Traduc­ción al español del texto “Voyons-nous les « choses en noir » ou sont-ils inca­pables de voir l’hor­reur en face?”


“Lo que constato son los estra­gos actuales; es la espan­tosa desa­pa­ri­ción de espe­cies vivas, tanto plan­tas como animales; y el hecho de que, por su misma densi­dad actual de pobla­ción, la espe­cie humana vive como bajo un régi­men de enve­ne­na­miento interno – si puedo decirlo -. Y pienso, en el presente y en el mundo en el que estoy a punto de termi­nar mi exis­ten­cia : no es un mundo que me guste”

— Claude Lévi-Strauss (En una emision para France 2 – 17/02/2005).

Odio mi época con todas mis fuer­zas, en ella el hombre se muere de sed.”

— Antoine de Saint-Exupéry

Si no llama­mos a un gato por lo que es, un gato, o sea, si no llama­mos a las cosas por su nombre, mini­mi­zando, rela­ti­vi­zando, acomodán­dose, sin ir al fondo de estas, olvi­dando, colec­ti­va­mente, nos acos­tum­bra­mos poco a poco y de forma dócil a un verda­dero infierno. No es una discu­sión fácil, pero es una discu­sión vital :

Hace algu­nos días, el lunes 27 de noviembre del 2017 exac­ta­mente, la Scien­ti­fic Ameri­can, una revista mensual de divul­ga­ción cientí­fica esta­dou­ni­dense, publi­caba un artí­culo escrito por un doctor y psicó­logo de niños de la escuela de medi­cina de Harvard, Jack Turban, inti­tu­lado « Nice Brains Finish Last[1] » (Los cere­bros gentiles llegan los últi­mos). Como subti­tulo escribía : « un estu­dio sugiere que los cere­bros más “proso­ciales” son los más expues­tos a la depre­sión ». La proso­cia­li­za­ción desi­gnando « al conjunto de conduc­tas inten­cio­nales y volun­ta­rias diri­gi­das con un propo­sito de ayudar o apor­tar un bene­fi­cio al projimo. »

El artí­culo comen­zaba de la siguiente forma :

« A todos nos gusta pensar que ser gentil, respon­sable y justo procura una vida feliz. Pero ¿qué tal si esta­mos equi­vo­ca­dos? ¿Y si en reali­dad la gente buena es la más desa­ven­tajada? Un nuevo estu­dio publi­cado en Nature Human Beha­vior sugiere que aquel­los que en lo profundo de sus cere­bros se preo­cu­pan por la equi­dad econó­mica, tienen más proba­bi­li­dades de sufrir depre­sión. Los que prefie­ren tenerlo todo para si mismos tien­den a ser más felices. »

El resto del texto detalla el estu­dio en cues­tión. Al final, Jack Turban se formula la siguiente pregunta :  « ¿No hay espe­ranza para los “proso­ciales”? » A la que responde que no, que los proso­ciales podrían reci­bir ayuda, cura­ción, de alguna manera, a fin de contro­lar su proso­cia­li­dad (« contro­lar sus emociones) », espe­cial­mente por medio de una psico­te­ra­pia. Y más preci­sa­mente, por medio de una tera­pia cogni­tivo-compor­ta­men­ta­lista, para que puedan lograr « contro­lar mejor sus reac­ciones frente a la iniqui­dad ».

Ninguna mención sobre del hecho de que los « proso­ciales » quizás estén comple­ta­mente sanos mental­mente y que el problema se sitúe más bien del lado de la orga­ni­za­ción polí­tica y econó­mica domi­nante, hoy globa­li­zada, que se sitúe del lado del capi­ta­lismo de Estado y de la civi­li­za­ción indus­trial, del lado de la socie­dad comer­cial y tecnoló­gica.

A todos los efec­tos útiles, hay que recor­dar que la pres­ti­giosa revista Scien­ti­fic Ameri­can perte­nece a la muy lucra­tiva co-empresa (Volu­men de nego­cios : 1,5 billones de euros) formada por la asocia­ción de dos pesos pesa­dos de la finanza, el Holtz­brinck Publi­shing Group y el fondo de inver­sion BC Part­ners.

Este pésimo artí­culo a fin de cuen­tas no nos enseña nada nuevo, sino que expone una reali­dad funda­men­tal de la socie­dad indus­trial y del capi­ta­lismo : en esta, la gente buena está conde­nada a sufrir. La socie­dad indus­trial capi­ta­lista es un sistema que desa­lienta y quebranta las acti­tudes altruis­tas, gene­ro­sas, y que recom­pensa los malos compor­ta­mien­tos, los compor­ta­mien­tos inhu­ma­nos y anti­so­ciales, aquel­los que corres­pon­den a la socio­patía – un artí­culo publi­cado[2] por la Scien­ti­fic Ameri­can en el 2012 exponía el hecho que la riqueza es inver­sa­mente propor­cio­nal a la empatía, otra forma para decir que los ricos son socio­pa­tas.

Esta reali­za­ción debe todo menos llevar­nos a tratar de « curar » a aquel­los que presen­tan un carác­ter proso­cial como si estos estu­vie­ran enfer­mos. A menos que no consi­de­re­mos – al contra­rio de Krish­na­murti – que sea deseable estar bien adap­ta­dos a una socie­dad profun­da­mente insana.

Puerto de Rotter­dam, 2011 (foto: Edward Burtynsky)

***

En un magni­fico ensayo[3] inti­tu­lado « Resis­tan­cia y acti­vismo : enten­der la depre­sión gracias a la ecopo­si­co­logía », Will Falk, abogado y mili­tante ecolo­gista esta­dou­ni­dense, escribe :

« Soy un acti­vista ecolo­gista. Sufro de depre­sión. Ser un acti­vista con depre­sión me pone en un problema irre­con­ci­liable: La destruc­ción del mundo natu­ral crea estrés que exacerba a la depre­sión. El cese de la destruc­ción del mundo natu­ral podría aliviar el estrés que siento y, entonces, curar la depre­sión. Sin embargo, actuar para parar la destruc­ción natu­ral me expone a un gran estrés que, una vez más, exacerba la depre­sión.

