« How non­vio­lence pro­tects the State » fue edi­ta­do por South End Press, Cam­bridge, 2007.  “Cómo la no vio­len­cia pro­tege al Esta­do”, del acti­vis­ta anar­quis­ta esta­dou­ni­dense Peter Gel­der­loos. Tra­du­ci­do direc­ta­mente del inglés por Edi­cions Ano­mia (Bar­ce­lo­na, Pri­ma­ve­ra del 2010). Para leer el libro com­ple­to en PDF hacer click aquí

“Estoy pro­fun­da­mente agra­de­ci­do a Peter Gel­der­loos por haber teni­do el coraje de mos­trar el culto al paci­fis­mo como lo que es : un alia­do racis­ta y patriar­cal del poder esta­tal. ‘Cómo la no vio­len­cia pro­tege al Esta­do” es un libro nece­sa­rio sobre un tema nece­sa­rio tam­bién : cómo pode­mos resis­tir ». — Der­rick Jen­sen


Cómo la no violencia protege al Estado

Capítulo 1. La no violencia es inefectiva

por Peter Gelderloos

Podría dedi­car mucho tiem­po enu­me­ran­do los fra­ca­sos de la no vio­len­cia. En lugar de esto, va a ser más útil hablar de los éxi­tos de la no vio­len­cia. El paci­fis­mo ape­nas sería atrac­ti­vo para sus segui­dorxs si la ideo­logía no hubie­ra pro­du­ci­do vic­to­rias que han sido histó­ri­cas. Hay ejem­plos clá­si­cos como la inde­pen­den­cia de la India del domi­nio colo­nial britá­ni­co, las tra­bas que se le hicie­ron a la car­re­ra mun­dial por las armas nucleares, el movi­mien­to por los dere­chos civiles en los 60 y el movi­mien­to por la paz durante la guer­ra de Viet­nam. Y, aunque ellxs no lo hal­lan rei­vin­di­ca­do todavía como una vic­to­ria, las pro­tes­tas masi­vas del 2003 contra la inva­sión nor­tea­me­ri­ca­na de Irak fue­ron muy aplau­di­das por lxs acti­vis­tas no vio­lentxs. Existe un patrón para la mani­pu­la­ción y la ter­gi­ver­sa­ción de la his­to­ria que es evi­dente en cada una de las vic­to­rias que lxs acti­vis­tas no vio­lentxs rei­vin­di­can. La posi­ción paci­fis­ta requiere que el éxi­to sea atri­buible a las tác­ti­cas paci­fis­tas y sólo a éstas ; mien­tras que el res­to de noso­trxs cree que el cam­bio pro­viene de todo el espec­tro de tác­ti­cas pre­sente en cual­quier situa­ción revo­lu­cio­na­ria, siempre que se des­plie­guen de for­ma efec­ti­va. Porque ningún conflic­to social rele­vante exhibe una uni­for­mi­dad de tác­ti­cas e ideo­logías ; lo cual nos per­mite afir­mar que todos estos conflic­tos mues­tran tác­ti­cas paci­fis­tas e indu­da­ble­mente no paci­fis­tas. Pero lxs paci­fis­tas deben bor­rar aquel­las nar­ra­ciones de la his­to­ria que dis­cre­pan con ellxs o, alter­na­ti­va­mente, acu­sar de sus fra­ca­sos a la pre­sen­cia, en el mis­mo contex­to, de la lucha vio­len­ta.

En el caso de la India, la his­to­ria cuen­ta que la gente, bajo el lide­raz­go de Gand­hi, desar­rolló un movi­mien­to masi­vo no vio­len­to, acti­vo durante déca­das e invo­lu­cra­do en pro­tes­tas, deso­be­dien­cia civil, boi­cots econó­mi­cos, huel­gas de hambre ejem­plares y actos de no coope­ra­ción para hacer imprac­ti­cable el impe­ria­lis­mo britá­ni­co. Sufrie­ron masacres y respon­die­ron con un par de dis­tur­bios, pero, en gene­ral, el movi­mien­to fue no vio­len­to y, des­pués de per­se­ve­rar durante déca­das, lxs índixs gana­ron su inde­pen­den­cia, pro­por­cio­nan­do un nada des­deñable sel­lo de vic­to­ria a la cau­sa paci­fis­ta. La his­to­ria es, en rea­li­dad, algo más com­pli­ca­da, en ella muchas de las pre­siones vio­len­tas tam­bién lle­va­ron a los britá­ni­cos a la deci­sión de renun­ciar. Los britá­ni­cos habían per­di­do la habi­li­dad de man­te­ner el poder colo­nial des­pués de per­der mil­lones de tro­pas y un gran núme­ro de recur­sos durante dos guer­ras mun­diales extre­ma­da­mente vio­len­tas, la segun­da de las cuales devastó espe­cial­mente a la “madre patria”. Las luchas arma­das de mili­tantes árabes y judíos en Pales­ti­na, desde 1945 has­ta 1948, debi­li­ta­ron aún más al impe­rio britá­ni­co, e hicie­ron que consti­tuye­ra una cla­ra ame­na­za la posi­bi­li­dad de que lxs índixs aban­do­na­ran la deso­be­dien­cia civil para tomar las armas en masa si los igno­ra­ban ; este hecho no puede ser exclui­do como un fac­tor deter­mi­nante para que los britá­ni­cos toma­ran la deci­sión de renun­ciar a la admi­nis­tra­ción colo­nial direc­ta.

Nos damos cuen­ta de que esta ame­na­za es aún más direc­ta cuan­do com­pren­de­mos que la his­to­ria del movi­mien­to de inde­pen­den­cia de la India como paci­fis­ta es un retra­to selec­ti­vo e incom­ple­to ; la no-vio­len­cia no fue uni­ver­sal en la India. La resis­ten­cia al colo­nia­lis­mo britá­ni­co incluyó la sufi­ciente mili­tan­cia para que el méto­do Gand­hia­no fue­ra vis­to como una de las varia­das for­mas efec­ti­vas de resis­ten­cia popu­lar. Como parte del patrón uni­ver­sal dis­tor­sio­na­do, lxs paci­fis­tas bor­ran aquel­las otras for­mas de resis­ten­cia y ayu­dan a pro­pa­gar la fal­sa his­to­ria en la que Gand­hi y sus discí­pu­los fue­ron el úni­co timón de la resis­ten­cia India. Se igno­ran impor­tantes líderes mili­tantes tales como Chan­dra­se­khar Azad, quien com­ba­tió en la lucha arma­da contra los colo­nos britá­ni­cos ; o revo­lu­cio­na­rios tales como Bha­gat Singh, quien ganó un apoyo masi­vo hacia los bom­bar­deos y los ase­si­na­tos como parte de una lucha que quería lograr el “der­ro­ca­mien­to tan­to del capi­ta­lis­mo indio, como del extra­n­je­ro”. La his­to­ria paci­fis­ta de la lucha india no logra expli­car el sen­ti­do del hecho de que Sub­has Chan­dra Bose, el can­di­da­to mili­tante, fue­ra ele­gi­do dos veces pre­si­dente del congre­so nacio­nal indio, en 1938 y 1939. Por otro lado, Gand­hi fue quizás la figu­ra más sin­gu­lar, influyente y popu­lar en la lucha por la inde­pen­den­cia india ; la posi­ción de lide­raz­go que asu­mió no siempre dis­frutó del apoyo de las masas. Gand­hi per­dió mucho del apoyo de los índixs cuan­do “des­con­vocó al movi­mien­to” tras los dis­tur­bios de 1922. Cuan­do más tarde fue encar­ce­la­do por los britá­ni­cos : “en la India no se levantó ni un mur­mul­lo de pro­tes­ta”. Resul­ta signi­fi­ca­ti­vo que la His­to­ria recuerde la lucha de Gand­hi por enci­ma de todas las demás, no porque repre­sen­ta­ra la voz uná­nime de la India, sino por toda la aten­ción que la pren­sa britá­ni­ca le dió al ser inclui­do en impor­tantes nego­cia­ciones con el gobier­no colo­nial britá­ni­co. Cuan­do recor­de­mos que la His­to­ria la escri­ben los vic­to­rio­sos, otro velo del mito de la inde­pen­den­cia índia se reti­rará.

