Tra­duc­ción al español del tex­to Le men­songe du pro­grès escri­to por Nico­las Casaux.


« El pro­gre­so en nues­tro mun­do será el pro­gre­so hacia el dolor »

— George Orwell

« Dudo que la edad de hier­ro sea super­ior a la edad de pie­dra. »

— Gand­hi

« Sin cesar, el pro­gre­so, rue­da de doble engra­naje, hace fun­cio­nar una cosa aplas­tan­do a alguien. »

— Víc­tor Hugo

« Que­da aún un error muy a la moda, del que quie­ro pro­te­germe como del infier­no. Me estoy refi­rien­do a la idea de pro­gre­so. Ese fanal oscu­ro, inven­ción del filo­so­fis­mo actual, paten­ta­do sin garantías de la Natu­ra­le­za o la Divi­ni­dad, esa lin­ter­na moder­na arro­ja tinie­blas sobre los obje­tos del cono­ci­mien­to ; la liber­tad se des­va­nece, el cas­ti­go desa­pa­rece. Quien quie­ra ver cla­ro en la his­to­ria debe ante todo apa­gar ese pér­fi­do fanal. Esta idea gro­tes­ca, que ha flo­re­ci­do en el podri­do ter­re­no de la fatui­dad moder­na, ha des­car­ga­do a todos de su deber, libe­ra­do a cada alma de su res­pon­sa­bi­li­dad, libe­ra­do a la volun­tad de todos los vín­cu­los que le imponía el amor de lo bel­lo ; y de durar mucho tiem­po esta las­ti­mo­sa locu­ra, las razas menos­ca­ba­das se dor­mirán sobre la almo­ha­da de la fata­li­dad en el sueño senil de la decre­pi­tud.

Este engrei­mien­to es el dia­gnós­ti­co de una deca­den­cia en exce­so visible. Pre­gun­ten a todo buen fran­cés que lee todos los días su per­ió­di­co en su cafetín lo que entiende por pro­gre­so : respon­derá que es el vapor, la elec­tri­ci­dad y la ilu­mi­na­ción a gas, mila­gros des­co­no­ci­dos para los roma­nos, y que estos des­cu­bri­mien­tos tes­ti­mo­nian ple­na­mente nues­tra super­io­ri­dad sobre los anti­guos ; ¡tan­tas nie­blas han hecho en ese infor­tu­na­do cere­bro y de tal mane­ra se han confun­di­do curio­sa­mente las cosas del orden mate­rial y del orden espi­ri­tual ! El pobre hombre está de tal modo ame­ri­ca­ni­za­do por sus filó­so­fos zoó­cra­tas e indus­triales que ha per­di­do la noción de las dife­ren­cias que carac­te­ri­zan a los fenó­me­nos del mun­do físi­co y del mun­do moral, de lo natu­ral y de lo sobre­na­tu­ral.

Dejo de lado la cues­tión de saber si, fra­gi­li­zan­do a la huma­ni­dad en pro­por­ción a los nue­vos goces que le apor­ta, el pro­gre­so inde­fi­ni­do no sería su más inge­nio­sa y cruel tor­tu­ra ; si, pro­ce­dien­do por una por­fia­da nega­ción de sí mis­mo, no sería un modo de sui­ci­dio ince­san­te­mente reno­va­do, y si, encer­ra­do en el cír­cu­lo del fue­go de su lógi­ca divi­na, no se pare­cería al escor­pión que se atra­vie­sa a sí mis­mo con su ter­rible cola, ese eter­no desi­de­ra­tum que pro­duce su eter­na deses­pe­ra­ción. »

— Charles Bau­de­laire

« Me pre­gun­to por qué el pro­gre­so se parece tan­to a la des­truc­ción. »

— John Stein­beck

« El pro­gre­so desi­gna el hecho de acer­carse al lugar adonde se quiere ir. Así, en el momen­to en el que uno se equi­vo­ca de cami­no, seguir avan­zan­do no es pro­gre­sar. Si estás en el cami­no equi­vo­ca­do, el pro­gre­so impli­ca dar media vuel­ta para vol­ver a encon­trar el cami­no cor­rec­to ; en este caso, el pri­mer hombre que desan­da el cami­no, es el más pro­gre­sis­ta. »

— C.S. Lewis

« Pero en los bosques de la India cen­tral y en muchas áreas rurales, se está lle­van­do a cabo una gran batal­la. Mil­lones de per­so­nas están sien­do desa­lo­ja­das de sus tier­ras por com­pañías mine­ras, repre­sas y empre­sas construc­to­ras. Se tra­ta de seres huma­nos que no han sido coop­ta­dos por la cultu­ra del consu­mo ni por las nociones occi­den­tales de civi­li­za­ción y pro­gre­so. Y que luchan por sus tier­ras y sus vidas, y se nie­gan a ser expo­lia­dos para que alguien, en algún lugar, lejos, pue­da « pro­gre­sar » a sus expen­sas. […] Su lucha es una lucha por la ima­gi­na­ción, por la rede­fi­ni­ción del signi­fi­ca­do de civi­li­za­ción, feli­ci­dad, rea­li­za­ción. […] Es por eso que tene­mos que inter­esar­nos de cer­ca por aquel­los cuyo ima­gi­na­rio es dife­rente, por aquel­los cuya ima­gi­na­ción está por fue­ra del capi­ta­lis­mo e inclu­so del comu­nis­mo. Muy pron­to, ten­dre­mos que admi­tir que ellos […] que aún cono­cen los secre­tos de una exis­ten­cia sos­te­nible, no son reli­quias de nues­tro pasa­do, sino guías hacia nues­tro futu­ro. »