Ya sea que las destruc­ciones persis­tan, entonces estoy expuesto al estrés y me mantengo depre­sivo. O, me uno a los que están resis­tiendo a la destruc­ción, me expongo al estrés y me mantengo depre­sivo.

Depri­mido si no hago nada, depri­mido si actúo. Decido luchar. »

En seguida, se pregunta :

« Mien­tras nues­tros hábi­tats se hayan al borde de la destruc­ción, que el horror envuelve nues­tra expe­rien­cia coti­diana, que la protec­ción de la vida exige que afron­te­mos tales horrores, ¿la elimi­na­ción del estrés es posible? ¿Es honesto adap­tarse a esta situa­ción? »

Después aporta la siguiente respuesta :

« La ecop­si­co­logía explica que la elimi­na­ción del estrés es impo­sible en el periodo ecoló­gico actual. La psico­logía siendo el estu­dio de la mente, y la ecología el estu­dio de las rela­ciones natu­rales que crean la vida, la ecop­si­co­logía expone la impo­si­bi­li­dad de estu­diar la mente fuera de estas rela­ciones natu­rales y nos alienta a exami­nar los tipos de rela­ciones nece­sa­rias para que la mente pueda estar real­mente sana. Por medio de la obser­va­ción de la depre­sión a través del prisma de la ecop­si­co­logía pode­mos expli­carla como el resul­tado de proble­mas dentro de nues­tras rela­ciones con el mundo natu­ral. La depre­sión no se puede curar si estas rela­ciones no son repa­ra­das. »

Falk nos recuerda en seguida que :

« Los huma­nos civi­li­za­dos enve­ne­nan el aire y el agua, modi­fi­can el espa­cio, asesi­nan las espe­cies, destruyen los hongos, las flores y los arboles, conta­mi­nan las célu­las, hacen mutar a las bacte­rias y conde­nan a las leva­du­ras. En resu­men, amena­zan la capa­ci­dad del planeta para hospi­tal la Vida. Los civi­li­za­dos destruyen no solo a aquel­los de los cuales depen­de­mos, con los que nece­si­ta­mos estar rela­cio­na­dos, sino que destruyen del mismo modo la posi­bi­li­dad que esas rela­ciones puedan exis­tir en el futuro. Cada lengua autóc­tona perdida, cada espe­cie empujada a la extin­ción, cada hectá­rea de bosque talado, es una rela­ción conde­nada hoy y para siempre.

Viviendo hones­ta­mente en esta reali­dad, nos queda­mos expues­tos, nos abri­mos a la depre­sión. […]

En el mundo civi­li­zado, el dolor y el trauma son el reflejo de un número incal­cu­lable de fenó­me­nos. La destruc­ción se ha vuelto tan total que la concien­cia ne encuen­tra ningún lugar donde se pueda relajar, no hay lugar preser­vado de los estig­mas de la violen­cia. »

Y concluye :

« Acep­tar la natu­ra­leza inmu­table de la depre­sión me alivia de buscar un trata­miento. La búsqueda perso­nal de un trata­miento es rápi­da­mente trans­for­mada en reque­ri­miento a estar mejor. Este reque­ri­miento se tras­forma en senti­miento de fracaso al mismo tiempo que los sínto­mas de la depre­sión se inten­si­fi­can. Mien­tras el mundo arde, el estrés que esta en el origen de la depre­sión todavía se encuen­tra presente. Puedo prote­germe eficien­te­mente de esta depre­sión durante un tiempo, pero la violen­cia a estas altu­ras es total, el trauma es tan evidente que habrán momen­tos en los que el estrés sobre­pa­sará mis defen­sas. Este no es un fracaso perso­nal y no es mi culpa. Me bato con el máximo esfuerzo posible, pero todavía no podré siempre ganar.

Lo más impor­tante es que esta acep­ta­ción hace de mi un mejor mili­tante. No puedo sepa­rar mi exis­ten­cia de los innu­me­rables huma­nos y no-huma­nos que hacen posible esta expe­rien­cia. Afor­tu­na­da­mente la ecop­si­co­logía me ofrece un léxico para poder hablar de las rela­ciones que crean esta expe­rien­cia. Enten­der que este omni­pre­sente estrés produ­cido por la destruc­ción sisté­mica de las rela­ciones que hacen de noso­tros huma­nos es lo que se encuen­tra en el origen de mi depre­sión, me libera de la voz que me dice que mi depre­sión es por mi culpa.[…]

Quizás no escu­cha­re­mos a la Vida pronun­ciar las pala­bras :« Paren la destruc­ción ». Pero los lenguajes de la Vida son tan diver­sos como las expe­rien­cias físi­cas. El dolor de la depre­sión es una expe­rien­cia física, por consi­guiente la Vida habla a través de la depre­sión. Este dolor me perse­guirá por el resto de mis días. La vida continúa hablando. Nos dice :« ¡Resis­tan! » »

***

Ademas de impul­sar y recom­pen­sar a los compor­ta­mien­tos anti­so­ciales entre sus propios miem­bros (por medio del funcio­na­miento normal de sus insti­tu­ciones, la economía de mercado, del capi­ta­lismo de Estado), la civi­li­za­ción indus­trial aniquila a los pueblos indí­ge­nas que siguen subsis­tiendo hoy en día (como lo anun­cia la ONU, de manera imper­so­nal y auto-descul­pa­bi­li­za­dora : « las cultu­ras autóc­to­nas actuales están amena­za­das de extin­ción en muchas regiones del mundo  ») así como a todos los biomas del planeta. A tal punto que se reco­noce ahora, incluso en las insti­tu­ciones y los medios domi­nantes, que esta socie­dad está produ­ciendo una sexta extin­ción en masa (otra manera de decir que la civi­li­za­ción está masa­crando alegre­mente a todas las espe­cies vivientes).