El aspec­to más lamen­table de la rei­vin­di­ca­ción de lxs paci­fis­tas de que la inde­pen­den­cia de la Índia sea una vic­to­ria de la no vio­len­cia, es que esta rei­vin­di­ca­ción jue­ga un papel en la ela­bo­ra­ción de una His­to­ria que sir­va a los inter­eses de la supre­macía blan­ca de los esta­dos impe­ria­lis­tas que colo­ni­za­ron el Sur. El movi­mien­to de libe­ra­ción en la India fra­casó. Los britá­ni­cos no fue­ron for­za­dos a aban­do­nar la India. Más bien, esco­gie­ron trans­fe­rir el ter­ri­to­rio del domi­nio colo­nial direc­to al domi­nio neo­co­lo­nial. ¿Qué tipo de vic­to­ria per­mite al ban­do per­de­dor dic­tar cuán­do y cómo ascen­derá el gobier­no que ha gana­do ? Los britá­ni­cos redac­ta­ron la nue­va Consti­tu­ción y devol­vie­ron el poder a sus suce­sores, esco­gi­dos a dedo. Avi­va­ron las lla­mas de la reli­gio­si­dad y del sepa­ra­tis­mo étni­co para que la Índia estu­viese divi­di­da, inca­paz de lograr la paz y la pros­pe­ri­dad y depen­die­ra de la ayu­da mili­tar y de otros apoyos de los esta­dos euroa­me­ri­ca­nos. La India todavía es explo­ta­da por las empre­sas euro-ame­ri­ca­nas (aunque varias empre­sas indias nue­vas, mayor­mente sub­si­dia­rias, han par­ti­ci­pa­do de este saqueo). Y aún se pro­vee de recur­sos y mer­ca­dos de los esta­dos impe­ria­lis­tas. En muchos sen­ti­dos, la pobre­za de su gente se ha inten­si­fi­ca­do y la explo­ta­ción se ha hecho más efi­ciente. La inde­pen­den­cia del domi­nio colo­nial le ha dado a la India más auto­nomía en algu­nas áreas, y cier­ta­mente, les ha per­mi­ti­do a un puña­do de índixs asen­tarse en el poder, pero la explo­ta­ción y la pri­va­ti­za­ción de los recur­sos y de la cultu­ra se ha pro­fun­di­za­do. Además, la India ha per­di­do una cla­ra opor­tu­ni­dad para la libe­ra­ción signi­fi­ca­ti­va de un opre­sor extra­n­je­ro fácil­mente reco­no­cible. Cual­quier movi­mien­to de libe­ra­ción aho­ra ten­dría que construirse en contra de las des­con­cer­tantes diná­mi­cas del nacio­na­lis­mo y la riva­li­dad étni­co-reli­gio­sa, para abo­lir un capi­ta­lis­mo que ya está implan­ta­do en el país y un gobier­no que está mucho más desar­rol­la­do. En defi­ni­ti­va, los movi­mien­tos de inde­pen­den­cia demues­tran haber fra­ca­sa­do.

La rei­vin­di­ca­ción de la vic­to­ria paci­fis­ta de haberle pues­to unos límites a la car­re­ra arma­mentís­ti­ca nuclear es algo ridí­cu­lo. Una vez más, el movi­mien­to no fue exclu­si­va­mente no vio­len­to ; incluyó gru­pos que lle­va­ron a cabo cier­to núme­ro de aten­ta­dos y otros actos de sabo­taje o guer­ra de guer­rillas. Y, de nue­vo, la vic­to­ria es dudo­sa. Los tan igno­ra­dos tra­ta­dos de no pro­li­fe­ra­ción sola­mente lle­ga­ron des­pués de que la car­re­ra arma­mentís­ti­ca ya se hubie­ra gana­do, con la indis­cu­tible hege­monía nuclear de los Esta­dos Uni­dos, en pose­sión de más armas nucleares de las que eran prác­ti­cas o útiles. Y parece cla­ro que la pro­li­fe­ra­ción continúa como algo nece­sa­rio, actual­mente en for­ma de desar­rol­lo tác­ti­co de arma­men­to nuclear y una nue­va ola de faci­li­dades pro­pues­tas para el poder nuclear. Real­mente, el pro­ble­ma parece haber sido resuel­to más como un asun­to de polí­ti­ca inter­na den­tro del gobier­no que como un conflic­to entre éste y los movi­mien­tos sociales. Cher­no­byl y la posi­bi­li­dad de varias catás­trofes nucleares en Esta­dos Uni­dos mos­tra­ron que la energía nuclear (un com­po­nente nece­sa­rio para el desar­rol­lo de dichas armas,) era algo incó­mo­do, y no levantó mani­fes­ta­ciones para cues­tio­nar su uti­li­dad, aún para un gobier­no empeña­do en conquis­tar el mun­do, des­vian­do asom­bro­sos recur­sos hacia la pro­li­fe­ra­ción nuclear aun cuan­do ya tenía sufi­cientes bom­bas para volar el pla­ne­ta ente­ro, y cada guer­ra y acción encu­bier­ta desde 1945 ha sido lucha­da y com­ba­ti­da con otras tec­no­logías. El movi­mien­to por los dere­chos civiles en Esta­dos Uni­dos es uno de los epi­so­dios más impor­tantes de la His­to­ria paci­fis­ta. En todo el mun­do, la gente lo ve como un ejem­plo de vic­to­ria no vio­len­ta. Pero, como otros ejem­plos dis­cu­ti­dos aquí, ni fue una vic­to­ria, ni fue no vio­len­ta. El movi­mien­to tuvo éxi­to al aca­bar con la segre­ga­ción de dere­cho y con la expan­sión de la minús­cu­la pequeña bur­guesía negra, pero ésa no fue la úni­ca deman­da de la mayoría de lxs par­ti­ci­pantes del movi­mien­to. Querían la igual­dad polí­ti­ca y econó­mi­ca com­ple­ta, y muchxs tam­bién querían la libe­ra­ción negra en for­ma de nacio­na­lis­mo negro, inter­co­mu­na­lis­mo negro u otras for­mas de inde­pen­den­cia del impe­ria­lis­mo blan­co. No se logró nin­gu­na de estas deman­das : ni la de igual­dad ni, desde lue­go, la de la libe­ra­ción. Lxs negrxs aún tie­nen una media de ingre­sos más baja, un peor acce­so a la vivien­da y a la sani­dad y una salud más dete­rio­ra­da que lxs blancxs. La segre­ga­ción de fac­to aún existe. Las polí­ti­cas de igual­dad son tam­bién esca­sas. Mil­lones de votantes, la mayoría negrxs, son pri­vadxs del dere­cho al voto (de votar por can­di­datxs blancxs en un sis­te­ma polí­ti­co blan­co, cosa que refle­ja una cultu­ra blan­ca) cuan­do es conve­niente para los inter­eses rei­nantes, y sólo ha habi­do cua­tro sena­dores negros desde la Recons­truc­ción.

