el 27 de febrero del 2013.

De las mon­tañas de dese­chos elec­tró­ni­cos a los conflic­tos rela­cio­na­dos con los mine­rales, la tec­no­logía digi­tal tiene una pode­ro­so impac­to social y medioam­bien­tal — ¿Los medios de comu­ni­ca­ción podrían ser los ver­da­de­ros ene­mi­gos de la sus­ten­ta­bi­li­dad ?

El lega­do de los vie­jos apa­ra­tos : obre­ros emi­grantes des­mon­tan orde­na­dores dese­cha­dos, que fue­ron aban­do­na­dos en la calle en Guiyu, Chi­na. Foto­grafía : Jim Puckett/AP

Noso­tros nece­si­ta­mos de metá­fo­ras para poder ima­gi­nar una concep­ción y una regu­la­ción más ecoló­gi­ca de las tec­no­logías numé­ri­cas.

Las metá­fo­ras exis­tentes son lige­ras, banales – y engaño­sas : nos conec­ta­mos « vir­tual­mente » ; pedi­mos « ser ami­gos » de extra­n­je­ros ; com­pu­ta­mos en una « cloud »  (« nube ») ; hace­mos lla­ma­das con « móviles » ; mira­mos pro­gra­mas y pelí­cu­las en « strea­ming », y « twi­tea­mos » men­sajes por vía de unas « torres/granjas de ser­vi­dores ».

Tales figu­ras de dis­cur­so nos han insi­dio­sa­mente empu­ja­do a creer que la nue­va eco­nomía, tan pre­go­na­da durante una déca­da y media – es un mun­do lim­pio « post-chi­me­nea », muy ale­ja­do de la revo­lu­ción indus­trial que creó el « País Negro » de los Mid­lands Occi­den­tales con sus gor­ros de paño.

La nue­va eco­nomía es el motor de un nue­vo siglo evo­lu­cio­nan­do rápi­da­mente y confian­do en su capa­ci­dad de inter­rum­pir y reor­ga­ni­zar. Aban­do­na a su paso tec­no­logías pre­ten­di­da­mente obso­le­tas, pues­to que los medios de comu­ni­ca­ción de media­na edad repre­sen­tan una ame­na­za para las más nue­vas (esos dia­rios que dejan machas de tin­ta en sus dedos), o los medios medie­vales (el apa­ra­to de tele­vi­sión en la esqui­na de la sala de estar).

Esta tam­bién hace pasar como ana­cró­ni­ca la mili­tan­cia indus­trial que carac­te­ri­za­ba al Rei­no Uni­do de los años 1970 y 80. La natu­ra­le­za mis­ma parece obso­le­ta. Los inten­tos por ree­qui­li­brar la eco­nomía entre las indus­trias del sec­tor pri­ma­rio, secun­da­rio y ter­cia­rio han sido infruc­tuo­sos y poco entu­sias­tas. El sec­tor de los ser­vi­cios vuelve a sur­gir de for­ma retó­ri­ca y econó­mi­ca.

Pero las insi­nua­ciones de que vivi­mos en un mun­do des­ma­te­ria­li­za­do no son sólo exa­ge­ra­das ; sino que están cau­san­do mas daños que bien. La« cloud » (« nube ») de una per­so­na es la conta­mi­na­ción de otra, y el « móvil » de uno es la escla­vi­tud del otro. De los dese­chos elec­tró­ni­cos a los mine­rales conflic­ti­vos, los nue­vos medios de comu­ni­ca­ción dejan una huel­la imbor­rable en los cuer­pos y en la Tier­ra que habi­tan.

Agbog­blo­shie en la ciu­dad de Accra, Gha­na. (Reco­men­da­mos leer más sobre este enorme ver­te­de­ro elec­tró­ni­co)

¿Qué clase de metá­fo­ras podrían ilus­trar a este nue­vo mun­do ? Desde el inicio de la impren­ta, los medios de comu­ni­ca­ción han teni­do un dramá­ti­co y consis­tente impac­to en nues­tro pla­ne­ta. Her­man Mel­ville des­cri­bió los pro­ce­sos quí­mi­cos invo­lu­cra­dos en la pro­duc­ción de la tela y del papel en el siglo XIX. Las mujeres se ocu­pa­ban de los pro­duc­tos quí­mi­cos de blan­quea­mien­to, des­pul­pa­do y de la trans­for­ma­ción de hara­pos de lino y de lana « has­ta redu­cir­los en fibra ». Tra­ba­ja­ban en tien­das de segun­da mano en donde « el aire esta­ba reple­to de finas partí­cu­las toxi­cas que flo­ta­ban por doquier, sutil­mente, como motas de pol­vo brillan­do en un rayo de sol, y que ter­mi­na­ban en los pul­mones »

¿Y el cine­ma ? En su apo­geo, el Kodak Park de Roches­ter en New York pro­ducía anual­mente 250.000 kiló­me­tros de filme, suc­cio­nan­do cada día más de 45 mil­lones de litros de agua del lago Onta­rio y escu­pien­do basu­ra y efluentes quí­mi­cos en el río Gene­see. En el año 2000, la com­pañía era la pri­me­ra fuente de agentes pató­ge­nos en el esta­do de New York.