Y no obstante, segui­mos encon­trando, incluso en el seno de las esfe­ras mili­tares, o las esfe­ras rela­ti­va­mente conscientes de lo que ocurre, un cierto número de indi­vi­duos que maqui­nal­mente van a carac­te­ri­zar de « dema­siado nega­tivo », « dema­siado sombrío », « pesi­mis­tas », a quel­los discur­sos que no hacen más que pronun­ciar hechos reales compro­ba­dos. Aquel­los que tendrán la desgra­cia de rela­cio­nar entre si a algu­nas de las atro­ci­dades en curso (puesto que es impor­tante llamar las cosas por su nombre, y poder cali­fi­car de otro modo al etno­ci­dio, o sea, un ecoci­dio, etc.) serán acusa­dos de « ver solo el lado oscuro de las cosas », « ver todo de color negro » .

***

La huma­ni­dad indus­trial tiene tan poco respeto y amor por sus propios hijos (o tanto despre­cio) que ha puesto en marcha un sector publi­ci­ta­rio cali­fi­cado aveces como « marke­ting infan­til » desi­gnando « los proce­sos utili­za­dos por las empre­sas para condi­cio­nar a los niños al consumo » ; proce­sos que apun­tan a utili­zar las carac­terís­ti­cas psicoló­gi­cas de los niños, incluida su inocen­cia, para venderles montañas de basu­ras toxi­cas que produ­cen dife­rentes indus­trias, todas más anti-ecoló­gi­cas y anti-sociales las unas de las otras. La huma­ni­dad indus­trial tiene tan poco respeto y de amor por sus propios hijos (o tanto despre­cio) que el alimento – espi­ri­tual (educa­ción) y mate­rial (comida) – que esta les provee no es más que un susti­tuto toxico de lo que este alimento pudo o podría ser.

Los inver­na­de­ros de Almería en España (foto : Edward Burtynsky)

Las adver­ten­cias cada vez más nume­ro­sas de los cientí­fi­cos (cf. el reciente llamado de 15 000 cientí­fi­cos) se suce­den, las confe­ren­cias climá­ti­cas también, al mismo tiempo que la explo­ta­ción de los combus­tibles fósiles y las emisiones de CO2 no hacen más que aumen­tar [4] (esta previsto [5] que continúe esta tenden­cia hasta el 2040) y con ella el calen­ta­miento global y sus conse­cuen­cias que pode­mos ver que serán a la vez más graves y más nume­ro­sas de lo que imaginá­ba­mos. La socie­dad de consumo indus­trial en expan­sión perpe­tua está cance­rando una porción cada vez mayor del planeta. La huma­ni­dad indus­trial ahoga al mundo entero en sus herbi­ci­das, insec­ti­ci­das y pesti­ci­das (el gliso­fato fue auto­ri­zado por la UE por 5 años más). Los dese­chos nucleares se acumu­lan ( aveces en el fondo marino oceá­nico, en avalan­chas de barcos hundi­dos de forma grotesca, por cuenta y ries­gos de todos noso­tros, por una mafia que admi­nis­tra los dese­chos, alre­de­dor del « millón y medio de tone­la­das quími­cas no utili­za­das que yacen en los fondos mari­nos del planeta »)[6]. Ademas de los produc­tos que termi­nan en -cida, los pertur­ba­dores endo­cri­nos produ­ci­dos por la huma­ni­dad indus­trial, masi­va­mente disper­sa­dos, conta­mi­nan desde ahora, la casi tota­li­dad de los entor­nos natu­rales y atacan la salud de los seres huma­nos[7] (« dismi­nu­ción del QI, distur­bos del compor­ta­miento y autismo ») así como la de todos los seres vivos.

Un artí­culo reciente publi­cado en la página del diario Les Echos expone otra catás­trofe mayor de nues­tro tiempo :

« En el trans­curso de los últi­mos años, un billón de hectá­reas de tier­ras fértiles, el equi­va­lente de la super­fi­cie de los Esta­dos Unidos, se esfu­ma­ron lite­ral­mente. Y la orga­ni­za­ción de las Naciones Unidas para la alimen­ta­ción (FAO) se preo­cupa del avenir de las super­fi­cies restantes. En un informe de 650 pagi­nas, publi­cado en diciembre con motivo de la clau­sura del Año inter­na­cio­nal de los suelos, en el se constata que un tercio de las tier­ras arables del planeta están más o menos amena­za­das de desa­pa­re­cer. »

Aquí también, la semán­tica que utili­zan disi­mula la exis­ten­cia propia de una respon­sa­bi­li­dad. « Un billón de hectá­reas de tier­ras fértiles […] se esfu­ma­ron lite­ral­mente ». « Se esfu­ma­ron lite­ral­mente » y no « fueron destrui­dos ». No es culpa de nadie, es culpa de la tierra que deci­dió esfu­marse. La misma cosa justo después : « están más o menos amena­za­das de desa­pa­re­cer » y no « están siendo destrui­das ». Ya que es la civi­li­za­ción y su agri­cul­tura indus­trial y su pavi­men­ta­ción compul­siva del suelo y su arti­fi­cia­li­za­ción desen­fre­nada las que están en el origen de este desastre.