Los fru­tos de los dere­chos civiles tam­bién han olvi­da­do a otras razas. Lxs inmi­grantes latin­xs y asiá­ticxs son espe­cial­mente vul­ne­rables al abu­so, la depor­ta­ción, la dene­ga­ción de los ser­vi­cios sociales por los que pagan impues­tos y al durí­si­mo y tóxi­co tra­ba­jo en las maqui­las o en la agri­cul­tu­ra. Musul­man­xs y árabes están sufrien­do el aumen­to de la repre­sión tras 11 de Sep­tiembre, mien­tras una socie­dad que se define a sí mis­ma como “aje­na al color” ni siquie­ra mues­tra un aso­mo de concien­cia de su hipo­cresía. Lxs nativxs se man­tie­nen en posi­ciones muy bajas en la esca­la socioe­conó­mi­ca has­ta el pun­to de resul­tar invi­sibles, excep­to por la simbó­li­ca mani­fes­ta­ción oca­sio­nal del mul­ti­cul­tu­ra­lis­mo esta­dou­ni­dense : la mas­co­ta depor­ti­va este­reo­ti­pa­da o la muñe­ca hula-girl que se vende en las gaso­li­ne­ras, que oscu­re­cen aún más la rea­li­dad actual de lxs indí­ge­nas.

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La proyec­ción común (hecha prin­ci­pal­mente por pro­gre­sis­tas blancxs, paci­fis­tas, edu­ca­dorxs e his­to­ria­dorxs ofi­ciales guber­na­men­tales) es que el movi­mien­to contra la opre­sión racial en Esta­dos Uni­dos fue prin­ci­pal­mente no vio­len­to. Por el contra­rio, si bien gru­pos paci­fis­tas como la Sou­thern Chris­tian Lea­der­ship Confe­rence (SCLC) de Mar­tin Luther King Jr. tuvie­ron un poder y una influen­cia consi­de­rables, el apoyo popu­lar hacia el movi­mien­to, ofre­ci­do espe­cial­mente por la pobla­ción negra pobre, gra­vitó cada vez más hacia los gru­pos revo­lu­cio­na­rios mili­tantes como el Black Pan­ther Par­ty. Según el son­deo Har­ris de 1970, el 66% de lxs afroa­me­ri­can­xs dijo que las acti­vi­dades del Black Pan­ther Par­ty les lle­na­ban de orgul­lo y un 43% dijo que el par­ti­do repre­sen­ta­ba sus pro­pios pun­tos de vis­ta. De hecho, la lucha mili­tante ha repre­sen­ta­do bue­na parte de la resis­ten­cia de la gente negra a la supre­macía blan­ca. Mumia Abu-Jamal lo docu­men­ta con valentía en su libro del 2004, We Want Free­dom.

En él se lee : “Las raíces de la resis­ten­cia arma­da, en la his­to­ria afroa­me­ri­ca­na, son pro­fun­das. Solo aquellxs que igno­ran este hecho ven al Black Pan­ther Par­ty como algo aje­no a nues­tra histó­ri­ca heren­cia común”. En rea­li­dad, los seg­men­tos no vio­len­tos no pue­den ser des­ti­la­dos y sepa­ra­dos de las partes revo­lu­cio­na­rias del movi­mien­to (a tra­vés de la alie­na­ción y la cizaña, fomen­ta­das por el Esta­do, a menu­do exis­tente entre ellxs). Lxs paci­fis­tas, — acti­vis­tas negrxs de clase media, incluyen­do a King‑, sacan bue­na parte de su poder del espec­tro de la resis­ten­cia negra y de la pre­sen­cia de revo­lu­cio­na­rixs negrxs armadxs.

En la pri­ma­ve­ra de 1963, la cam­paña en Bir­min­gham de Mar­tin Luther King Jr. fue vis­ta como si fue­ra una repe­ti­ción de la fra­ca­sa­da acción en Alba­ny, Geor­gia (donde una cam­paña de deso­be­dien­cia de nueve meses, en 1961, demos­tró la impo­ten­cia de lxs mani­fes­tantes no vio­lentxs contra un gobier­no posee­dor de un sis­te­ma peni­ten­cia­rio apa­ren­te­mente omni­po­tente ; y en la que en julio de 1962, los dis­tur­bios pro­ta­go­ni­za­dos por lxs jóvenes, hicie­ron que asu­mie­ran el control de todos los edi­fi­cios durante una noche, for­zan­do a la policía a reti­rarse del ghet­to y demos­tran­do que un año des­pués de la cam­paña no vio­len­ta, la pobla­ción negra de Alba­ny seguía luchan­do contra el racis­mo, aunque habían des­deña­do ya la no vio­len­cia). Entonces, el 7 de mar­zo, en Bir­min­gham, tras la vio­len­cia poli­cial conti­nua­da, tres­cientxs negrxs comen­za­ron a contraa­ta­car, arro­jan­do pedra­das y botel­las contra la policía. Sólo dos días des­pués, Bir­min­gham (alza­da has­ta entonces como un inflexible bas­tión de la segre­ga­ción) estu­vo de acuer­do en dejar de segre­gar las tien­das del cen­tro de la ciu­dad y el pre­si­dente Ken­ne­dy respaldó el acuer­do con garantías fede­rales. Al día siguiente, des­pués de que algu­nos supre­ma­cis­tas blan­cos locales des­truye­ran el hogar y el nego­cio de algun­xs negrxs, cien­tos de per­so­nas negras gene­ra­ron nue­vos dis­tur­bios y toma­ron nueve dis­tri­tos, des­truyen­do coches de policía, hirien­do a varios de ellos (incluyen­do al ins­pec­tor jefe) e incen­dian­do nego­cios regen­ta­dos por gente blan­ca. Un mes y un día más tarde, el pre­si­dente Ken­ne­dy fue lla­ma­do al Congre­so para apro­bar el decre­to de los dere­chos civiles, ponien­do fin a varios años de una estra­te­gia de para­li­za­ción del movi­mien­to por los dere­chos civiles. Quizás la mayor de las limi­ta­das, ‑si no vacías‑, vic­to­rias del movi­mien­to por los dere­chos civiles llegó cuan­do la gente negra demos­tró que no iba a seguir espe­ran­do pací­fi­ca­mente para siempre a que se cum­plie­ran sus deman­das. Frente a las dos alter­na­ti­vas, la estruc­tu­ra del poder blan­co esco­gió nego­ciar con lxs paci­fistxs, y hemos vis­to ya los resul­ta­dos.