— Arund­ha­ti Roy

 

Hace algún tiem­po, según los lugares del mun­do, la exis­ten­cia de la huma­ni­dad no esta­ba regi­da por la guerra[1]. Las desi­gual­dades eran inexis­tentes o muy limi­ta­das. Vivía­mos en gru­pos a esca­la huma­na, rela­ti­va­mente pequeños. Algu­nos, más entre­ga­dos a la reco­lec­ción, otros a la caza y otros a dife­rentes for­mas de hor­ti­cul­tu­ra ; lue­go, tam­bién a la gana­dería, y la mayoría de ellos con una mez­cla de varios de estos medios de sub­sis­ten­cia. El tamaño rela­ti­va­mente pequeño de estos gru­pos huma­nos garan­ti­za­ba una exis­ten­cia comu­ni­ta­ria, es decir, soli­da­ria. Los pro­ble­mas den­tales como la caries, aún eran des­co­no­ci­dos ; nues­tras mandí­bu­las enca­ja­ban per­fec­ta­mente de borde a borde. Nues­tros hue­sos eran mucho más fuertes y nues­tro micro­bio­ma mucho más equi­li­bra­do que hoy [2]. Nues­tra espe­ran­za de vida era de 60 a 70 años, lo que nos ofrecía una vida bas­tante decente[3]. Los ríos esta­ban lim­pios, el aire era puro, los sue­los esta­ban sanos. Abun­da­ban los bosques, así como las pra­de­ras natu­rales. Y así, durante cien­tos de miles de años. Y lue­go, en unas pocas déca­das, o siglos, o mile­nios a lo sumo, depen­dien­do del lugar, todo cam­bió. Hubo pro­gre­so.

Como lo for­mu­la Robert Sapols­ky en su libro Why Zebras Don’t Get Ulcers ? («¿Por qué las cebras no tie­nen úlce­ras ? »): « La agri­cul­tu­ra es un inven­to huma­no bas­tante reciente y, en muchos sen­ti­dos, fue una de las ideas más estú­pi­das de todos los tiem­pos. Los caza­dores-reco­lec­tores podían sobre­vi­vir gra­cias a miles de ali­men­tos sil­vestres. La agri­cul­tu­ra ha cam­bia­do todo esto, crean­do una depen­den­cia abru­ma­do­ra a unas pocas doce­nas de ali­men­tos domes­ti­ca­dos, hacién­do­nos vul­ne­rables al hambre, las inva­siones de lan­go­stas y las pla­gas. La agri­cul­tu­ra ha per­mi­ti­do la acu­mu­la­ción de recur­sos pro­du­ci­dos en sobrea­bun­dan­cia, e, inevi­ta­ble­mente, la acu­mu­la­ción inequi­ta­ti­va ; así la socie­dad se estra­ti­ficó y divi­dió en clases, dan­do naci­mien­to, final­mente, a la pobre­za. »

Aunque se trate de una mera sim­pli­fi­ca­ción — la agri­cul­tu­ra no engen­dró de inme­dia­to la acu­mu­la­ción, ni la pro­pie­dad pri­va­da, ni el esta­do que tuvo su auge varios miles de años des­pués de la adop­ción de dife­rentes for­mas de agri­cul­tu­ra por dife­rentes gru­pos huma­nos — el esque­ma que des­cribe sigue sien­do sufi­cien­te­mente pre­ci­so.

Archi­pié­la­go de Toke­lau

Hace menos de 200 años, el archi­pié­la­go de Toke­lau, al sur del Océa­no Pací­fi­co, donde los huma­nos habían vivi­do por más de 1,000 años, fue colo­ni­za­do por misio­ne­ros cató­li­cos. Has­ta entonces, sus habi­tantes, de len­gua y cultu­ra poli­ne­sia, obtenían su sus­ten­to, entre otras cosas, del pes­ca­do, el coco, las bana­nas, del taro, del árbol del pan y de la papaya. Eran, obvia­mente, com­ple­ta­mente auto-sufi­cientes.

Los hal­laz­gos de una expe­di­ción esta­dou­ni­dense que estu­dió su pobla­ción en 1841, son repro­du­ci­dos en un libro de 1992 titu­la­do Migra­tion and Health in a Small Socie­ty : the Case of Toke­lau (« Migra­ción y salud en una pequeña socie­dad : el caso de los Toke­lau »):

« Esta expe­di­ción concluye en que los habi­tantes que vivían allí eran her­mo­sos y goza­ban de bue­na salud. Parecían pros­pe­rar gra­cias a su « die­ta magra » de pes­ca­do y coco, ya que no había ningún ras­tro visible de agri­cul­tu­ra. Las per­so­nas de ambos sexos esta­ban tatua­das con for­mas geo­mé­tri­cas, con tor­tu­gas y peces. Los nume­ro­sos informes y dia­rios de la expe­di­ción, dan la impre­sión de un pue­blo admi­rable, amable (aunque pru­dente), pací­fi­co, orde­na­do e inge­nio­so. »