En el trans­curso de los últi­mos sesenta años, 90% de los grandes peces[8], 70% de las aves mari­nas[9] y, de forma más gene­ral, 52% de los animales salvajes[10], han desa­pa­re­cido ; desde hace menos de 40 años, el numero de animales mari­nos, en su conjunto, se divi­dió por dos[11]. Sabiendo que estos declives en las pobla­ciones animales y vege­tales no datan de ayer y que una dismi­nu­ción en compa­ra­ción de hace 60 o 70 años oculta en reali­dad perdi­das mucho peores incluso (fenó­meno a menudo cali­fi­cado como amne­sia ecoló­gica[12]). El informe Planeta Vivo 2016 del WWF prevé que dos tercios de las pobla­ciones de verte­bra­dos podrían desa­pa­re­cer de aquí al 2020[13]. Se estima que de aquí al 2048 los océa­nos no alber­ga­ran más un solo pez[14].

Otras proyec­ciones esti­man que de aquí al 2050, habrá más plás­tico que peces en los océa­nos[15] y que la casi tota­li­dad de las aves mari­nas habrán inge­rido plas­ti­cos [16].

Actual­mente la huma­ni­dad indus­trial produce alre­de­dor de 50 millones de tone­la­das de dese­chos elec­tró­ni­cos (o e-resi­duos) por año[17], de los cuales la inmensa mayoría (90%) no son reci­cla­dos [18]. Como conse­cuen­cia de la carrera al « desar­rollo » (elec­tri­fi­ca­ción, indus­tria­li­za­ción, moder­ni­za­ción, « progreso ») de los conti­nentes que no lo eran del todo (África, Asia, América del Sur, en concreto), se prevé que la produc­ción anual global ya astronó­mica (50 millones de tone­la­das) de dese­chos elec­tró­ni­cos (o e-resi­duos) crezca en un 500%, aproxi­ma­da­mente [19], en el curso de las próxi­mas déca­das (como resul­tado de la explo­sión en las ventas de telé­fo­nos móviles, compu­ta­do­ras, tele­vi­siones, table­tas elec­tró­ni­cas, etc.). Se prevé que la canti­dad total de dese­chos sóli­dos creada por la huma­ni­dad indus­trial mundial triplique para el 2100, para alcan­zar más de 11 millones de tone­la­das, por día.

La huma­ni­dad indus­trial agota (y conta­mina), igual­mente, las aguas dulces del mundo entero : como destaca un informe de la NASA en 2015, 21 de los 37 acuí­fe­ros más impor­tantes se encuen­tran por debajo del umbral de soste­ni­bi­li­dad —  estos pier­den más agua que la que acumu­lan.

Un campo moderno de concen­tra­ción, también llamado fabrica, en China (foto : Edward Burtynsky)