La rei­vin­di­ca­ción de que el movi­mien­to paci­fis­ta de Esta­dos Uni­dos ter­minó con la guer­ra de Viet­nam contiene un conjun­to de defec­tos muy habi­tual. La crí­ti­ca ha sido bien construi­da por Ward Chur­chill y otrxs, así que me limi­ta­ré a resu­mir­la. Con su per­enne pre­ten­sión de super­io­ri­dad moral, lxs acti­vis­tas paci­fis­tas igno­ran, aproxi­ma­da­mente, de tres a cin­co mil­lones de indo­chin­xs muertxs en la lucha contra el ejér­ci­to esta­dou­ni­dense ; igno­ran que dece­nas de mil­lares de tro­pas esta­dou­ni­denses fue­ron ase­si­na­das y cien­tos de miles heri­das ; igno­ran que otras tro­pas se des­mo­ra­li­za­ron por el der­ra­ma­mien­to de sangre, que se había vuel­to alta­mente efectivo20 ; igno­ran que, debi­do a todo esto, los Esta­dos Uni­dos per­die­ron un enorme capi­tal polí­ti­co (yen­do hacia la quie­bra fis­cal), has­ta el pun­to de que has­ta los polí­ti­cos pro-guer­ra comen­za­ron a recla­mar una estra­te­gia de reti­ra­da (espe­cial­mente tras la Ofen­si­va Tet, que demos­tró que la guer­ra era “impo­sible de ganar”, en pala­bras de mucha gente de la épo­ca). El gobier­no de los Esta­dos Uni­dos no fue for­za­do a reti­rarse a cau­sa de pro­tes­tas pací­fi­cas ; fue der­ro­ta­do polí­ti­ca y mili­tar­mente. Como prue­ba de esto, Chur­chill cita la vic­to­ria del repu­bli­ca­no Richard Nixon, y la ausen­cia inclu­so de un can­di­da­to anti-guer­ra en el Par­ti­do Demó­cra­ta, en 1968, cer­ca del momen­to más álgi­do del movi­mien­to anti-guer­ra. Se podría tam­bién aña­dir que la ree­lec­ción de Nixon en 1972, tras cua­tro años de inten­si­fi­ca­ción del geno­ci­dio, demues­tra la impo­ten­cia del movi­mien­to paci­fis­ta para inter­ve­nir en las deci­siones del poder. De hecho, el movi­mien­to paci­fis­ta inicial se disol­vió en tán­dem con las tro­pas esta­dou­ni­denses de reti­ra­da (reti­ra­da com­ple­ta­da en 1973). El movi­mien­to paci­fis­ta es menos recep­ti­vo a la hora de acep­tar que la cam­paña de bom­bar­deos más lar­ga, con obje­ti­vos civiles, se dió y se inten­si­ficó tras la reti­ra­da de las tro­pas, o que se dió una ocu­pa­ción conti­nua­da del sur de Viet­nam a car­go de una dic­ta­du­ra mili­tar entre­na­da y finan­cia­da por los Esta­dos Uni­dos. En otras pala­bras, el movi­mien­to se puso del lado (y recom­pensó a Nixon con su ree­lec­ción) una vez más, de lxs ame­ri­can­xs, y no de lxs viet­na­mi­tas, des­vin­culán­dose de la rea­li­dad. El movi­mien­to paci­fis­ta esta­dou­ni­dense fra­casó a la hora de brin­dar la paz. El impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­dense conti­nuó inaba­tible, y a tra­vés de las estra­te­gias mili­tares que esco­gió, fue ven­ci­do por lxs viet­na­mi­tas. Aunque los Esta­dos Uni­dos logra­ran cum­plir sus obje­ti­vos polí­ti­cos totales ‑a su debi­do tiempo‑, pre­ci­sa­mente a cau­sa del fra­ca­so del movi­mien­to paci­fis­ta a la hora de ningún cam­bio inter­no pro­fun­do.

Algun­xs paci­fis­tas seña­lan el enorme núme­ro de “obje­tores de concien­cia” que se nega­ron a luchar, para seguir til­dan­do este frag­men­to de la His­to­ria de vic­to­ria no vio­len­ta. Pero debería ser obvio que la pro­li­fe­ra­ción de obje­tores e insu­mi­sos no puede redi­mir las tác­ti­cas paci­fis­tas. Espe­cial­mente en una socie­dad tan mili­ta­ri­za­da como ésta, las pro­ba­bi­li­dades de que los sol­da­dos se nega­ran a luchar son pro­por­cio­nales a sus espe­ran­zas de enfren­tarse a una opo­si­ción vio­len­ta que era capaz de matarles o, como míni­mo, de muti­larles. Sin la resis­ten­cia de lxs viet­na­mi­tas, no habría habi­do nece­si­dad de un reclu­ta­mien­to ; sin un reclu­ta­mien­to, la resis­ten­cia no vio­len­ta, tan auto­com­pla­ciente en Nor­tea­mé­ri­ca, no habría ape­nas exis­ti­do. Más signi­fi­ca­ti­va que la pasi­vi­dad de los obje­tores de concien­cia fue el aumen­to de lxs rebeldes, espe­cial­mente de tro­pas negras, lati­nas, e indí­ge­nas den­tro de lxs mili­tares. El plan inten­cio­nal del gobier­no de los Esta­dos Uni­dos, en respues­ta a los dis­tur­bios urba­nos pro­vo­ca­dos por la gente negra, de sacar a los hombres negros jóvenes sin empleo de las calles y meter­los en el ejér­ci­to, ter­minó que les salió el tiro por la cula­ta.

Los ofi­ciales de Washing­ton que visi­ta­ron las bases de la Arma­da esta­ban fue­ra de sí ante el desar­rol­lo de la cultu­ra “mili­tante Negra”… Los jefa­zos, ató­ni­tos, contem­plarían como los colo­nos locales [blan­cos] ofi­ciales eran for­za­dos a devol­ver el salu­do a los Nue­vos Afri­ca­nos [sol­da­dos negros] dán­doles la señal de “Poder”[puño alza­do]… Nixon tuvo que sacar las tro­pas de Viet­nam rápi­da­mente o se arries­ga­ba a per­der a su ejér­ci­to.

Ase­si­na­tos de sus pro­pios ofi­ciales, sabo­taje, negarse a luchar, motines en las pri­siones mili­tares y ayu­das al ene­mi­go ; todas estas acti­vi­dades de los sol­da­dos esta­dou­ni­denses contri­buye­ron de mane­ra signi­fi­ca­ti­va a la deci­sión del gobier­no de los Esta­dos Uni­dos de reti­rar las tro­pas. Como el Coro­nel Robert D. Heinl indicó, en junio de 1971 :

Por cada indi­ca­dor conce­bible, nues­tro ejér­ci­to, que per­ma­nece en Viet­nam, está en un esta­do cer­ca­no al colap­so, con uni­dades indi­vi­duales elu­dien­do o habien­do ya recha­za­do el com­bate, ase­si­nan­do a sus ofi­ciales, colo­ca­dos y desa­ni­ma­dos, cuan­do no, cer­ca del amo­ti­na­mien­to. La situa­ción es casi tan seria en Viet­nam como en cual­quier otro lugar.

El Pentá­go­no estimó que el tres por cien­to de los ofi­ciales ase­si­na­dos en Viet­nam de 1961 a 1972, fue­ron ase­si­na­dos con gra­na­das por sus pro­pias tro­pas. Dicha esti­ma­ción ni siquie­ra tiene en cuen­ta los ase­si­na­tos por apuña­la­mien­to o dis­pa­ro. En muchos casos, los sol­da­dos de una uni­dad reunían su dine­ro para recau­dar una recom­pen­sa por el ase­si­na­to de un ofi­cial impo­pu­lar. Mathew Rinal­di seña­la a la “clase tra­ba­ja­do­ra negra y lati­na” en el ejér­ci­to, que no se iden­ti­fi­ca­ba con las “tác­ti­cas paci­fis­tas a cual­quier pre­cio” del movi­mien­to por los dere­chos civiles, como los mayores actores de la resis­ten­cia mili­tante que mutiló al ejér­ci­to esta­dou­ni­dense durante la guer­ra de Viet­nam.