Pero, en el trans­cur­so del siglo XX, el modo de vida de los habi­tantes de Toke­lau cam­bió drás­ti­ca­mente. Su pequeño archi­pié­la­go se inte­gró a la socie­dad indus­trial glo­bal, a tra­vés del trans­porte marí­ti­mo y la ins­ta­la­ción de un gene­ra­dor a com­bus­tible en la isla prin­ci­pal. Con « la adop­ción, por parte de los habi­tantes de Toke­lau, de una die­ta más occi­den­tal, la cali­dad de su den­ti­ción se debi­litó dramá­ti­ca­mente. Los ali­men­tos ricos en fibra, como el coco y el árbol del pan, fue­ron reem­pla­za­dos gra­dual­mente por azú­car refi­na­da y hari­na blan­ca, y como resul­ta­do, en el gru­po de 15 a 19 años, la inci­den­cia de caries den­tal se mul­ti­plicó por 8 (de 0–1 a 8 dientes), mien­tras que se cua­dru­plicó en el gru­po de edad de 35 a 44 años (de 4 a 17 dientes), en sólo 35 años. »

Además, si antes su ali­men­to dependía úni­ca­mente de los recur­sos que tenían local­mente, hoy depende de muchos pro­duc­tos impor­ta­dos ‑solían coci­nar sus pla­tos en hojas de plá­ta­no ; hoy, pro­gre­so obli­ga, coci­nan sus pla­tos en hojas de alu­mi­nio, que, por cier­to, no cre­cen en los árboles. Tam­bién impor­tan arroz, gaseo­sas, alco­hol y muchas otras cosas. « Hoy en día, no se puede pres­cin­dir del papel de alu­mi­nio en la coci­na de los mares del Sur ; en otros tiem­pos, la comi­da se envolvía en hojas de plá­ta­no », nos cuen­ta un docu­men­tal de la cade­na tele­vi­si­va Arte sobre el archi­pié­la­go de Toke­lau.

El mis­mo docu­men­tal nos enseña que hoy « el deli­to más fre­cuente es el abu­so de alco­hol entre los menores, aquí la edad legal para consu­mir es de 20 años, pero en gene­ral, los jóvenes comien­zan a beber antes de los 16 años […] En la tien­da del pue­blo, la cer­ve­za está racio­na­da, no hay vino, ni alco­holes fuertes. » El núme­ro 251 de la revis­ta New Inter­na­tio­na­list (un medio de comu­ni­ca­ción sin fines de lucro, espe­cia­li­za­do en dere­chos huma­nos, polí­ti­ca y jus­ti­cia social y ambien­tal, que existe desde hace más de 40 años), de ene­ro de 1994, nos dice que « el alco­ho­lis­mo se ha vuel­to común en el archi­pié­la­go, al igual que la obe­si­dad. »

Como nos lo expli­ca el docu­men­tal de la cade­na Arte, desde que el archi­pié­la­go tiene su pro­pia cen­tral de energía solar (las energías reno­vables, ¿no es genial?!), todos los habi­tantes tie­nen, en sus hogares, tele­vi­sores de pan­tal­la pla­na, smart­phones, table­tas, conge­la­dores y acce­so a inter­net. « Conse­cuen­cia : la gente ve más tele­vi­sión, no sólo los niños ; antes, los gene­ra­dores se apa­ga­ban por la noche, aho­ra los tele­vi­sores per­ma­ne­cen encen­di­dos casi todo el tiem­po. »

Y de aho­ra en más, « cuan­do el bar­co no pasa, los pro­duc­tos vitales [sic] esca­sean, como las cañas de pes­car, la gaso­li­na para las embar­ca­ciones fue­ra de bor­da, el arroz, por no men­cio­nar la cer­ve­za de Samoa ». Pro­duc­tos que, en rea­li­dad, y has­ta hace muy poco, no tenían nada de vital para los habi­tantes.

Peor aún, como si todo el desastre que afec­ta al archi­pié­la­go no fue­ra sufi­ciente, resul­ta que el pes­ca­do, uno de los recur­sos prin­ci­pales de los que algu­na vez depen­die­ron, y que les per­mi­tió vivir en auto­su­fi­cien­cia durante siglos, esca­sea tam­bién. Como segu­ra­mente el lec­tor lo habrá adi­vi­na­do, se tra­ta aquí de la conse­cuen­cia de la pes­ca indus­trial que se ha desar­rol­la­do en la región de Toke­lau. Final­mente, lo mejor de todo, la civi­li­za­ción indus­trial y su eco­nomía glo­ba­li­za­da, de la cual aho­ra son total­mente depen­dientes, cau­sará, muy segu­ra­mente en el trans­cur­so de este siglo, un aumen­to en el nivel de los océa­nos que sumer­girá com­ple­ta­mente sus islas.