Podría­mos seguir y seguir, evocando de forma desor­de­nada la red de explo­ta­ción sexual y de escla­vi­tud sala­rial que impera actual­mente en la agri­cul­tura sici­liana, dentro de la cual miles de mujeres son viola­das y golpea­das[20] ; la red de escla­vi­tud moderna que explota cerca de 40 000 mujeres en Italia conti­nen­tal, Italia­nas e inmi­grantes, en explo­ta­ciones vití­co­las[21] ; las epide­mias de suici­dios y la conta­mi­na­ción masiva que azota actual­mente a la región de Banga­lore (cali­fi­cada como la capi­tal mundial del suici­dio) en India, donde el « desar­rollo » destruye los lazos fami­liares y el mundo natu­ral[22] ; La explo­ta­ción de Burki­neses de todas las edades en los campos de lavado de oro de Burkina Faso[23], donde viven y mueren en condi­ciones dramá­ti­cas, entre mala­ria y enfer­me­dades rela­cio­na­das con la utili­za­ción del mercu­rio, en prove­cho de las ricas y pode­ro­sas multi­na­cio­nales de los países dichos « desar­rol­la­dos » ; la suerte de los Pakis­taníes, que viven sepa­rando los resi­duos elec­tró­ni­cos cancerí­ge­nos de los ciuda­da­nos del mundo libre, a cambio de un sala­rio de mise­ria (y de algu­nas enfer­me­dades)[24] ; la explo­ta­ción de los Nica­ragüenses mal paga­dos (la mano de obra más barata de América Central) en las maqui­la­do­ras, donde confec­cio­nan todo tipo de vesti­dos para empre­sas frecuen­te­mente esta­dou­ni­denses, corea­nas, taiwa­neses [25] ; las epide­mias de enfer­me­dades de civi­li­za­ción liga­das a la comida rápida/chatarra indus­trial que devasta a las pobla­ciones del mundo entero, en las cuales están las comu­ni­dades de México [26] (segundo país en el mundo en térmi­nos de tasa de obesi­dad y sobre­peso, después de Esta­dos Unidos), que conoce una epide­mia en rela­ción con las grasas y los azucares, donde 7 de cada 10 adul­tos presenta sobre­peso y obesi­dad, así como 1 de cada 3 niños –según la Orga­ni­za­ción Mundial de la Salud (OMS), los Mexi­ca­nos son los prime­ros consu­mi­dores de soda (163 litros por persona y por año) y los más afec­ta­dos por la morta­li­dad ligada a la diabetes en toda la América Latina ; la explo­ta­ción de los niños y adul­tos de la Repú­blica de Malaui en las plan­ta­ciones de tabaco[27] (donde contraen la « enfer­me­dad del tabaco verde » por intoxi­ca­ción con la nico­tina) desti­nado a la expor­ta­ción, en prove­cho de los grupos indus­triales como British Ameri­can Tobacco (Lucky Strike, Pal Mal, Gauloises, …) o Philip Morris Inter­na­tio­nal (Malboro, L&M, Philip Morris…) ; la trans­for­ma­ción de Alba­nia en basu­rero gigante[28] (donde se impor­tan dese­chos de todas partes para su trata­miento, lo que consti­tuye un sector de gran impor­tan­cia para la economía del país, miles de perso­nas viven de eso, y viven en los verte­de­ros, o mas bien mueren de eso, y mueren en los verte­de­ros) ; en este mismo sentido, la tras­for­ma­ción de la de la ciudad de Guiyu en Chine en basu­rero gigante de dese­chos elec­tró­ni­cos[29] (prove­nientes del mundo entero pero en en mayor medida de los países dichos « desar­rol­la­dos ») donde cente­nares de millones de Chinos, niños y adul­tos, trabajan sepa­rando estos, o sea que trabajan teniendo un contacto directo con cente­nares de millones de tone­la­das de produc­tos alta­mente tóxi­cos (los toxicó­lo­gos se inter­esan a los récords mundiales de toxi­ci­dad de Guiyu en térmi­nos de la tasa de cáncer, de conta­mi­na­ción de los suelos y de las aguas, etc.) ; la tras­for­ma­ción de la zona de d’Ag­bog­blo­shie, en Ghana, igual­mente un inmenso basu­rero de dese­chos elec­tró­ni­cos[30] (prove­nientes del mundo entero, de Fran­cia, de los Esta­dos Unidos, Reino Unido, Noruega etc.), donde miles de Ghaneses, niños (desde los 5 años) y adul­tos, trabajan a cambio de un misero sueldo por sepa­rar miles de tone­la­das de produc­tos alta­mente tóxi­cos que arrui­nan su salud y conta­mi­nan el suelo, el aire y los cursos de agua ; la trans­for­ma­ción de otros lugares, siempre en los países pobres (India, Egipto, Bangla­desh, Fili­pi­nas, Nige­ria etc.), en basu­re­ros gigantes de dese­chos[31] (elec­tró­ni­cos, plás­ti­cos, etc.) ; las conta­mi­na­ciones medioam­bien­tales en Mongo­lia [32] (liga­das al « desar­rollo » del país y a su indus­tria minera), donde ciudades que se encuen­tran entre las más conta­mi­na­das del mundo se asfixian en lo que algu­nos descri­ben como « un infierno » ; las destruc­ciones de los arre­cifes de coral, de los fondos mari­nos y de los bosques de las islas Bangka y Beli­tung en Indo­ne­sia, donde los mine­ros de estaño legales e ilegales arries­gan sus vidas y pier­den su salud para obte­ner el compo­nente crucial de los apara­tos elec­tró­ni­cos, sumido en un vaso radio­ac­tivo [33] ; la destruc­ción en curso de la gran barrera de coral en Austra­lia, causada por el calen­ta­miento global[34] ; la conta­mi­na­ción de los suelos y de los cursos de agua de varias regiones de Tunes, donde el cadmio y el uranio son verti­dos, entre otros mine­rales, para el refi­na­miento del fosfato que es extra­ído en ese país, antes de ser enviado a Europa para ser utili­zado como ferti­li­zante agrí­cola (refi­na­miento que consume en exceso el agua de los mantos freá­ti­cos y que genera una epide­mia de enfer­me­dades más o menos graves en Europa)[35] ; las talas masi­vas en África, en el Amazo­nas, en Indo­ne­sia, y por todas partes del globo, que permi­ten la expan­sión de mono­cul­ti­vos de la palma acei­tera, del árbol gomero o caucho, del euca­lipto y otros arboles (muy a menudo gené­ti­ca­mente modi­fi­ca­dos) en prove­cho de las dife­rentes indus­trias ; la expan­sión de las plan­ta­ciones de soya  y de las super­fi­cies desti­na­das a la crianza indus­trial, siempre en perjui­cio de los bosques y de los bioto­pos natu­rales ; el agota­miento de nume­ro­sos « recur­sos » no-reno­vables, de los cuales diver­sos metales y mine­rales (agota­miento que no deja de acele­rarse por el despliegue actual de las infrae­struc­tu­ras y tecno­logías indus­triales liga­das a la produc­ción de energías supues­ta­mente verdes[36]) ; las epide­mias de las llama­das enfer­me­dades de civi­li­za­cion  (diabetes, asma, aler­gias, enfer­me­dades cardio­vas­cu­lares, cáncer, obesi­dad, gran varie­dad de distur­bios mentales/psicoló­gi­cos y males­tares rela­cio­na­dos, angus­tias, estrés, depre­sión etc.), que dan testi­mo­nio, en parte, de un males­tar gene­ra­li­zado y que se traduce por el consumo récord de psico­tró­pi­cos, como lo señala un reciente arti­culo de France Inter : « La inten­si­fi­ca­ción de las condi­ciones de trabajo, aisla­miento e hiper­flexi­bi­li­dad labo­ral, 20 millones de trabaja­dores en Fran­cia (de los 29 millones) consu­men fárma­cos psico­tró­pi­cos legales e ilegales » ; y así suce­si­va­mente, ad nauseam.

El resul­tado alta­mente previ­sible de todo esto es evidente : la civi­li­za­ción indus­trial, de la cual ningún aspecto es susten­table, que solo ha venido siendo una enorme e inso­por­table fuga hacia adelante, incon­tro­lable y fuera de control, agotando, conta­mi­nando y destruyén­dolo todo a su paso, o sea la inte­gra­li­dad de la biós­fera, colap­sará de manera ineluc­table a causa de sus innu­me­rables exce­sos. Y cuanto antes mejor, pues más rápido cesa­ran las destruc­ciones del mundo natu­ral. El planeta podrá comen­zar a recu­pe­rarse después de todo, y los huma­nos por igual, o al menos, los sobre­vi­vientes.