Y aunque ellxs eran menos signi­fi­ca­ti­vos polí­ti­ca­mente que la resis­ten­cia en el ejér­ci­to en gene­ral, los aten­ta­dos y otros actos de vio­len­cia en pro­tes­ta por la guer­ra en los cam­pus de las uni­ver­si­dades blan­cas ‑incluyen­do la mayoría de uni­ver­si­dades de élite‑, no deberían ser igno­ra­dos en favor de las acciones paci­fis­tas que se die­ron. En el cur­so de 1969–1970, se cuen­tan 174 aten­ta­dos anti-guer­ra en los cam­pus y por lo menos 70 aten­ta­dos fue­ra de los cam­pus y otros ataques vio­len­tos diri­gi­dos a edi­fi­cios ROTC, edi­fi­cios guber­na­men­tales y ofi­ci­nas comer­ciales. Además, 230 de las pro­tes­tas que se die­ron en los cam­pus incluye­ron vio­len­cia físi­ca, y 410 incluye­ron tam­bién daños a la pro­pie­dad.

En conclu­sión, lo que fue una muy limi­ta­da vic­to­ria (la reti­ra­da de las tro­pas de tier­ra tras años de guer­ra) puede ser atri­bui­da más cla­ra­mente a dos fac­tores : la exi­to­sa y sus­tan­cial resis­ten­cia vio­len­ta de lxs viet­na­mi­tas, que hizo que lxs polí­ticxs reco­no­cie­ran que no podrían ganar ; y la resis­ten­cia mili­tante y a menu­do letal de las tro­pas de tier­ra esta­dou­ni­denses por sí mis­mas, cau­sa­da por la des­mo­ra­li­za­ción gene­ra­da por la efec­ti­va vio­len­cia de sus ene­mi­gos y la mili­tan­cia polí­ti­ca difun­di­da desde el movi­mien­to de libe­ra­ción negro. El movi­mien­to nacio­nal anti-guer­ra preo­cupó cla­ra­mente a los polí­ti­cos de Esta­dos Uni­dos, pero, cier­ta­mente, no se vol­vió tan pode­ro­so como para que poda­mos decir que “forzó” al gobier­no a hacer nada, y, en cual­quier caso, sus más enér­gi­cos inte­grantes tam­bién lle­va­ron a cabo pro­tes­tas vio­len­tas, aten­ta­dos y actos de des­truc­ción de la pro­pie­dad.

Quizás confun­didxs por su pro­pia His­to­ria fal­sa del movi­mien­to paci­fis­ta durante la guer­ra de Viet­nam, lxs acti­vis­tas paci­fis­tas esta­dou­ni­denses, en el siglo XXI, parecían estar espe­ran­do que se repi­tie­ra una vic­to­ria que nun­ca se dió, en sus planes por dete­ner la inva­sión de Irak. El 15 de febre­ro del 2003, cuan­do el gobier­no de Esta­dos Uni­dos puso en mar­cha la guer­ra de Irak “las pro­tes­tas mun­diales de mil­lones de acti­vis­tas anti-guer­ra pro­nun­cia­ron un pun­zante reproche contra Washing­ton y sus alia­dos […]. La ola de mani­fes­ta­ciones sin pre­ce­dente […] ensom­bre­ció aún más los planes de guer­ra de los Esta­dos Uni­dos”; según reza un artí­cu­lo de la pági­na web del gru­po anti-guer­ra no vio­len­to Uni­ted for Peace and Jus­tice. El mis­mo artí­cu­lo, que se enor­gul­lece del “des­pliegue masi­vo del sen­tir paci­fis­ta”, dice tam­bién que “La Casa Blan­ca” parece haber se que­da­do des­con­cer­ta­da por la olea­da de gente que se resiste a su lla­ma­mien­to a una acción mili­tar rápi­da. Las pro­tes­tas fue­ron las más grandes de la his­to­ria ; y excep­tuan­do algu­nas refrie­gas menores, fue­ron exclu­si­va­mente no vio­len­tas ; y lxs acti­vis­tas cele­bra­ron la tran­qui­li­dad y el carác­ter masi­vo de dichas mani­fes­ta­ciones. Algu­nos gru­pos, como el Uni­ted for Peace and Jus­tice, inclu­so sugi­rie­ron que las pro­tes­tas podrían evi­tar la guer­ra. Por supues­to, esta­ban total­mente equi­vo­ca­dos, las pro­tes­tas fue­ron total­mente inefec­ti­vas. La inva­sión ocur­rió tal y como se pla­neó, a pesar de los mil­lones de per­so­nas que nomi­nal­mente, tran­qui­la­mente y con impo­ten­cia, se opu­sie­ron a ella. El movi­mien­to anti-guer­ra no hizo nada para cam­biar las rela­ciones de poder en Esta­dos Uni­dos. Bush reci­bió un capi­tal polí­ti­co sus­tan­cial por inva­dir Irak, y no se enfrentó a una respues­ta vio­len­ta has­ta que la guer­ra y el esfuer­zo de ocu­pa­ción comen­za­ron a mos­trar signos de fra­ca­so debi­do a la efec­ti­va resis­ten­cia arma­da del pue­blo ira­quí. La así lla­ma­da “opo­si­ción”, ni siquie­ra se mani­festó en el pai­saje polí­ti­co ofi­cial. El úni­co can­di­da­to anti-guer­ra del Par­ti­do Demó­cra­ta, Den­nis Kuci­nich, no fue toma­do en serio ni por un momen­to como contrin­cante, y él y sus segui­dores escon­die­ron sus ideas, en un momen­to dado, en defe­ren­cia a la pla­ta­for­ma de apoyo al Par­ti­do Demó­cra­ta por la ocu­pa­ción de Irak.

Un buen caso a estu­diar res­pec­to a la efi­ca­cia o la inefi­ca­cia de las pro­tes­tas no vio­len­tas se puede ver en la impli­ca­ción españo­la en la ocu­pa­ción lide­ra­da por los Esta­dos Uni­dos. España, con 1300 tro­pas, fue uno de los socios subal­ter­nos más amplios en la “Coa­li­ción del Bien”. Más de un mil­lón de españolxs pro­tes­ta­ron contra la inva­sión y un 80 por cien­to de la pobla­ción españo­la se oponía a ella, pero su com­pro­mi­so por la paz acabó allí ; no hicie­ron nada, en rea­li­dad, para evi­tar que el ejér­ci­to español apoya­ra la inva­sión y la ocu­pa­ción. Per­ma­ne­cie­ron pasivxs y no hicie­ron nada para desem­po­de­rar al líder ; per­ma­ne­cie­ron tan impo­tentes como lxs ciu­da­dan­xs de cual­quier demo­cra­cia. El pre­si­dente español, Aznar, no sólo pudo y se le per­mi­tió ir a la guer­ra, sino que todos los pronós­ti­cos ante­riores a los aten­ta­dos anti­ci­pa­ban su ree­lec­ción. El 11 de Mar­zo del 2004, días antes de que las urnas elec­to­rales fue­ran abier­tas, múl­tiples aten­ta­dos con bom­ba pla­nea­dos por una célu­la vin­cu­la­da a Al Qae­da explo­ta­ron en una esta­ción de Madrid, matan­do a 191 per­so­nas e hirien­do a un mil­lar más. Direc­ta­mente a cau­sa de esto, Aznar y su par­ti­do per­die­ron en las elec­ciones, y los socia­lis­tas, el mayor par­ti­do con una pla­ta­for­ma anti-guer­ra, fue­ron ele­gi­dos.

