Traduc­ción al español del artí­culo ‘Opti­mism and the Apoca­lyp­se’Para consul­tar la fuente origi­nal haz click AQUÍ. 


De cómo nues­tros meca­nis­mos de defensa cogni­ti­vos nos están conde­nando a la muerte.

La gente más racio­nal, aún con una compren­sión básica del proceso cientí­fico reco­no­cerá que algo anda seria­mente mal. Del cambio climá­tico y la extin­ción en masa de espe­cies, al cria­dero indus­trial y las viola­ciones a los dere­chos huma­nos globales, los sínto­mas deberían ser obvios para cualquier persona lo bastante valiente para mirar. La mayoría incluso admi­tirá que algu­nas pocas déca­das más de “lo mismo de siempre y aquí no pasa nada” nos conde­naría de manera horri­pi­lante a un futuro apocalíp­tico.

Entonces consi­de­rando cuan adver­sos seamos todos – y con razón – al dolor, a la mise­ria y a la muerte, la compren­sión de esto debería proveer­nos de la moti­va­ción sufi­ciente para poner un alto rápido y perma­nente al camino que nos está llevando directo a la coli­sión con el caos, por todos los medios posibles. Lamen­ta­ble­mente , es una eviden­cia que esto no es así. De hecho, no sólo los movi­mien­tos medioam­bien­ta­lis­tas están fallando en preve­nir la tasa acele­ra­dora de destruc­ción, sino que haciendo una revi­sión más de cerca, se hace evidente que en efecto, sigue lo mismo de siempre. ¿Qué está pasando? Tene­mos los hechos, montañas de prue­bas cientí­fi­cas veri­fi­ca­das una y otra vez y los instru­men­tos pode­ro­sos de la razón y la lógica a nues­tra dispo­si­ción – la imple­men­ta­ción de una estra­te­gia eficaz y perma­nente para salvar el planeta debería ser la parte fácil.

El primer problema es que la mayoría de nues­tras solu­ciones y estra­te­gias actuales no se diri­gen o no están reco­no­ciendo siquiera la causa de origen de nues­tros proble­mas – la civi­li­za­ción indus­trial. Si la causa de origen de un problema no es puesta como obje­tivo-blanco, todos los esfuer­zos están obvia­mente conde­na­dos a ser solu­ciones inefi­caces y tempo­rales como mucho.

Disonancia cognitiva
Viñe­tas de Stepha­nie Mcmil­lan, Isabella Banner­man y Foys­ters, tradu­ci­das al español.

Nues­tro segundo problema es que nues­tros constantes fraca­sos para reco­no­cer y poner en prác­tica la única solu­ción realista dispo­nible para noso­tros, yace más allá del alcance de la razón y la lógica, profun­da­mente inte­grada en nues­tros cere­bros animales. Después de todo, somos cria­tu­ras bioló­gi­cas falibles, escla­vos a los proce­sos de selec­ción natu­rales que forja­ron nues­tros compor­ta­mien­tos de super­vi­ven­cia por millones de años. En este caso, los complejos y protec­tores meca­nis­mos de autoen­gaño son los culpables. La reali­dad de que nues­tro estilo de vida que requiere de la destruc­ción sistemá­tica y de la muerte para exis­tir – y que por lo tanto tiene que ser desman­te­lado – es simple­mente para noso­tros algo dema­siado grande de enfren­tar, y las hormo­nas del estrés provo­can una respuesta bioló­gica funda­men­tal para restau­rar la paz mental a toda costa. ¿El resul­tado? Nos afer­ra­mos a las recon­for­tantes falsas espe­ran­zas de las tecno­logías “verdes”, cambiando los hábi­tos perso­nales de consumo, o votando el buen partido polí­tico, y que esto de alguna manera nos salvará.