Una fabrica donde se « tratan » pollos, en Chine (photo : Edward Burtynsky)

En otras pala­bras, tan real como la socie­dad indus­trial es una tortura para la mayoría, si no es que por la tota­li­dad de sus propios miem­bros, así como para todas las espe­cies vivas y para el mundo natu­ral en gene­ral, su colapso resulta ineluc­table. Y muy deseable. Según las pala­bras de Olivier Rey en su libro Ques­tion de taille (“Cues­tion de talla”), « la pers­pec­tiva de volver a modos de vida más sobrios, compa­rables a los que cono­ció la huma­ni­dad desde sus orígenes y hasta una fecha reciente, no tiene nada de ater­ra­dor. » Supo­niendo, desde luego, « que la natu­ra­leza pueda en parte recu­pe­rarse de las devas­ta­ciones » que le inflige la civi­li­za­ción indus­trial. Es decir, reto­mando la formu­la­ción de otro matemá­tico, menos acadé­mico (Theo­dore Kaczynski), supo­niendo que el colapso suceda a la breve­dad posible, a fin que « el desar­rollo del sistema-mundo tecnoló­gico » no continúe exten­dién­dose « sin trabas hasta su fina­li­za­ción lógica » que es « con toda proba­bi­li­dad », que « de la Tierra no quede más que una roca deso­lada  —  un planeta sin vida, con la excep­ción quizá, de orga­nis­mos de entre los cuales los más simples  —  cier­tas bacte­rias, algu­nas, etc. —  capaces de sobre­vi­vir en condi­ciones extre­mas. »

Y mejor que alen­tar el colapso, acep­tarlo u obser­varlo pasi­va­mente, todos y cada uno de noso­tros pode­mos, cada quien a su manera y a su escala, a su medida, parti­ci­par a obsta­cu­li­zar « el desar­rollo del sistema-mundo tecnoló­gico »

***

Remarque­mos de paso que muchos autores más o menos famo­sos a lo largo y ancho del planeta, ya se habían perca­tado perfec­ta­mente del carác­ter no susten­table funda­men­tal de la civi­li­za­ción indus­trial, de la inevi­ta­bi­li­dad de su derrum­ba­miento, y nos advertían, como lo hizo Aldous Huxley en 1928, en su ensayo inti­tu­lado  « Progress: How the Achie­ve­ments of Civi­li­za­tion Will Even­tually Bankrupt the Entire World » (« El progreso : como los logros de la civi­li­za­ción van a arrui­nar al planeta entero ») :

« La colo­sal expan­sión mate­rial de estos últi­mos años tiene como destino, con toda proba­bi­li­dad, ser un fenó­meno tempo­ral y tran­si­to­rio. Somos ricos porque vivi­mos de nues­tro capi­tal. El carbón, el petro­leo, los fosfa­tos que utili­za­mos de forma tan inten­siva, nunca serán rempla­za­dos. Cuando las reser­vas se hayan agotado, los hombres tendrán que vivir sin ellos … Esto se vivirá como una catás­trofe sin igual. »

O Simone Weil, en 1934, en su obra  Réflexions sur les causes de la liberté et de l’op­pres­sion sociale (“reflexiones sobre las causas de la liber­tad y de la opre­sión social”) :

« Cuando el caos y la destruc­ción habrán alcan­zado el limite a partir del cual el funcio­na­miento mismo de la orga­ni­za­ción econó­mica y social se haya vuelto mate­rial­mente impo­sible, nues­tra civi­li­za­ción perecerá ; y la huma­ni­dad, de vuelta a un nivel de vida más o menos primi­tivo y a una vida social disper­sada en colec­ti­vi­dades mucho más pequeñas, volverá a partir sobre un nuevo camino impo­sible de prede­cir. »

O Pierre Four­nier, en 1969 :

« Mien­tras que nos divier­ten con guer­ras y revo­lu­ciones que se engen­dran la unas a las otras, repi­tiendo siempre la misma cosa, el hombre está, a fuerza de explo­ta­ción tecnoló­gica descon­tro­lada, volviendo la tierra inha­bi­table, no solo para sí mismo, sino para todas las formas de vida super­iores. El paraíso concen­tra­cio­nista que está naciendo y que nos prome­ten esos creti­nos de tecno­cra­tas, nunca verá el día, ya que su igno­ran­cia y su despre­cio de las contin­gen­cias bioló­gi­cas lo matarán en el huevo. La única cues­tión real que no es formu­lada, no es de saber si este sera sopor­table una vez que haya nacido, sino si, sí o no, su aborto provo­cará nues­tra muerte. »

O Bernard Char­bon­neau en 1969, en su libro Le jardin de Baby­lone (“El jardín de Babi­lo­nia”):

« Si no abor­da­mos los efec­tos de la civi­li­za­ción indus­trial y urbana, tendre­mos que consi­de­rar como probable el fin de la natu­ra­leza, acom­pañado por un tiempo de la super­vi­ven­cia confor­table entre la basura : solida, liquida o sónica. »

Y desde el informe del Club de Roma en 1972, los inves­ti­ga­dores se multi­pli­ca­ron : desde entonces son las univer­si­dades, univer­si­ta­rios, insti­tu­ciones inter­na­cio­nales y exper­tos de todo tipo que nos advier­ten (de Joseph Tain­ter a Ugo Bardi pasando por Pablo Servigne et Raphael Stevens, la Banca Mundial, la NASA y varios colec­ti­vos univer­si­ta­rios).

