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Der­rick Jen­sen (naci­do el 19 de diciembre de 1960) es un escri­tor y acti­vis­ta eco­lo­gis­ta esta­dou­ni­dense, par­ti­da­rio del sabo­taje medioam­bien­tal, reside en Cali­for­nia. Ha publi­ca­do varios libros muy crí­ti­cos con res­pec­to a la socie­dad  contem­porá­nea y de sus valores cultu­rales, entre los que encon­tra­mos The Culture of Make Believe (2002), End­game Vol1&2 (2006) y A Lan­guage Older Than Words (2000).

Más infor­ma­ción sobre la esfe­ra de influen­cia sobre la visión del mun­do de Der­rick Jen­sen, en éste su exce­lente docu­men­tal titu­la­do  END : CIV (FIN : CIV), dis­po­nible en ver­sión ori­gi­nal con subtí­tu­los al Fran­cés hacien­do clic aquí.

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Hubo un tiem­po en el que el movi­mien­to eco­lo­gis­ta obra­ba para pro­te­ger el mun­do natu­ral de la insa­ciable exi­gen­cia de esta cultu­ra extrac­ti­vis­ta. Una parte del movi­mien­to todavía tra­ba­ja en ello : alre­de­dor del mun­do, acti­vis­tas de ter­re­no y sus orga­ni­za­ciones luchan deses­pe­ra­da­mente con el fin de sal­var tal o tal cria­tu­ra, tal o tal plan­ta u hon­go, tal o tal lugar, y todo por amor.

Com­pa­re­mos esto a lo que cier­tos acti­vis­tas lla­man ; el com­ple­jo conser­va­dor-indus­trial — grandes gru­pos eco­lo­gis­tas, enormes fun­da­ciones « medioam­bien­ta­lis­tas », neo-medioam­bien­ta­li­tas, algu­nos uni­ver­si­ta­rios — que han coop­ta­do una gran parte del movi­mien­to hacia la « sus­ten­ta­bi­li­dad » , una pala­bra cuyo sen­ti­do se per­dió y que hoy signi­fi­ca, « hacer de tal mane­ra que esta cultu­ra continúe el más lar­go tiem­po posible ». En lugar de pro­te­ger nues­tra sola y úni­ca casa, estos tra­tan de « apoyar » esta mis­ma cultu­ra que está matan­do el pla­ne­ta. Y a menu­do son muy explí­ci­tos en sus prio­ri­dades.

 

A propó­si­to del com­ple­jo conser­va­dor-indus­trial

Por ejem­plo, la reciente « car­ta abier­ta a los medioam­bien­ta­lis­tas sobre la energía nuclear », fir­ma­da por un cier­to núme­ro de uni­ver­si­ta­rios, bió­lo­gos y otros miem­bros del com­ple­jo conser­va­dor-indus­trial, decla­ra la pro­duc­ción de energía a par­tir de la energía nuclear « sus­ten­table » y expli­ca que en razón del calen­ta­mien­to glo­bal, la energía nuclear jue­ga un « rol clave » en la « conser­va­ción mun­dial de la bio­di­ver­si­dad ». Su ente­ra argu­men­ta­ción está basa­da en la hipó­te­sis según la cual la uti­li­za­ción indus­trial de la energía es, como lo dice Dick Che­ney, no nego­ciable — a tomar­lo como un dato inmu­table -. ¿Y para qué ser­virá esta energía ? Para conti­nuar la extrac­ción y la trans­fe­ren­cia – para conver­tir las ulti­mas cria­tu­ras vivientes y sus comu­ni­dades en mer­cancías muer­tas.

Su car­ta dice que debería­mos dejar­nos guiar por “prue­bas obje­ti­vas”. El reco­no­ci­mien­to de esque­ma es un signo de inte­li­gen­cia : expon­ga­mos un esque­ma y vea­mos si pode­mos reco­no­cer­lo en los 10 000 últi­mos años. Cuan­do usted pien­sa en Irak, ¿le hace pen­sar en bosques de cedros tan den­sos que la luz no puede alcan­zar el sue­lo ? Eso era el caso antes del adve­ni­mien­to de esta cultu­ra. El Medio Oriente era un bosque. Áfri­ca del Norte era un bosque. Gre­cia era un bosque. Todos fue­ron cor­ta­dos con el fin de sos­te­ner a esta cultu­ra. Los bosques nos pre­ce­den y los desier­tos nos siguen. Había tan­tas bal­le­nas en el Atlán­ti­co que repre­sen­ta­ban un peli­gro para los bar­cos. Había tan­tos bisontes en las grandes pra­de­ras que usted podía pasar 4 días miran­do des­fi­lar la mis­ma mana­da. Había tan­tos sal­mones en el Paci­fi­co Noroeste que usted podía oír­los horas antes de su lle­ga­da. La prue­ba no es sola­mente “obje­ti­va” sino abru­ma­do­ra : esta cultu­ra desan­gra la Tier­ra de su agua, del sue­lo, de sus espe­cies y del pro­ce­so de vida en sí, has­ta redu­cir­lo todo a pol­vo.

Los com­bus­tibles fósiles han ace­le­ra­do esta des­truc­ción, pero estos no la han cau­sa­do y pasar de los com­bus­tibles fósiles a la energía nuclear (o a las eóli­cas) no va a parar abso­lu­ta­mente nada. Puede ser que tres gene­ra­ciones de huma­nos pue­dan cono­cer este nivel de consu­mo, pero una cultu­ra basa­da en la extrac­ción no tiene futu­ro. Los bió­lo­gos de la conser­va­ción deberían ser los que mejor entien­dan que el extrac­ti­vis­mo no puede durar y que no debería tomarse como un cono­ci­mien­to u adqui­si­ción en tér­mi­nos de polí­ti­ca econó­mi­ca – y todavía menos como modo de vida — .