En resu­men, una pobla­ción que solía vivir de la pes­ca y la reco­lec­ción, que goza­ba de muy bue­na salud y que se basa­ba úni­ca­mente en los recur­sos locales exis­tentes, que pres­cindía del plás­ti­co, los tele­vi­sores, los smart­phones e Inter­net, del papel alu­mi­nio, los conge­la­dores, la coca-cola, el alco­hol, etc., vio cómo su salud físi­ca y men­tal fue dis­mi­nuyen­do a medi­da que se hacían depen­dientes de todas estas cosas. Y su recur­so vital más impor­tante fue rápi­da­mente des­trui­do.

Este esque­ma de des­truc­ciones sociales, cultu­rales y ecoló­gi­cas, no es un caso ais­la­do. Ha teni­do lugar en todo el mun­do, y aun sigue ocur­rien­do. Algu­nos — inclu­so muchos, ya que esta es la pers­pec­ti­va domi­nante — lo ven como un « pro­gre­so ». Y entre ellos Ste­ven Pin­ker, el autor favo­ri­to de Bill Gates.

En su libro Los ángeles que lle­va­mos den­tro, tra­ta de demos­trar que la vio­len­cia en las socie­dades huma­nas ha dis­mi­nui­do de for­ma consi­de­rable y conti­nua en los últi­mos siglos. Para esto, define la vio­len­cia, pero tam­bién la escla­vi­tud, de mane­ra que sus defi­ni­ciones le per­mi­tan apoyar la idea que inten­ta demos­trar. En su opi­nión, el sala­ria­do no deri­va evi­den­te­mente de la escla­vi­tud. Ni de una for­ma de vio­len­cia impues­ta por una élite al res­to de la pobla­ción. Tam­bién se per­mite des­cri­bir la pre­his­to­ria como una épo­ca muy vio­len­ta, basa­do en una selec­ción de ele­men­tos que orga­ni­za para dar esa impre­sión. Y, sin embar­go, como lo expli­ca­ra cla­ra­mente un docu­men­tal publi­ca­do recien­te­mente en la cade­na Arte, se esta­blece que la guer­ra es un fenó­me­no rela­ti­va­mente nue­vo, sur­gi­do hace unos mile­nios con el adve­ni­mien­to de la civi­li­za­ción[4] de la cual es indi­so­ciable y que la pre­his­to­ria era, según el conjun­to de los des­cu­bri­mien­tos arqueoló­gi­cos, una épo­ca más bien pací­fi­ca[5].

Pero los hechos impor­tan poco para este escri­tor ado­ra­do por los medios de comu­ni­ca­ción (su libro “Los ángeles que lle­va­mos den­tro” ha sido par­ti­cu­lar­mente pro­mo­cio­na­do y elo­gia­do por The New York Times, The Guar­dian, etc.). Y eso es lo que mues­tra, por cier­to, uno de los mejores crí­ti­cos de medios, Edward Her­man — con quien Noam Chom­sky ha co-escri­to “Los guar­dianes de la liber­tad” —, en un libro titu­la­do Rea­li­ty Denial : Ste­ven Pin­ker, Apo­lo­ge­tics for Wes­tern-Impe­rial Vio­lence (« Nega­ción de la rea­li­dad : la apo­lo­gé­ti­ca de Ste­ven Pin­ker en favor de la vio­len­cia occi­den­tal e impe­ria­lis­ta »), en el que der­ri­ba metó­di­ca­mente las fabu­la­ciones de Pin­ker.

Ste­ven Pin­ker for­ma parte de aquel­los que, contra vien­to y marea, continúan glo­ri­fi­can­do y per­pe­tuan­do el mito del pro­gre­so, razón por la cual, es ado­ra­do por los medios de comu­ni­ca­ción y los ultra-ricos que tam­bién continúan ven­dien­do el mito sobre el que se basa la (o más bien “su”, ya que son ellos los prin­ci­pales dueños) ente­ra civi­li­za­ción indus­trial. Ese mito que sugiere que la desa­pa­ri­ción de la increíble diver­si­dad cultu­ral (que sos­tenía muchas for­mas de vida auto-sufi­cientes) en pro­ve­cho de una mono­cul­tu­ra mun­dia­li­za­da, uni­fi­ca­da, estan­da­ri­za­da, cada vez más high-tech, más alie­na­da, más enfer­ma, más des­truc­ti­va, es, todo ello, algo muy posi­ti­vo.

Y Pin­ker no está solo. Ni mucho menos. Adi­vi­nen quién elo­gia los méri­tos del libro del médi­co sue­co Hans Ros­ling, titu­la­do Fact­ful­ness : Ten Rea­sons We’re Wrong About the World and Why Things Are Bet­ter Than You Think (“Fact­ful­ness : Diez razones por las que esta­mos equi­vo­ca­dos sobre el mun­do. Y por qué las cosas están mejor de lo que pien­sas”)? Bill Gates. De nue­vo él. En la por­ta­da del libro de Hans Ros­ling, encon­tra­mos una frase del famo­so mul­ti­mil­lo­na­rio que expli­ca que este libro es « uno de los más impor­tantes » que ha leí­do, « una guía indis­pen­sable para enten­der el mun­do ». ¡Vaya ! Y sin embar­go, la pro­pa­gan­da de Hans Ros­ling es inclu­so más absur­da que la de Pin­ker.