El escri­tor y acti­vista Derrick Jensen compa­raba esta profunda aver­sión a la vida sin la civi­li­za­ción indus­trial con los sínto­mas de un adición. “Nos hemos hecho tan depen­dientes de este sistema que nos está matando y explo­tando, que se nos ha vuelto casi impo­sible de imagi­nar vivir fuera de él […] Una razón primor­dial por la que muchos de noso­tros no quere­mos ganar esta guerra – o siquiera admi­tir que está pasando – es que mate­rial­mente bene­fi­cia­mos del saqueo y el botín que deja. No estoy real­mente seguro de cuan­tos de noso­tros estarán queriendo olvi­darse de sus automó­viles y celu­lares, duchas calientes y luces eléc­tri­cas, nues­tra tienda de comes­tibles y de ropa. Pero la verdad es que el sistema que conduce a estas cosas, que conduce al progreso tecnoló­gico y a nues­tra iden­ti­dad como seres civi­li­za­dos, nos está destruyendo, y más impor­tante aún, está destruyendo el planeta.”

Llegar a un acuerdo con esta reali­dad es profun­da­mente traumá­tico y deses­ta­bi­li­zante. Estu­dios de IRMF (Imagen por reso­nan­cia magné­tica funcio­nal) han mostrado que esta clase de angus­tia cogni­tiva activa las mismas áreas del cere­bro que se encien­den cuando esta­mos siendo físi­ca­mente lasti­ma­dos: la ínsula y el giro cingu­lado. En un estu­dio estas regiones fueron acti­va­das cuando la gente expe­ri­mentó el recha­za­miento social por parte de cole­gas o amigos. En otro estu­dio estas mismas regiones fueron acti­va­das en la gente que miraba foto­grafías de ex-compañe­ros de romance de los que recien­te­mente se habían sepa­rado. Inves­ti­ga­dores en Italia encon­tra­ron que aún ates­ti­guando el dolor social de otro indi­vi­duo se acti­va­ban respues­tas de dolor simi­lares a través de la empatía.

Nues­tra innata aver­sión al dolor de todo tipo produ­cirá un heroico esfuerzo para mini­mi­zarlo. Pero evitar la angus­tia mental en un mundo donde las reali­dades desa­gra­dables son omni­pre­sentes, inevi­ta­ble­mente pasa­re­mos gastando acti­va­mente la mayor parte de nues­tras vidas censu­rando y alte­rando la entrada de infor­ma­ción que encon­tra­mos. A la primera señal que nues­tras formas de ver el mundo y creen­cias están siendo amena­za­das, nues­tros “siste­mas inmu­noló­gi­cos” mentales comien­zan a trabajar restau­rando la como­di­dad cogni­tiva cambiando los hechos e influyendo en la lógica, trayén­do­nos la paz mental, a un costo severo.

El teórico de la evolu­ción y profe­sor de Harvard Robert Trivers, explora la cien­cia detrás de estos meca­nis­mos de defensa firme­mente inte­gra­dos, en su libro ‘Deceit and Self-Decep­tion’ o ‘El Engaño y el Autoen­gaño’, indi­cando que “esto está más allá del simple error compu­ta­cio­nal, de los proble­mas del submues­treo de mues­tras más amplias, o los siste­mas váli­dos de lógica que de vez en cuando salen mal. Esto es el autoen­gaño, una serie de proce­di­mien­tos influen­cia­dos que afec­tan cada aspecto de adqui­si­ción de la infor­ma­ción y análi­sis. Esto es la defor­ma­ción sistemá­tica de la verdad en cada etapa del proceso psicoló­gico.” Ponién­dolo clara­mente: mani­pu­la­mos la verdad para redu­cir la respon­sa­bi­li­dad perso­nal y vali­dar la inac­ción, conde­nando a nues­tras respues­tas para perma­ne­cer inade­cua­dos e inefi­caces. Trivers señala que, “el sistema psicoló­gico inmu­ni­ta­rio no trabaja repa­rando lo que nos hace infe­lices, sino ponién­dolo en el contexto, racio­na­lizán­dolo, redu­cién­dolo al mínimo y mintiendo sobre ello…El autoen­gaño nos atrapa en el sistema, ofre­ciendo en el mejor de los casos bene­fi­cios tempo­rales mien­tras que se fracasa en diri­girse y resol­ver los verda­de­ros proble­mas.