Esta­mos más que a tiem­po para que aquel­los de entre noso­tros cuya leal­tad reside con las plan­tas, los ani­males sal­vajes y los lugares, reto­men las rien­das del movi­mien­to de las manos de los que uti­li­zan su retó­ri­ca para apoyar un ace­le­ra­do eco­ci­dio. Esta­mos más que a tiem­po para que enten­da­mos que un modo de vida extrac­ti­vis­ta nun­ca tuvo futu­ro y solo puede ter­mi­nar en der­rum­ba­mien­to bió­ti­co. Cada día esta cultu­ra extrac­ti­vis­ta conti­nua y 200 espe­cies ensom­bre­cen en las penum­bras de la extin­ción. Res­ta muy poco tiem­po para parar la des­truc­ción y comen­zar a repa­rar. Y la repa­ra­ción es todavía posible : las pra­de­ras, por ejem­plo, son tan com­pe­tentes en su capa­ci­dad de alma­ce­nar car­bo­no que res­tau­ran­do el 75 % de las pra­de­ras del pla­ne­ta, la tasa atmos­fé­ri­ca de CO2 podría recaer por deba­jo de los 330 ppm en menos de 15 años. Esto tam­bién per­mi­tiría la res­tau­ra­ción de hábi­tats para un núme­ro incal­cu­lable de cria­tu­ras. Los mis­mos argu­men­tos pue­den ser pro­pues­tos a propó­si­to de la refo­res­ta­ción. O, se debe saber que por las 450 – y más – zonas muer­tas de los océa­nos, sola­mente una ha sido res­tau­ra­da y por si mis­ma. ¿Como ? La caí­da del Impe­rio Sovié­ti­co hizo impo­sible la agri­cul­tu­ra en la región cer­ca­na al Mar Negro : con la desa­pa­ri­ción de la acti­vi­dad des­truc­to­ra, la zona muer­ta desa­pa­re­ció y la vida hizo su regre­so. Real­mente es tan simple como eso.

Se pen­saría que los que pre­ten­den mor­ti­fi­carse por la bio­di­ver­si­dad ado­rarían tales « prue­bas obje­ti­vas ». Pero en lugar de eso, el com­ple­jo conser­va­dor-indus­trial pro­mueve la energía nuclear (o las eóli­cas). ¿Por­qué ? Porque res­tau­rar las pra­de­ras y los bosques y des­man­te­lar los impe­rios no pega al pro­gra­ma extrac­ti­vo de los señores del mun­do.

Esto, así como otras ten­ta­ti­vas de racio­na­li­za­ción de medios cada vez más deses­pe­ra­dos que per­mi­ten conti­nuar impul­san­do a esta cultu­ra des­truc­ti­va, dan cla­ro tes­ti­mo­nio de la demen­cia. El pro­ble­ma fun­da­men­tal al cual nos enfren­ta­mos como eco­lo­gis­tas y como seres huma­nos no es la bús­que­da de nue­vas fuentes de energía que per­mi­tan que esta des­truc­ción continúe todavía un poco más, sino de ¡ponerle fin!. La ampli­tud de la impor­tan­cia sobre­pa­sa el racio­ci­nio. Mon­tañas se der­rum­ban. Los océa­nos mue­ren. El cli­ma mis­mo ha sido toca­do y son nues­tros hijos que des­cu­brirán si no es que sin espe­ran­za. La úni­ca cer­ti­tud es que nues­tra sola y úni­ca casa, que antes rebo­sa­ba de vida en constante expan­sión, no será más que una simple pie­dra si no hace­mos nada.

Noso­tros, los fir­mantes, no hace­mos parte del com­ple­jo conser­va­dor-indus­trial. Muchos de noso­tros somos acti­vis­tas eco­lo­gis­tas de toda la vida. Cier­tos de entre noso­tros son indí­ge­nas cuyas cultu­ras viven real­mente de mane­ra sus­ten­table y respe­tuo­sa de todas nues­tras rela­ciones desde mucho antes que esta cultu­ra domi­nante comen­za­ra a explo­tar el pla­ne­ta. Pero todos somos seres huma­nos que admi­ten ser ani­males y que como los demás, tie­nen nece­si­dad de un hábi­tat vivible en un pla­ne­ta vivo. Y noso­tros ama­mos a los sal­mones y a los per­ri­tos de la pra­de­ra y a las gavio­tas negras y a la natu­ra­le­za sal­vaje, más que a este modo de vida.

La eco­logía no se tra­ta de ais­lar a esta cultu­ra de las conse­cuen­cias de sus acti­vi­dades des­truc­to­ras del mun­do. Tam­po­co se tra­ta de tra­tar de per­pe­tuar esas acti­vi­dades des­truc­ti­vas del mun­do. Noso­tros nos rea­pro­pia­mos la eco­logía para pro­te­ger al mun­do de esta cultu­ra.

Y aún más impor­tante, nos rea­pro­pia­mos esta Tier­ra, que es nues­tra úni­ca casa y la saca­mos de las gar­ras de esta cultu­ra des­truc­to­ra. Ama­mos esta Tier­ra y defen­de­re­mos a nues­tra bien ama­da.

Der­rick Jen­sen


Tra­duc­ción ; San­tia­go Per­ales

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