Según él, la huma­ni­dad va cada vez mejor. ¿Por qué ? Porque nues­tra espe­ran­za de vida aumen­ta. Como lo he seña­la­do más arri­ba, la espe­ran­za de vida de nues­tros ante­pa­sa­dos leja­nos no esta­ba para nada mal, contra­ria­mente a lo que sugiere la demo­ni­za­ción del pasa­do sobre la que des­can­sa la ideo­logía domi­nante del pro­gre­so. Además, la espe­ran­za de vida « en bue­na salud » tiende a estan­carse o dis­mi­nuir, de la mis­ma mane­ra, por cier­to, que la espe­ran­za de vida « a secas » en algu­nos países en los últi­mos años (en Fran­cia y los Esta­dos Uni­dos, por ejem­plo). El aumen­to de la espe­ran­za de vida es real, pero lejos está de ser tan impor­tante como muchos creen. Y de todos modos, como Séne­ca lo seña­la­ba en su tiem­po : « Nadie se pre­gun­ta si vive bien, sino más bien si ten­drá sufi­ciente tiem­po para vivir. Sin embar­go, todo el mun­do es dueño de vivir bien, nadie de vivir mucho tiem­po. » Por eso : « Lo esen­cial es una bue­na (y no una lar­ga) vida. »

Si la huma­ni­dad va cada vez mejor, según Hans Ros­ling, tam­bién se debe a que la esco­la­ri­za­ción aumen­ta. Obvia­mente, ante los ojos de aquel­los que han sido for­ma­dos por la ins­ti­tu­ción esco­lar, el aumen­to de la esco­la­ri­za­ción es algo bue­no. Detrás de esta creen­cia, encon­tra­mos una idea según la cual, antes de la inven­ción de la escue­la, la edu­ca­ción no existía : la huma­ni­dad erra­ba, de algu­na mane­ra, en la incons­cien­cia. Encon­tra­mos tam­bién una igno­ran­cia o acep­ta­ción del hecho de que para los líderes esta­tales, « la meta prin­ci­pal en la crea­ción de un cuer­po docente », siempre ha sido el « tener una for­ma de diri­gir las opi­niones polí­ti­cas y morales », como lo escribía Napo­león Bona­parte, uno de los padres de la ins­ti­tu­ción esco­lar, tal como existe hoy en Fran­cia. En 1898, Elwood P. Cub­ber­ley, deca­no de la Escue­la de enseñan­za y edu­ca­ción de la Uni­ver­si­dad de Stan­ford, decla­ra­ba que :

« Nues­tras escue­las son, en cier­to sen­ti­do, fábri­cas en las que las mate­rias pri­mas, los niños, deben trans­for­marse en pro­duc­tos… Las carac­terís­ti­cas de fabri­ca­ción cum­plen con las exi­gen­cias de la civi­li­za­ción del siglo XX, y a la escue­la le cor­res­ponde pro­du­cir estu­diantes de acuer­do a sus nece­si­dades especí­fi­cas. »

La esco­la­ri­za­ción es una de las her­ra­mien­tas prin­ci­pales gra­cias a la cual, la socie­dad indus­trial se per­petúa y mediante la cual la élite fabri­ca los suje­tos que nece­si­ta. Como dice el antropó­lo­go de Yale, James C. Scott [6]:

« Una vez ins­tau­ra­do, el moder­no esta­do-nación empren­dió la tarea de homo­ge­nei­zar su pobla­ción y las prác­ti­cas tra­di­cio­nales locales que se des­via­ban de la nor­ma. En casi todas partes el esta­do pasó entonces a fabri­car una nación : Fran­cia se puso a crear fran­ceses, Ita­lia se puso a crear ita­lia­nos, etc. »

Si la edu­ca­ción es un pro­ce­so inse­pa­rable e intrín­se­co a la exis­ten­cia huma­na, la esco­la­ri­za­ción mar­ca tan sólo el comien­zo de un méto­do per­ju­di­cial, indus­trial y anti­de­mo­crá­ti­co de edu­ca­ción. Un méto­do que ha per­mi­ti­do el adve­ni­mien­to del desastre socio-ecoló­gi­co que todos pode­mos consta­tar, y que per­mite su conti­nua­ción.

Docu­men­tal – Edu­can­do el mun­do : La últi­ma car­ga del hombre blan­co (Schoo­ling the World : The White Man’s Last Bur­den)