***

Escribía Olivier Rey al fina­li­zar su libro Une ques­tion de taille (“Una cues­tion de talla”):

« Recha­za­mos las decla­ra­ciones alar­mis­tas acusando a sus autores de hacer de Casan­dras. Pero la maldi­ción que tenia Casan­dra no era la de ver las cosas de forma pesi­mista, era sola­mente la de prever, sin jamas ser cruda – mediante lo cual los Troya­nos deja­ron entrar el caballo de madera en su ciudad. Si es preciso evitar ceder al “disfrute apocalíp­tico”, no rego­dearse enume­rando lo males que nos azotan, ni expe­ri­men­tar un placer perverso por mencio­nar lo peor, la mejor forma de hono­rar la reali­dad no es pintán­dola de rosa, sino de verla tal y como es. »

Las neuro­cien­cias cali­fi­can por cierto de « predis­po­si­ción al opti­mismo » esta tenden­cia a « sobres­ti­mar la proba­bi­li­dad de un evento posi­tivo en un futuro cercano y a subes­ti­mar lo nega­tivo » (Sciences et Avenir), lo que a menudo conduce a una evalua­ción irrea­lista, iluso­ria­mente posi­tiva del futuro. Así como lo formula la neuró­loga Tali Sharot : « La creen­cia de que el futuro será mejor que el pasado y el presente, es cali­fi­cada de predis­po­si­ción al opti­mismo. Afecta a todos, poco importa el color de la piel, la reli­gión o es esta­tus socioe­conó­mico. » Si bien es útil en cier­tos contex­tos, esta predis­po­si­ción al opti­mismo resulta problemá­tica en muchos otros. En efecto, las prome­sas de un mejor futuro, a través de la histo­ria, son y han sido siempre utili­za­das por las reli­gio­ness de la salva­ción, y ahora también por las clases diri­gentes de forma secu­lar (el mito del progreso, narra­ti­vas  holly­woo­dienses, donde el bien termina siempre venciendo), con el fin de contro­lar a las pobla­ciones : a partir del momento en que nos conven­ce­mos que el bien triun­fará, que nos diri­gi­mos nece­sa­ria­mente hacia algo mejor, espe­rando que ello suceda o llegue, somos capaces de tole­rar todo o lo que sea ; y mien­tras más empeora nues­tra situa­ción, más nos afer­ra­mos a esta creen­cia que, paradóji­ca­mente, nos permite de este modo seguir sopor­tando el empeo­ra­miento de lo inso­por­table.

El perio­dista esta­dou­ni­dense Chris Hedges habla sobre el tema de la siguiente forma :

« La creen­cia inocente de creer que la histo­ria es lineal y que el progreso técnico va siempre acom­pañado de un progreso moral, es una forma de ceguera colec­tiva. Esta creen­cia socava nues­tra capa­ci­dad de acción radi­cal y nos acuna con una ilusión de segu­ri­dad. Los que se afer­ran al mito del progreso humano, que el mundo se dirige inevi­ta­ble­mente hacia un estado moral­mente y mate­rial­mente super­ior, son los cauti­vos del poder. […]

La aspi­ra­ción al posi­ti­vismo, omni­pre­sente en nues­tra cultura capi­ta­lista, ignora la natu­ra­leza humana y su histo­ria. Sin embargo, tratar de oponerse a ella, mencio­nar lo evidente, es decir, que las cosas empeo­ran y empeo­ran quizás mucho más en el corto plazo, es verse excluido del circulo del pensa­miento mágico que carac­te­riza a la cultura esta­dou­ni­dense y la gran mayoría de la cultura occi­den­tal. La izquierda está igual­mente  tan afec­tada por esta manía de espe­rar como la dere­cha. Esta manía ensom­brece la reali­dad en el momento mismo en que el capi­ta­lismo mundial se desin­te­gra y con él, el conjunto de ecosis­te­mas, condenán­do­nos poten­cial­mente a todos. »

Otro fenó­meno psicoló­gico que influye poten­cial­mente a nues­tra acep­ta­ción colec­tiva del empeo­ra­miento global de la situa­ción es : la amne­sia ecoló­gica o amne­sia medioam­bien­tal (rela­cio­nada con el concepto anglo-esta­dou­ni­dense de shif­ting base­line),que consiste en una habi­tua­ción progre­siva (inter­ge­ne­ra­cio­nal o intra­ge­ne­ra­cio­nal) a un paisaje ecoló­gico cada vez más degra­dado por el simple hecho que no cono­ci­mos otro más que este, o que olvi­de­mos gradual­mente el estado en el que estaba en el pasado. Para­le­la­mente a esto, podría­mos evocar un fenó­meno de amne­sia que corres­pon­dería a una habi­tua­ción progre­siva a un entorno social (una socie­dad) cada vez más degra­dada (o sea, cada vez menos social y cada vez más anti­so­cial), por el simple hecho que no cono­ci­mos otro más que este o que olvi­da­mos gradual­mente cómo era antes, y que nos adap­te­mos a su dete­rioro.

En la misma manera en que los indi­vi­duos « proso­ciales » no son perso­nas fuera de sus facul­tades mentales, o que deban llevar algún trata­miento para curarse, sino perso­nas de mente sana que caye­ron en la trampa de una cultura humana profun­da­mente desqui­ciada, los indi­vi­duos que cali­fi­ca­mos aveces de « catas­tro­fis­tas » no son perso­nas pertur­ba­das que ven « todo con pesi­mismo » o que solo consi­de­ran el « lado oscuro de las cosas » . El mundo entero se bene­fi­ciaría si los eufe­mis­tas inve­te­ra­dos y otros opti­mis­tas por nega­ción lo reco­no­cie­ran, y que utili­cen sus energías para luchar contra los desastres socio-ecoló­gi­cos que están suce­diendo ahora, que vuel­ven la vida inso­por­table al mismo tiempo que la destruyen, en vez de arrojarse contra aquel­los que los expo­nen y contra los senti­mien­tos de inco­mo­di­dad que ello les suscita.

Solo compren­diendo bien la ampli­tud y la profun­di­dad del desastre que es la civi­li­za­ción indus­trial podre­mos tener una opor­tu­ni­dad de reme­diarlo.

Nico­las Casaux

Traduc­ción al español : Santiago Perales M.