La coa­li­ción lide­ra­da por los Esta­dos Uni­dos dis­mi­nuyó con la pér­di­da de las 1300 tro­pas españo­las, y pron­ta­mente dis­mi­nuyó de nue­vo tras la reti­ra­da de las tro­pas de la Repú­bli­ca Domi­ni­ca­na y Hon­du­ras. Mien­tras que mil­lones de acti­vis­tas paci­fis­tas dan­do sal­tos en las calles como ove­jas no han debi­li­ta­do la bru­tal ocu­pa­ción de nin­gu­na for­ma apre­ciable, unas pocas doce­nas de ter­ro­ris­tas que inten­ta­ban masa­crar civiles, pudie­ron pro­vo­car la reti­ra­da de más de un mil­lón de tro­pas de ocu­pa­ción.

Las acciones y prin­ci­pios de las célu­las afi­lia­das a Al Qae­da no sugie­ren que quie­ran una paz signi­fi­ca­ti­va en Irak, ni demues­tran tan­to una preo­cu­pa­ción por el bie­nes­tar del pue­blo ira­quí (a una gran can­ti­dad de dicha pobla­ción ya la han hecho volar en peda­zos), como una preo­cu­pa­ción por una visión pro­pia de cómo debería estar orga­ni­za­da la socie­dad ira­quí ; una visión que es extre­ma­da­mente auto­ri­ta­ria, patriar­cal y fun­da­men­ta­lis­ta. Y, sin duda, la que fue posi­ble­mente una deci­sión fácil ‑matar y muti­lar a cien­tos de per­so­nas desarmadas‑, aunque tal acción hubie­ra pare­ci­do estra­té­gi­ca­mente nece­sa­ria, está conec­ta­da con su auto­ri­ta­ris­mo y bru­ta­li­dad, y sobre todo con la cultu­ra de inte­lec­tua­li­dad de la que pro­vie­nen la mayoría de ter­ro­ris­tas (aunque éste es otro tema).

Los límites éti­cos de los hechos se com­pli­can si los com­pa­ra­mos con la cam­paña de aten­ta­dos masi­vos esta­dou­ni­denses que, inten­cio­na­da­mente, mata­ron a cien­tos de miles de civiles en Ale­ma­nia y Japón durante la Segun­da Guer­ra Mun­dial. Aunque esta cam­paña fue mucho más bru­tal que los aten­ta­dos de Madrid, es consi­de­ra­da en gene­ral como algo ‘más acep­table’. La contra­dic­ción exis­tente entre conde­nar a las per­so­nas que pusie­ron las bom­bas en Madrid (fácil) y conde­nar a los aún más san­gui­na­rios pilo­tos ame­ri­ca­nos (no tan fácil, quizás porque a tra­vés de ellos podría­mos encon­trar a nues­tros pro­pios parientes, mi abue­lo por ejem­plo), debería hacer que nos cues­tio­ne­mos si nues­tras conde­nas al ter­ro­ris­mo real­mente tie­nen algo que ver con el respe­to a la vida. Porque no esta­mos luchan­do por un mun­do auto­ri­ta­rio, o uno en el que la sangre sea der­ra­ma­da en concor­dan­cia con cál­cu­los racio­nales ; de modo que los aten­ta­dos de Madrid no supo­nen un ejem­plo para la acción, sino más bien una impor­tante para­do­ja. ¿La gente que intro­du­jo las tác­ti­cas paci­fis­tas ‑que no han demo­stra­do ser efec­ti­vas- para aca­bar con la guer­ra de Irak, real­mente se preo­cu­pa más por la vida huma­na que los ter­ro­ris­tas de Madrid ? Al fin y al cabo, en Irak han sido ase­si­na­dos mucho más de 191 civiles a manos de cada una de las 1300 tro­pas de ocu­pa­ción ins­ta­la­das allí.

Has­ta el momen­to, en el vientre ‑rela­ti­va­mente vul­ne­rable- de la Bes­tia no se ha desar­rol­la­do nin­gu­na alter­na­ti­va al ter­ro­ris­mo que pue­da debi­li­tar de mane­ra sus­tan­cial la ocu­pa­ción. Por lo tan­to, la úni­ca resis­ten­cia real se está dan­do en Irak, donde los Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos están más pre­pa­ra­dos para repri­mir­la ; a cos­ta de las vidas de lxs guer­rillerxs y lxs civiles.

Esto es lo poco que valen las vic­to­rias del paci­fis­mo.

Tam­bién ayu­daría a enten­der el alcance del fra­ca­so de estas ideas, un ejem­plo contro­ver­ti­do pero nece­sa­rio, como es el del Holo­caus­to. Durante casi todo el Holo­caus­to, la resis­ten­cia mili­tante no estu­vo en abso­lu­to ausente, así que pode­mos medir la efi­ca­cia de la resis­ten­cia paci­fis­ta de mane­ra inde­pen­diente. El Holo­caus­to es tam­bién uno de los pocos casos en los que se tiene la luci­dez de ver que la res­pon­sa­bi­li­za­ción de las víc­ti­mas impli­ca un apoyo o al menos una cier­ta empatía hacia el opre­sor, así que las rebe­liones de opo­si­ción no pue­den ser usa­das para jus­ti­fi­car la repre­sión y el geno­ci­dio. Digo esto porque en cual­quier otro caso lxs paci­fis­tas sue­len res­pon­sa­bi­li­zar a las víc­ti­mas de la vio­len­cia auto­ri­ta­ria por haber toma­do el cami­no de la acción direc­ta mili­tante contra esa mis­ma auto­ri­dad. Algun­xs paci­fis­tas han sido tan osadxs como para usar algu­nos ejem­plos de la resis­ten­cia contra los Nazis, tales como la deso­be­dien­cia civil lle­va­da a cabo por lxs danesxs, para suge­rir que la resis­ten­cia no vio­len­ta puede fun­cio­nar inclu­so en las peores condi­ciones. ¿Es real­mente nece­sa­rio remar­car que lxs danesxs, como arios y arias, se enfren­ta­ban a unas conse­cuen­cias muy dis­tin­tas a las que se enfren­ta­ban las prin­ci­pales víc­ti­mas de lxs Nazis ? El Holo­caus­to ter­minó a conse­cuen­cia de la vio­len­cia acor­da­da y apa­bul­lante de los gobier­nos alia­dos, que des­truye­ron el esta­do Nazi. Si bien, para ser hones­tos, habría que decir que se preo­cu­pa­ron mucho más por redi­bu­jar el mapa de Euro­pa que por sal­var las vidas de lxs ciu­da­dan­xs de Roma, de lxs judíxs, les­bia­nas y gays, izquier­dis­tas, pri­sio­nerxs de guer­ra sovié­ticxs y otrxs. Cono­di­do es, por ejem­plo, el caso de lxs sovié­ticxs, que ten­die­ron a selec­cio­nar -“pur­gar”- a lxs pri­sio­nerxs de guer­ra que resca­ta­ban, temien­do que aún no sien­do culpables de deser­tar o ren­dirse, su contac­to con lxs extra­n­jerxs en los cam­pos de concen­tra­ción los hubie­ra conta­mi­na­do ideoló­gi­ca­mente.