Hans Ros­ling afir­ma igual­mente que si la huma­ni­dad va cada vez mejor, es porque se extiende el acce­so a la elec­tri­ci­dad. Como lo hemos vis­to en el caso de los Toke­lau, y como debería­mos enten­der­lo al obser­var nues­tra épo­ca, el acce­so a la elec­tri­ci­dad es más un signo de la desa­pa­ri­ción de cultu­ras huma­nas auto­su­fi­cientes y demo­crá­ti­cas ‑o, al menos, de lo que que­da­ba de las prác­ti­cas demo­crá­ti­cas- y de la inte­gra­ción de sus pobla­ciones a la socie­dad indus­trial glo­ba­li­za­da. La pro­duc­ción indus­trial de elec­tri­ci­dad requiere una orga­ni­za­ción social dema­sia­do com­ple­ja y dema­sia­do exten­sa para ser demo­crá­ti­ca[7], e impli­ca siempre nume­ro­sos daños y des­truc­ciones hacia el mun­do natu­ral. Si el obje­ti­vo es lograr socie­dades huma­nas ver­da­de­ra­mente demo­crá­ti­cas, durables/sostenibles, respe­tuo­sas del mun­do natu­ral, la pro­duc­ción indus­trial de elec­tri­ci­dad y el acce­so a la elec­tri­ci­dad no son de nin­gu­na ayu­da, al contra­rio. Esta creen­cia, según la cual, el acce­so a la elec­tri­ci­dad es sinó­ni­mo de mejo­ra para la huma­ni­dad, se basa tam­bién en una per­cep­ción muy nega­ti­va de nues­tro pasa­do. Como si la exis­ten­cia huma­na, en los últi­mos cien mil años, hubie­ra sido dolo­ro­sa, desa­gra­dable, inde­seable, has­ta el comien­zo de la pro­duc­ción indus­trial de elec­tri­ci­dad, hace aproxi­ma­da­mente un siglo. Inclu­so hoy, algu­nas socie­dades huma­nas que desean per­pe­tuar su modo de vida tra­di­cio­nal, la sub­sis­ten­cia, luchan contra la indus­tria­li­za­ción de la exis­ten­cia que se per­fi­la detrás del acce­so a la elec­tri­ci­dad. Así, los Arhua­cos de Colom­bia, como lo expre­sa Ati Qui­gua, una joven nati­va de esta socie­dad de las mon­tañas de la Sier­ra Neva­da : « Esta­mos luchan­do no para tener rutas o elec­tri­ci­dad – esta visión de auto-des­truc­ción lla­ma­da ‘desar­rol­lo’ es lo que noso­tros esta­mos tra­tan­do de evi­tar ».

Pero hay algo mejor aun. En su libro, Hans Ros­ling pro­pone una lis­ta de 16 indi­ca­dores que mues­tran que las cosas van cada vez mejor, entre las que encon­tra­mos (y no inven­to nada): el aumen­to de la « can­ti­dad de nue­vas pelí­cu­las hechas por año » ( ¡11,000 nue­vas pelí­cu­las en 2016!); el aumen­to de la pro­tec­ción de la natu­ra­le­za (« la parte de la super­fi­cie ter­restre pro­te­gi­da a tra­vés de parques y otras reser­vas »); el aumen­to en el « núme­ro de can­ciones nue­vas gra­ba­das por año » (¡6,210,002 en 2015!); el aumen­to en el « núme­ro de artí­cu­los cientí­fi­cos publi­ca­dos por año » (¡2,550,000 en 2016!); el aumen­to de la pro­duc­ción agrí­co­la gra­cias a la « cose­cha de cereales en miles de kilo­gra­mos por hectá­rea » (¡4 en 2014!); la pro­pa­ga­ción de la demo­cra­cia (la pro­por­ción de la huma­ni­dad que vive en demo­cra­cia fue apa­ren­te­mente del 1% en 1816 contra el 56% en 2015); el aumen­to del « núme­ro de espe­cies moni­to­rea­das » (¡con 87,967 espe­cies moni­to­rea­das en 2017!); el aumen­to del núme­ro de per­so­nas que poseen un telé­fo­no móvil (¡0.0003% de la pobla­ción en 1980 frente al 65% en 2017!); el aumen­to del núme­ro de per­so­nas que uti­li­zan inter­net (0% en 1980 contra 48% en 2017); y por últi­mo, no por eso menos impor­tante, el aumen­to del « núme­ro de gui­tar­ras por mil­lón de habi­tantes » (¡11,000 en 2014!).

La ironía es, por supues­to, que muchos de estos indi­ca­dores, lejos de suge­rir una mejo­ra de la condi­ción huma­na, mues­tran, por el contra­rio, su embru­te­ci­mien­to, su ser­vi­dumbre cada vez mayor al sis­te­ma tec­noló­gi­co glo­ba­li­za­do. Me sor­pren­dió de hecho que no men­cio­na­ra el aumen­to de la can­ti­dad de McDo­nald’s, de la can­ti­dad de zapa­tillas Nike ven­di­das por día, de las horas frente a las pan­tal­las, de los tele­vi­sores por hogar (o de los hogares por tele­vi­sor, según se mire), del núme­ro de canales de tele­vi­sión, etc. Por otro lado, el recur­so al aumen­to del núme­ro de espe­cies moni­to­rea­das como un indi­ca­dor de la mejo­ra de la situa­ción, lla­ma la aten­ción. ¡Alguien tenía que atre­verse a pen­sar en ello ! No decir nada sobre el exter­mi­nio cada vez más rápi­do y exten­di­do de espe­cies (eli­mi­nan­do a razón de 150 a 200 por día según las Naciones Uni­das), pero suge­rir que las cosas van cada vez mejor porque cada vez hay más espe­cies moni­to­rea­das, es algo sor­pren­dente.

En Fran­cia, tene­mos, como en todas partes, nues­tra ración de cela­dores del pro­gre­so. Uno de los que se encuen­tran más de moda en este momen­to, es el filó­so­fo [sic] Michel Serres. Su libro — tam­bién muy apre­cia­do por los medios de comu­ni­ca­ción — C’était mieux avant ! (¡Antes era mejor!), vende las mis­mas estu­pi­deces que Pin­ker y Ros­ling.