Correc­ción del texto origi­nal en fran­cés : Lola Bear­zatto

 

 


  1. https://www.scien­ti­fi­ca­me­ri­can.com/article/nice-brains-finish-last/
  2. https://www.scien­ti­fi­ca­me­ri­can.com/article/how-wealth-reduces-compas­sion/
  3. Fight Back: An Ecopsy­cho­lo­gi­cal Unders­tan­ding of Depres­sion
  4. http://www.lemonde.fr/planete/article/2017/11/13/apres-un-plateau-de-trois-ans-les-emis­sions-mondiales-de-co2-repartent-a-la-hausse_5214002_3244.html
  5. http://www.nove­thic.fr/empreinte-terre/climat/isr-rse/des-emis­sions-de-co2-en-hausse-jusqu-en-2040-selon-l-aie-145045.html
  6. https://partage-le.com/2017/11/8230/ , La mafia y el nego­cio de la basura tóxica, Una bomba de tiempo de las aguas terri­to­riales alema­nas (En el fondo del Mar Báltico yacen unas 100.000 tone­la­das de muni­ciones quími­cas), La mafia cala­bresa hundió barcos con resi­duos tóxi­cos en el mar
  7. https://www.arte.tv/fr/videos/069096–000-A/demain-tous-cretins/
  8. http://www.libe­ra­tion.fr/sciences/2003/05/15/90-des-gros-pois­sons-ont-disparu_433629
  9. http://www.sudouest.fr/2015/07/16/envi­ron­ne­ment-70-des-oiseaux-marins-ont-disparu-en-seule­ment-60-ans-2025145–6095.php
  10. http://temps­reel.nouve­lobs.com/planete/20140930.OBS0670/info­gra­phie-52-des-animaux-sauvages-ont-disparu-en-40-ans.html
  11. http://www.lexpress.fr/actua­lite/societe/envi­ron­ne­ment/le-nombre-d-animaux-marins-divise-par-deux-en-40-ans_1716214.html
  12. http://bios­phere.ouva­ton.org/annee-2012/1814–2012-la-grande-amne­sie-ecolo­gique-de-philippe-j-dubois-
  13. https://www.wwf.fr/vous-infor­mer/actua­lites/rapport-planete-vivante-2016-deux-tiers-des-popu­la­tions-de-vertebres-pour­raient-dispa­raitre-dici
  14. http://www.scien­ce­se­ta­ve­nir.fr/nature-envi­ron­ne­ment/20061102.OBS7880/des-oceans-a-sec-en-2048.html
  15. http://www.lefi­garo.fr/sciences/2016/01/25/01008–20160125ARTFIG00358-en-2050-les-oceans-comp­te­ront-plus-de-plas­tique-que-de-pois­son.php
  16. http://www.lemonde.fr/planete/article/2015/09/01/d-ici-a-2050-la-quasi-tota­lite-des-oiseaux-marins-auront-ingere-du-plas­tique_4741906_3244.html
  17. https://www.theguar­dian.com/sustai­nable-busi­ness/50m-tonnes-ewaste-desi­gners-manu­fac­tu­rers-recy­clers-elec­tro­nic-junk
  18. https://www.theguar­dian.com/envi­ron­ment/2015/may/12/up-to-90-of-worlds-elec­tro­nic-waste-is-ille­gally-dumped-says-un
  19. https://www.theguar­dian.com/envi­ron­ment/2010/feb/22/elec­tro­nic-waste
  20. https://www.theguar­dian.com/global-deve­lop­ment/2017/mar/12/slavery-sicily-farming-raped-beaten-exploi­ted-roma­nian-women?CMP=Share_iOSApp_Other
  21. https://www.nytimes.com/2017/04/11/world/europe/a-womans-death-sorting-grapes-exposes-italys-slavery.html?_r=0 ,En el núcleo de la economía agrí­cola italiana hay un sistema de ‘escla­vi­tud moder­na’
  22. https://www.youtube.com/watch?v=F3vlJ­fePPec
  23. https://www.youtube.com/watch?v=POY0Z6­wiBIQ
  24. https://www.youtube.com/watch?v=Pq6GMEqKrpY
  25. https://www.youtube.com/watch?v=0_NBRxDRD4o
  26. https://www.youtube.com/watch?v=WxPF­degA6T8
  27. https://www.youtube.com/watch?v=0VqW8hHZZ_M
  28. https://www.youtube.com/watch?v=asxWOMuRHH4
  29. http://www.scien­ce­presse.qc.ca/actua­lite/2008/08/20/guiyu-cham­pion-mondial-toxi­cite
  30. https://www.youtube.com/watch?v=MYzf6idj­mik
  31. https://partage-le.com/2016/05/quels-sont-les-couts-humains-et-envi­ron­ne­men­taux-des-nouvelles-tech­no­lo­gies-par-richard-maxwell-toby-miller/
  32. https://www.youtube.com/watch?v=J3PQlGCKh6A
  33. https://www.youtube.com/watch?v=g6-WYb3Bidc
  34. https://www.scien­ce­se­ta­ve­nir.fr/nature-envi­ron­ne­ment/austra­lie-la-grande-barriere-de-corail-plus-que-jamais-mena­cee_108484
  35. https://www.youtube.com/watch?v=P9OGRMzQA4A
  36. https://partage-le.com/2017/07/letrange-logique-derriere-la-quete-dener­gies-renou­ve­lables-par-nico­las-casaux/

 

Comments to: ¿Somos dema­siado « pesi­mis­tas » o son inca­paces de reco­no­cer el horror? (por Nico­las Casaux)

Votre adresse de messagerie ne sera pas publiée. Les champs obligatoires sont indiqués avec *

Attach images - Only PNG, JPG, JPEG and GIF are supported.

Login

Welcome to Typer

Brief and amiable onboarding is the first thing a new user sees in the theme.
Join Typer
Registration is closed.