Las víc­ti­mas del Holo­caus­to, de todos modos, no fue­ron total­mente pasi­vas. Un gran núme­ro de ellxs empren­die­ron acciones para sal­var vidas y sabo­tear la máqui­na mor­tal nazi. Yehu­da Bauer, quien trató exclu­si­va­mente con las víc­ti­mas judías del Holo­caus­to, docu­men­ta enfá­ti­ca­mente esta resis­ten­cia. Has­ta 1942, “los rabi­nos y otros líderes […] desa­con­se­ja­ron un levan­ta­mien­to (arma­do), pero no acon­se­ja­ron la pasi­vi­dad ; más bien, ‘la resis­ten­cia fue no vio­len­ta’” . Cla­ra­mente, no hizo dis­mi­nuir el geno­ci­dio ni debi­litó a los Nazis de nin­gu­na mane­ra apre­ciable. A prin­ci­pios de 1942, lxs judíxs empe­za­ron a resis­tir de for­ma vio­len­ta, aunque hay todavía muchos ejem­plos de resis­ten­cia no vio­len­ta. En 1943, el pue­blo de Dina­mar­ca ayudó a la mayoría de los países que tuvie­ran una pobla­ción míni­ma de siete mil judíxs, a huir hacia la Sue­cia neu­tral. Ese mis­mo año, el gobier­no, la Igle­sia, y el pue­blo de Bul­ga­ria detu­vie­ron la depor­ta­ción de judíxs en su país. En ambos casos, el rescate de judíxs fue pro­te­gi­do, en últi­ma ins­tan­cia, por las fuer­zas mili­tares, y lxs man­tu­vie­ron a sal­vo gra­cias a las fron­te­ras de un país ‑tan­to en el caso de Sue­cia como el de Bulgaria‑, no ocu­pa­do direc­ta­mente por Ale­ma­nia, en un tiem­po en el que la guer­ra empe­za­ba a ser vis­ta como deso­la­do­ra has­ta por los mis­mos nazis. (A cau­sa del vio­len­to ataque de lxs sovié­ticxs, lxs nazis pasa­ron por alto la frus­tra­ción de sus planes en Sue­cia y Bul­ga­ria como un ‘mal menor’). En 1941, lxs habi­tantes del ghet­to de Vil­nius, en Litua­nia, lle­va­ron a cabo una sen­ta­da masi­va cuan­do los nazis y las auto­ri­dades locales pre­pa­ra­ban su depor­ta­ción. Este acto de deso­be­dien­cia civil retrasó la depor­ta­ción durante un cor­to per­io­do de tiem­po, pero fra­casó en su inten­to de sal­var vidas.

Algu­nos líderes de la Juden­rat, los Conse­jos Judíos esta­ble­ci­dos por los nazis para gober­nar los ghet­tos bajo sus órdenes, com­placían a los nazis en un inten­to de no hun­dir el bar­co, con la espe­ran­za de man­te­ner con vida a tan­tos judíxs como fue­ra posible, al fina­li­zar la guer­ra. (Este es un buen ejem­plo, porque muchxs paci­fis­tas esta­dou­ni­denses, a día de hoy tam­bién creen que si tú hundes el bar­co o cau­sas un conflic­to, estás hacien­do algo malo). Bauer escribe : “Al final, la estra­te­gia fra­casó, y aquellxs que han inten­ta­do usar­la han des­cu­bier­to con hor­ror que se volvían com­pla­cientes con el plan ase­si­no de los Nazis”. Otrxs miem­brxs del Conse­jo Judío fue­ron más valientes, y recha­za­ron abier­ta­mente coope­rar con los Nazis. En Lvov, Polo­nia, el pri­mer pre­si­dente del conse­jo rechazó coope­rar, y fue debi­da­mente ase­si­na­do y reem­pla­za­do. Como Bauer seña­la, la sus­ti­tu­ción fue mucho más satis­fac­to­ria (aunque la obe­dien­cia no les salvó, pues­to que fue­ron for­zadxs a morir en los cam­pos ; en el ejem­plo especí­fi­co de Lvov, el obe­diente sus­ti­tu­to fue ase­si­na­do de todas for­mas tan sólo por la sos­pe­cha de resis­ten­cia). En Borszc­zow, Polo­nia, el pre­si­dente del Conse­jo se negó a cum­plir órdenes nazis, y fue condu­ci­do al cam­po de exter­mi­nio de Bel­zec.

Otros miem­bros del conse­jo usa­ron diver­sas tác­ti­cas, y fue­ron cla­ra­mente más efec­ti­vos. En Kov­no, Litua­nia, fin­gie­ron cum­plir las órdenes ale­ma­nas, pero for­ma­ron parte de la resis­ten­cia en secre­to. Escon­die­ron con éxi­to a lxs niñxs, evi­tan­do su depor­ta­ción, y saca­ron en secre­to a jóvenes hombres y mujeres para que pudie­ran luchar con lxs par­ti­san­xs. En Fran­cia, “ambas sec­ciones del Conse­jo per­te­ne­cie­ron a la clan­des­ti­ni­dad y estu­vie­ron en contac­to constante con la resis­ten­cia […] y contri­buye­ron de for­ma signi­fi­ca­ti­va a sal­var a la mayoría de lxs judíxs del país”. Aún allí donde no toma­ron parte per­so­nal­mente en la resis­ten­cia vio­len­ta, mul­ti­pli­ca­ron inmen­sa­mente sus efec­ti­vos para apoyar a aquellxs que sí lo hicie­ron.

Y tam­bien esta­ban las guer­rillas urba­nas y par­ti­sa­nas que lucha­ban vio­len­ta­mente contra los nazis. En abril y mayo de 1943, lxs judíxs del ghet­to de Var­so­via se alza­ron, tra­fi­ca­ron, roba­ron y fabri­ca­ron armas case­ras. Sete­cien­tos hombres y mujeres lucha­ron durante sema­nas has­ta la muerte, inmo­vi­li­zan­do a miles de tro­pas nazis y otros recur­sos nece­sa­rios para el colap­so del frente orien­tal. Sabían que serían ase­si­nadxs, fue­ran pací­ficxs o no. Rebelán­dose vio­len­ta­mente vivie­ron las últi­mas sema­nas de su vida en liber­tad y resis­ten­cia y redu­je­ron la máqui­na de guer­ra nazi. Otra rebe­lión arma­da estalló en el ghet­to de Bia­lys­tok, Polo­nia, el 16 de agos­to de 1943, y se pro­longó durante sema­nas.