Lo que dicen es simple : el confort y las faci­li­dades que ofrece la socie­dad indus­trial, habrían mejo­ra­do la exis­ten­cia huma­na, hacién­do­la más deseable, más agra­dable. Noso­tros deci­mos que se tra­ta de una men­ti­ra gro­tes­ca que apun­ta sim­ple­mente a racio­na­li­zar el sta­tus quo (es nece­sa­rio que, como escla­vos que somos, este­mos satis­fe­chos de nues­tro des­ti­no ; se nos debe per­sua­dir de que todo esto, al fin y al cabo, no es en vano, que tam­bién gana­mos algo con ello).

En el pla­no ecoló­gi­co, el hecho de que la civi­li­za­ción indus­trial sea fun­da­men­tal­mente insos­te­nible y des­truc­ti­va, que pre­ci­pite un bio­ci­dio pla­ne­ta­rio que inevi­ta­ble­mente condu­cirá a su pro­pia auto­des­truc­ción, debería, por sí solo, ser un argu­men­to sufi­ciente. Podría­mos aho­gar al lec­tor con estadís­ti­cas, pro­du­cir grá­fi­cos impre­sio­nantes para cada una, pero conten­té­mo­nos con recor­dar que la civi­li­za­ción está des­truyen­do todo. El aire, el agua, el cli­ma, los bosques, los cam­pos, los sue­los, las espe­cies vivas, todo.

En el pla­no social, su argu­men­to se basa en las mis­ti­fi­ca­ciones orwel­lia­nas habi­tuales : viviría­mos actual­mente en una demo­cra­cia, la vio­len­cia dis­mi­nuiría, las como­di­dades tec­noló­gi­cas mejo­rarían apa­ren­te­mente la vida, y así suce­si­va­mente (la guer­ra es la paz, la igno­ran­cia es la fuer­za…).

Desa­for­tu­na­da­mente, no vivi­mos en una democracia[8]. Lo que B. Tra­ven — el autor favo­ri­to de Ein­stein — escri­bió sobre la liber­tad, tam­bién es váli­do para la demo­cra­cia (las dos están intrín­se­ca­mente vin­cu­la­das): « Cuan­do veo una gigan­tes­ca esta­tua de la liber­tad a la entra­da del puer­to de un gran país, no nece­si­to que me expli­quen qué hay detrás. Si unos se sien­ten obli­ga­dos a gri­tar : ¡Somos un pue­blo de hombres libres!, es úni­ca­mente para ocul­tar el hecho de que la liber­tad ya está arrui­na­da o que ha sido tan recor­ta­da por cien­tos de miles de leyes, decre­tos, orde­nan­zas, direc­ti­vas, regla­men­tos y bas­to­na­zos, que la úni­ca mane­ra de rei­vin­di­car­la es por medio de los gri­tos y voci­fe­ra­ciones, las fan­far­rias y las dio­sas que la repre­sen­tan. »

La vio­len­cia no dis­mi­nuye, por el contra­rio, sim­ple­mente toma for­mas menos espec­ta­cu­lares, pero continúa exten­dién­dose e inva­dien­do nue­vas áreas de exis­ten­cia den­tro de la civi­li­za­ción indus­trial. En pocas pala­bras, hoy, todo lo que la consti­tuye es el pro­duc­to de una o más for­mas de vio­len­cia — bas­ta con consi­de­rar los obje­tos que uti­li­za­mos todos los días para com­pren­der­lo : todos son pro­du­ci­dos en fábri­cas gra­cias a la explo­ta­ción de otros seres huma­nos y con la ayu­da de mate­riales arran­ca­dos al pla­ne­ta de una for­ma u otra ; la mayoría de estos obje­tos ter­mi­nará sien­do dese­chos y un per­jui­cio para el mun­do natu­ral, etc —.

Como decía Orwell, la tec­no­logía no hace que la vida sea mejor :

« La fina­li­dad últi­ma del pro­gre­so mecá­ni­co es avan­zar hacia un mun­do total­mente auto­ma­ti­za­do — es decir, tal vez, un mun­do pobla­do de autó­ma­tas. […] Meca­ni­cen el mun­do a ultran­za, y donde quie­ra que vayan, se toparán con una máqui­na que les impe­dirá cual­quier posi­bi­li­dad de tra­ba­jo, es decir, cual­quier posi­bi­li­dad de vida. […] El pro­gre­so mecá­ni­co, por lo tan­to, tiende a dejar insa­tis­fe­cha la nece­si­dad de esfuer­zo y crea­ción pre­sentes en el hombre. Vuelve inú­til, si no impo­sible, la acti­vi­dad del ojo y de la mano. […] la fina­li­dad lógi­ca del pro­gre­so mecá­ni­co es redu­cir al ser huma­no a una cosa con un cere­bro encer­ra­do en un fras­co ».

Jaime Sem­prun (quien tam­bién fue uno de los tra­duc­tores de Orwell) dice en su exce­lente libro El abis­mo se repue­bla :

« Entre las cosas que la gente no quiere escu­char ni ver, inclu­so cuan­do son dema­sia­do evi­dentes, hay estas dos : todos estos per­fec­cio­na­mien­tos téc­ni­cos, que le han sim­pli­fi­ca­do tan­to sus vidas al pun­to de que casi no que­da nada vivo de ellas, sir­ven para repa­rar algo que ya no es más una civi­li­za­ción ; la bar­ba­rie surge (como de una fuente) de esta vida sim­pli­fi­ca­da, meca­ni­za­da, sin espí­ri­tu […].»