Cuando se confronta con el verda­dero problema del derrum­ba­miento ecoló­gico que nues­tra cultura está causando, se requiere de mucho autoen­gaño y nega­ción para justi­fi­car la inac­ción y simultá­nea­mente conser­var una imagen de sí mismo que sea ética­mente sana. En estas situa­ciones somos la víctima de los autoen­gaño­sos proce­sos exten­si­va­mente docu­men­ta­dos de tenden­cia a la confir­ma­ción: nues­tra tenden­cia de inter­pre­tar cualquier infor­ma­ción nueva como vali­da­ción para sus actuales creen­cias o teorías. En un ejem­plo, inves­ti­ga­dores de la Univer­si­dad de Michi­gan y la Univer­si­dad del Estado de Geor­gia, encon­tra­ron que cuando la gente que sostenía creen­cias basa­das en la desin­for­ma­ción fue presen­tada con hechos corre­gi­dos, no sólo cambia­ron raras veces sus opiniones, sino que eran propen­sos a volverse incluso más conven­ci­dos de sus incor­rec­tas opiniones.

No tene­mos que ir lejos para ver ejem­plos reales de esto. Cada vez que encon­tra­mos a alguien fumando un cigar­rillo, ates­ti­gua­mos meca­nis­mos de autoen­gaño en tiempo real en acción. Uno simple­mente no puede disfru­tar de una acti­vi­dad mien­tras se está consciente del daño severo que esta le inflige a su cuerpo, entonces la deci­sión de seguir fumando nece­sita ser racio­na­li­zada con las engaño­sas justi­fi­ca­ciones con las que esta­mos fami­lia­ri­za­dos, como: “Soy sola­mente un fuma­dor social,” “lo dejaré antes que sea dema­siado tarde,” “esas cosas no me pasarán a mí.” Las mismas justi­fi­ca­ciones engaño­sas ocur­ren con los nega­cio­nis­tas del cambio climá­tico, los defen­sores de las tecno­logías “verdes”, y todo aquel depen­diente de la espe­ranza que la civi­li­za­ción indus­trial es de algún modo redi­mible, para evitar dejar sus acoge­dores esti­los de vida, mancha­dos de sangre.

Cada pedazo de material utilizado en nuestras cálidas ciudades comportan una huella de destrucción y muerte dejada atrás, cuya existencia es difícil de admitir pero que esta aun allí.
Cada pedazo de mate­rial utili­zado en nues­tras cáli­das ciudades compor­tan una huella de destruc­ción y muerte dejada atrás, cuya exis­ten­cia es difí­cil de ver y admi­tir, pero que sigue allí.

Si quere­mos alguna opor­tu­ni­dad para salvar lo que queda del mundo natu­ral, nece­si­ta­re­mos poner nues­tros egos y ciegos opti­mis­mos a un lado, tomar respon­sa­bi­li­dad y basar nues­tras acciones en la reali­dad. Como escri­bió Jensen en “Beyond Hope” o “Más allá de la espe­ranza”: “cuando para­mos de espe­rar por ayuda externa, cuando deja­mos de espe­rar que la horrible situa­ción en la que esta­mos de algún modo se resuelva, cuando deja­mos de espe­rar que la situa­ción de algún modo no empeore, entonces final­mente somos libres – real­mente libres – para comen­zar a trabajar fran­ca­mente en resol­verla. Yo diría que cuando la espe­ranza muere, la acción comienza.”

Tene­mos que enten­der que la pena y la cólera son emociones normales cuando algo que amamos está siendo amena­zado o destruido. Estas emociones tratan de hablar­nos. Tene­mos que dejar de enter­rar­las en la nega­ción y comen­zar a escu­char, porque ellas nos están diciendo que un límite ha sido atra­ve­sado. Nos están mostrando donde están los límites de una espe­cie para lo que es ética­mente acep­table de hacerle a un planeta entero. Nos expo­nen la direc­ción en la que nues­tros cora­zones quie­ren que vaya­mos, mostrán­do­nos donde es nece­sa­ria la acción  para una verda­dera paz mental. Nece­si­ta­mos estas emociones para darle empuje a nues­tras moti­va­ciones, el empuje para nunca dejar de luchar por lo que amamos, para nunca dejar de luchar por lo que es correcto.

Tene­mos la solu­ción, simple­mente debe­mos poner manos a la obra.

Sebas­tien Carew-Reid


Traduc­ción-Edición: Santiago Perales.

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