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Las guer­rillas urba­nas tales como el gru­po com­pues­to por judíxs sio­nis­tas y comu­nis­tas en Cra­cko­via, hicie­ron volar con éxi­to trenes de reser­va y raíles, sabo­tea­ron fábri­cas de guer­ra y ase­si­na­ron a ofi­ciales del gobier­no. Judíxs y otros gru­pos par­ti­sa­nos a lo lar­go y ancho de Polo­nia, Che­co­slo­va­quia, Bie­lor­ru­sia, Ucra­nia y los países Bál­ti­cos tam­bién lle­va­ron a cabo actos de sabo­taje en lineas de reser­va ale­ma­nas y com­ba­tie­ron a tro­pas de las SS. En pala­bras de Bauer, “en Polo­nia del Este, Litua­nia y la Unión Sovié­ti­ca occi­den­tal, por lo menos 15000 judíxs par­ti­sa­nos lucha­ron en los bosques, y por lo menos 5000 judíxs no arma­dos vivían allí pro­te­gi­dos ‑toda o bue­na parte del tiem­po- por lxs lucha­dorxs”. En Polo­nia, un gru­po de par­ti­san­xs, lide­radxs por los her­ma­nos Bels­ky, sal­va­ron a más de 1200 mujeres, hombres y niñxs judíxs, en parte lle­van­do a cabo ase­si­na­tos por ven­gan­za contra aquel­los que actua­ron como dela­tores o seña­la­ron a fugi­ti­vos. Simi­lares gru­pos de par­ti­sa­nos en Fran­cia y Bél­gi­ca sabo­tea­ron la infrae­struc­tu­ra de guer­ra, ase­si­na­ron a ofi­ciales nazis y ayu­da­ron a la gente a esca­par de los cam­pos de concen­tra­ción. Sin nom­brar a lxs judíxs comu­nis­tas que hicie­ron des­car­ri­lar un tren que se dirigía a Ausch­witz, y ayu­da­ron a varios cen­te­nares de lxs judíxs que trans­por­ta­ba a esca­par. Durante una rebe­lión en los cam­pos de concen­tra­ción de Sobi­bor en octubre de 1943, lxs resis­tentes ase­si­na­ron a varios ofi­ciales nazis y per­mi­tie­ron esca­par a cua­tro­cientxs de los seis­cientxs reclusxs. Dos días des­pués de la revuel­ta, Sobi­bor fue clau­su­ra­do. Una rebe­lión en Tre­blin­ka, en agos­to de 1943, des­truyó dicho cam­po de concen­tra­ción, y no fue recons­trui­do. Lxs par­ti­ci­pantes de otra insur­rec­ción en Ausch­witz, en octubre de 1944, des­truye­ron uno de los cre­ma­to­rios. Todas estas vio­len­tas revuel­tas redu­je­ron el Holo­caus­to. En com­pa­ra­ción, las tác­ti­cas no vio­len­tas (y, dicho esto, los gobier­nos alia­dos cuyos bom­bar­de­ros podrían fácil­mente haber gana­do Ausch­witz y otros cam­pos) fra­ca­sa­ron al no der­ri­bar o des­truir ni un solo cam­po de exter­mi­nio antes del fin de la guer­ra.

En el Holo­caus­to, y en ejem­plos menos extre­mos que van desde la Índia has­ta Bir­min­gham, hemos vis­to que la no vio­len­cia fra­casó a la hora de empo­de­rar sufi­cien­te­mente a sus segui­dorxs, en tan­to que el uso de una varie­dad de tác­ti­cas sí obtu­vo resul­ta­dos. Dicho de mane­ra simple : si un movi­mien­to no consti­tuye una ame­na­za hacia un sis­te­ma basa­do en la coer­ción y la vio­len­cia cen­tra­li­za­das, y si ése movi­mien­to no rea­li­za y eje­cu­ta el poder que lo convier­ta en una ame­na­za, no podrá des­truir a ese sis­te­ma. En el mun­do actual, los gobier­nos y las empre­sas sos­tie­nen un mono­po­lio casi total del poder, cuyo aspec­to más impor­tante es el uso de la vio­len­cia. A menos que cam­bie­mos las rela­ciones de poder (y, pre­fe­ri­ble­mente, des­truya­mos la infrae­struc­tu­ra y la cultu­ra del poder cen­tra­li­za­do para hacer impo­sible la subyu­ga­ción de la mayoría por una minoría), aquellxs que a menu­do se bene­fi­cian de la ubi­cui­dad de la vio­len­cia estruc­tu­ral, quienes contro­lan los ejér­ci­tos, los ban­cos, las buro­cra­cias y las empre­sas, seguirán deten­tan­do el poder. La élite no puede ser per­sua­di­da a tra­vés de lla­ma­das a su concien­cia. Los pocos indi­vi­duos en el poder que cam­bien de opi­nión serán des­pe­di­dos, sus­ti­tui­dos, reti­ra­dos, desa­pa­re­ci­dos o ase­si­na­dos.

Una y otra vez, la gente que lucha no por una deter­mi­na­da refor­ma sino por la com­ple­ta libe­ra­ción, por la rei­vin­di­ca­ción del control sobre nues­tras pro­pias vidas y el poder para nego­ciar nues­tras pro­pias rela­ciones con la gente y con el mun­do que está a nues­tro alre­de­dor, encon­trará que la no vio­len­cia no fun­cio­na, que afron­ta­mos una estruc­tu­ra de poder que se auto-per­petúa, que es inmune a las lla­ma­das de concien­cia y que es sufi­cien­te­mente fuerte como para dese­char a lxs deso­be­dientes y a lxs que no coope­ran. Debe­mos rei­vin­di­car las his­to­rias de resis­ten­cia para enten­der por­qué hemos fra­ca­sa­do en el pasa­do y cómo, exac­ta­mente, nos plan­tea­mos los limi­ta­dos éxi­tos que conse­gui­mos. Debe­mos tam­bién acep­tar que todas las luchas sociales, excep­to aquel­las lle­va­das a cabo por gente com­ple­ta­mente pací­fi­ca e inefec­ti­va, incluyen una mul­ti­pli­ci­dad de tác­ti­cas. Dán­do­nos cuen­ta de que la no vio­len­cia en rea­li­dad nun­ca ha pro­du­ci­do vic­to­rias que condu­je­ran a obje­ti­vos revo­lu­cio­na­rios, se abre la puer­ta para consi­de­rar seria­mente otros fal­los pre­sentes en la no vio­len­cia.

Peter Gelderloos


Un com­ple­men­to al escri­to pre­ce­dente :

El límite de la opre­sión del gobier­no es la fuer­za que el pue­blo se mues­tra capaz de opo­nerle. Puede haber conflic­to abier­to o latente, pero conflic­to hay siempre, pues­to que el gobier­no no se detiene ante el des­con­ten­to y la resis­ten­cia popu­lar sino cuan­do siente el peli­gro de la insur­rec­ción. Cuan­do el pue­blo se somete dócil­mente a la ley, o la pro­tes­ta es débil y plató­ni­ca, el gobier­no se bene­fi­cia de ello sin preo­cu­parse por las nece­si­dades popu­lares ; cuan­do la pro­tes­ta se vuelve enér­gi­ca, insis­tente, ame­na­za­do­ra, el gobier­no, según sea más o menos ilu­mi­na­do, cede o reprime. Pero siempre se lle­ga a la insur­rec­ción, porque si el gobier­no no cede el pue­blo ter­mi­na rebelán­dose, y si el gobier­no cede el pue­blo adquiere fe en sí mis­mo y pre­tende cada vez más, has­ta que la incom­pa­ti­bi­li­dad entre la liber­tad y la auto­ri­dad se hace evi­dente y estal­la el conflic­to vio­len­to. Es nece­sa­rio entonces pre­pa­rarse moral y mate­rial­mente para que al estal­lar la lucha vio­len­ta el pue­blo obten­ga la vic­to­ria. Esta revo­lu­ción debe ser nece­sa­ria­mente vio­len­ta, aunque la vio­len­cia sea por sí mis­ma un mal. Debe ser vio­len­ta porque sería una locu­ra espe­rar que los pri­vi­le­gia­dos reco­no­cie­ran el daño y la injus­ti­cia que impli­can sus pri­vi­le­gios y se deci­die­ran a renun­ciar volun­ta­ria­mente a ellos. Debe ser vio­len­ta porque la tran­si­to­ria vio­len­cia revo­lu­cio­na­ria es el úni­co medio para poner fin a la mayor y per­pe­tua vio­len­cia que man­tiene en la escla­vi­tud a la gran masa de los hombres. — (frag­men­to 5 del capí­tu­lo I del libro Mala­tes­ta, pen­sa­mien­to y acción revo­lu­cio­na­rios del com­pi­la­dor Ver­non Richards).

193890_PACIFISTA


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