(Por razones de bre­ve­dad y porque ya lo he hecho en otros lugares[9], no me deten­dré aquí en los detalles de la catás­trofe actual, pero me limi­ta­ré a des­ta­car uno de los últi­mos logros del mara­villo­so pro­gre­so : Noso­tros, seres huma­nos, a par­tir de aho­ra caga­mos plás­ti­co[10]).

Dicho esto, si la pers­pec­ti­va de los Pin­ker, los Gates, los Ros­ling, etc., es, en gene­ral, una men­ti­ra, es impor­tante tener en cuen­ta que el pasa­do tam­po­co debe consi­de­rarse en bloque como un paraí­so per­di­do. Antes de la conso­li­da­ción de la civi­li­za­ción indus­trial glo­ba­li­za­da, exis­tie­ron todo tipo de socie­dades, más o menos pobla­das, más o menos auto­ri­ta­rias, más o menos demo­crá­ti­cas, más o menos viables — hubo otras civi­li­za­ciones, igual­mente insos­te­nibles (des­truc­to­ras del mun­do natu­ral), como todas las civi­li­za­ciones.

Pero el hecho es que las cosas no van « cada vez mejor », que la civi­li­za­ción indus­trial no hace que los huma­nos sean más libres o más felices. A menos que recur­ra­mos a una defi­ni­ción absur­da de liber­tad y confun­da­mos la feli­ci­dad con ese indi­ca­dor de la alie­na­ción y de la indus­tria­li­za­ción de la vida que es el IDH. El hecho es que ha habi­do socie­dades huma­nas felices y ver­da­de­ra­mente sos­te­nibles, y no que­da casi nin­gu­na. El hecho es que la depre­sión y el aba­ni­co cada vez mayor de tras­tor­nos psi­coló­gi­cos, y todas las enfer­me­dades lla­ma­das « de civi­li­za­ción », aho­ra epi­dé­mi­cas, y toda for­ma de vio­len­cia e injus­ti­cia con res­pec­to a las mujeres, a los no-blan­cos, a muchas minorías y a los huma­nos y no huma­nos en gene­ral, y la alie­na­ción que resul­ta de una ausen­cia de demo­cra­cia, de una orga­ni­za­ción social auto­ri­ta­ria, son todas, éstas, carac­terís­ti­cas de la civi­li­za­ción indus­trial.

El pro­gre­so es una men­ti­ra que se vuelve más gro­tes­ca y más abyec­ta a cada segun­do, a medi­da que los pro­ble­mas sociales y ecoló­gi­cos empeo­ran, como esta mono­cul­tu­ra, que jamás ha teni­do futu­ro.

Nico­las Casaux

Tra­duc­ción : Pablo López

Revi­sión : San­tia­go Per­ales

PD : El últi­mo libro de Ste­ven Pin­ker, Enligh­ten­ment Now (En defen­sa de la Ilus­tra­ción : Por la razón, la cien­cia, el huma­nis­mo y el pro­gre­so), dice, una vez más, « que noso­tros, seres huma­nos, nun­ca nos hemos por­ta­do tan bien ». Y créase o no, en su por­ta­da encon­tra­mos una cita elo­gio­sa de… nues­tro que­ri­do Bill Gates, nue­va­mente, que dice ser su « nue­vo libro favo­ri­to de todos los tiem­pos ». Idio­tas.


Notas

  1. https://www.monde-diplomatique.fr/2015/07/PATOU_MATHIS/53204
  2. https://partage-le.com/2017/09/une-breve-contre-histoire-du-progres-et-de-ses-effets-sur-la-sante-de-letre-humain/
  3. https://partage-le.com/2016/03/les-chasseurs-cueilleurs-beneficiaient-de-vies-longues-et-saines-rewild/
  4. https://partage-le.com/2018/08/aux-origines-des-civilisations-une-fiction-au-service-de-lelite-par-ana-minski/
  5. https://www.youtube.com/watch?v=144xKbgv8iI & https://www.youtube.com/watch?v=gLr_FDfZc_8
  6. https://partage-le.com/2015/12/la-estandarizacion-del-mundo-el-enemigo-jurado-del-anarquista-james-c-scott/ 
  7. Cette ques­tion de la taille, cru­ciale, est entre autres dis­cu­tée dans le livre Une ques­tion de taille d’Olivier Rey., https://partage-le.com/2018/12/la-tecnologia-un-caballo-de-troya-wolfgang-sachs/
  8. https://partage-le.com/2018/08/de-la-royaute-aux-democraties-modernes-un-continuum-antidemocratique-par-nicolas-casaux/
  9. Notam­ment ici : https://partage-le.com/2017/12/8414/ , https://partage-le.com/2019/02/somos-demasiado-pesimistas-o-son-incapaces-de-reconocer-el-horror-por-nicolas-casaux/
  10. https://www.lemonde.fr/pollution/article/2018/10/23/des-microplastiques-detectes-dans-les-excrements-humains_5373101_1652666.html
  11. https://partage-le.com/2015/02/1084/
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