¿Y qué hay de las tele­vi­siones ? Según algu­nas esti­ma­ciones, estas son los bienes manu­fac­tu­ra­dos más difí­ciles de reci­clar. E inclu­so desde la tran­si­ción al entor­no digi­tal comen­za­do hace algu­nos años, cien­tos de mil­lones de tele­vi­sores han hecho su viaje al hemis­fe­rio sur del glo­bo, dese­cha­dos desde los confor­tables sub­ur­bios de Londres o Mon­treal para conta­mi­nar los sis­te­mas de resi­duos de otros, mien­tras que son rem­pla­za­dos por nue­vas ver­siones mejo­ra­das muy tran­qui­la­mente. Adios-adios a la pan­tal­la cató­di­ca y bue­nos días a la pan­tal­la pla­na.

Pero el pla­to fuerte viene de los medios de comu­ni­ca­ción aún más nue­vos, trá­tese de lap­tops (computadoras/ordenadores portá­tiles), conso­las, telé­fo­nos o table­tas. Su impac­to sobre los obre­ros y nues­tra Tier­ra es atroz y empeo­ra. Las bené­vo­las figu­ras retó­ri­cas aso­cia­das a estas tec­no­logías son un contra­pun­to iró­ni­co y engaño­so en la mane­ra en que reha­cen el mun­do mate­rial.

San­gram­pur en el Nor­deste de la India.

La Aso­cia­ción de Consu­mi­dores Elec­tró­ni­cos en las Vegas — cubier­ta amo­ro­sa­mente por The Guar­dian - se jactó de los 204 billones de dolares esta­dou­ni­denses gas­ta­dos en arte­fac­tos en el 2012, y pro­nos­ti­ca­ba toda­via 9 billones suple­men­ta­rios este año.

Mien­tras tan­to, la « TV Bureau » (« ofi­ci­na de TV ») cali­fi­ca­ba de « Gran Cir­cu­lo del Consu­me­ris­mo Moder­no » a la pro­pen­sión de los espec­ta­dores de bus­car bienes en sus table­tas al mis­mo tiem­po que miran las publi­ci­dades para esos mis­mos pro­duc­tos en la tele­vi­sión.

El cos­to de todo este diver­ti­mien­to, y no se tra­ta sola­mente del pre­cio de las cosas que com­pras, está indexa­do a los dese­chos elec­tró­ni­cos (E‑desechos) que pro­duce.

Según la La Orga­ni­za­cion Mun­dial del Tra­ba­jo, 80% de los E‑desechos « ter­mi­nan sien­do envia­dos (a menu­do ile­gal­mente) a los países en desar­rol­lo para ser reci­cla­dos por cien­tos de miles de tra­ba­ja­dores infor­males », con « impli­ca­ciones nega­ti­vas en tér­mi­nos de salud y medioam­biente ».

Los ver­te­de­ros de E‑desechos pro­li­fe­ran, con ter­ribles conse­cuen­cias para la salud publi­ca. Y los ropa­ve­je­ros que se encar­gan de tales reci­clajes infor­males, y cuyo nombre se ins­pi­ra del de las mujeres del tiem­po de Mel­ville, son ruti­na­ria­mente ace­ci­na­dos.

En resu­men, el « Gran Cir­cu­lo del Consu­me­ris­mo Moder­no » es una sór­di­da metá­fo­ra, tan engaño­sa­mente cruel que la de la « cloud » (« nube ») y de la tota­li­dad del léxi­co vir­tual de los apa­ra­tos de la nue­va eco­nomía Orwel­lia­na.

Obre­ros en India tra­tan los dese­chos elec­tro­ni­cos pro­ve­nientes de los paises occi­den­tales.

Afor­tu­na­da­mente, inves­ti­ga­dores tra­ba­jan­do sobre los prin­ci­pales basu­re­ros elec­tro­ni­cos del mun­do – Chi­na, Bra­sil, India, Nige­ria, Méxi­co – están en la bre­cha, alertán­do­nos sobre las conse­cuen­cias de esta orgía de comu­ni­ca­ciones. Y movi­mien­tos sociales al rede­dor del mun­do pro­tes­tan contra los hor­rores medioam­bien­tales y sociales que per­pe­tra­mos.

Actual­mente, mien­tras que vacia­mos los estantes de revis­tas, dese­cha­mos nues­tros telé­fo­nos obso­le­tos, desea­mos table­tas nue­vas y engul­li­mos nues­tras actua­li­za­ciones coti­dia­nas, nues­tro pla­cer se fun­da en la explo­ta­ción y la des­truc­ción del medioam­biente y de los tra­ba­ja­dores en una for­ma insi­dio­sa, que disi­mu­lan las nubes de la bie­na­ven­tu­ran­za elec­tró­ni­ca.

Toby Miller & Richard Maxwell

Toby Mil­ler es pro­fe­sor de Indus­trias Cultu­rales en la City Uni­ver­si­ty de Londres y Richard Max­well es pro­fe­sor y cate­dra­ti­co de estu­dios media­ti­cos en el Queens Col­lege en la City Uni­ver­si­ty de New York.


Tra­duc­ción : San­tia­go Per­ales

Edi­ción : Colec­ti­vo LE PARTAGE

Comments to: Las nuevas tecnologías : Impactos sociales y ecológicos (por Richard Maxwell & Toby Miller)

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