Eduar­do Vivei­ros de Cas­tro Río de Janei­ro, Bra­sil, 1951. Etnó­lo­go ame­ri­ca­nis­ta, obtu­vo su doc­to­ra­do en Antro­po­logía en la Uni­ver­si­dad Fede­ral de Río de Janei­ro (UFRJ) en 1984, y un pos­doc­to­ra­do en la Uni­ver­si­dad de París X en 1989. Es pro­fe­sor de etno­logía en el Museo Nacio­nal de la UFRJ desde 1978, miem­bro del equi­po de inves­ti­ga­ción en etno­logía ame­ri­ca­nis­ta del Centre Natio­nal de la Recherche Scien­ti­fique (CNRS) de Fran­cia desde 2001 y Pro­fe­sor Simón Bolí­var de Estu­dios Lati­noa­me­ri­ca­nos en la Uni­ver­si­dad de Cam­bridge. Entre 1999 y 2001 fue direc­tor de inves­ti­ga­ción en el CNRS, y pro­fe­sor visi­tante en las uni­ver­si­dades de Chi­ca­go (1991 y 2004), Man­ches­ter (1994), San Pablo (2003) y Minas Gerais (2005–2006). Vivei­ros de Cas­tro obtu­vo el pre­mio a la mejor tesis de doc­to­ra­do en cien­cias sociales en 1984, la Medal­la de la fran­co­fonía de la Aca­de­mia Fran­ce­sa (1998), el Pre­mio Eri­co Vanuc­ci Mendes (2004) y la Orden Nacio­nal al Méri­to Cientí­fi­co de Bra­sil en 2008. Ha publi­ca­do más de cien artí­cu­los cientí­fi­cos y nume­ro­sos libros. Sus tra­ba­jos recientes pro­po­nen una reflexión sobre la consti­tu­ción de las colec­ti­vi­dades ame­rin­dias, con un enfoque en el que se confron­tan filo­sofía y antro­po­logía. Su teoría sobre el « pers­pec­ti­vis­mo ame­rin­dio » ocu­pa un lugar cen­tral en la reflexión etnoló­gi­ca contem­porá­nea. « A pesar de los honores y otros ador­nos, se consi­de­ra polí­ti­ca­mente y ontoló­gi­ca­mente anar­qui­co, y sos­tiene de no temer la para­do­ja »∗.

El tex­to a conti­nua­ción pro­viene de un dis­cur­so publi­co durante la cam­paña Abril indí­ge­na, Cine­lân­dia.


Rio de Janei­ro 20/04/2016

 

« De esta tier­ra, en esta tier­ra, hacia esta tier­ra. Y ya es hora » (Oswald de Andrade)

 

Hoy quienes se creen los amos de Bra­sil — y que lo son, en últi­mo aná­li­sis, porque deja­mos que lo crean, y de ahí a que lo sean hay un solo paso (una pro­cla­ma­ción real, un dis­pa­ro, un libam­bo (« cade­na »), una PEC [1]) — pre­pa­ran su ofen­si­va final contra los Indios. Hay una guer­ra en cur­so contra los pue­blos Indios de Bra­sil, apoya­da abier­ta­mente por un Esta­do que debería (que debe) por obli­ga­ción consti­tu­cio­nal de pro­te­ger a los Indios y a las otras pobla­ciones tra­di­cio­nales, y que debería ser (que es) su garantía jurí­di­ca últi­ma contra la ofen­si­va empren­di­da por esos amos del Bra­sil, a saber, los « pro­duc­tores rurales » (eufe­mis­mo para « rura­lis­tas » [2] ‚eufe­mis­mo a su vez para « bur­guesía del agro-nego­cio »), el gran capi­tal inter­na­cio­nal, sin olvi­dar la frac­ción conge­né­ti­ca­mente estú­pi­da y fas­cis­ta de las clases medias urba­nas. Esta­do que, como vamos vien­do, es el prin­ci­pal alia­do de esas fuer­zas mali­gnas, con su triple bra­zo « legí­ti­ma­mente consti­tui­do », a saber, el eje­cu­ti­vo, el legis­la­ti­vo y el judi­cial.

Más la ofen­si­va no está diri­gi­da solo contra los Indios,  sino contra muchos otros pue­blos indí­ge­nas. Debe­mos entonces comen­zar por dis­tin­guir las pala­bras « Indio » e « indí­ge­na », que muchos quizá pien­sen que son sinó­ni­mos, o que « Indio » sea solo una for­ma abre­via­da de « indí­ge­na ». No es así. Todos los Indios en Bra­sil son indí­ge­nas, pero no todos los indí­ge­nas que viven en Bra­sil son Indios.

Indios son los miem­bros de pue­blos y comu­ni­dades que tie­nen concien­cia — ya sea porque nun­ca la per­die­ron, o porque la reco­bra­ron — de su rela­ción histó­ri­ca con los indí­ge­nas que vivían en esta tier­ra antes de la lle­ga­da de los euro­peos. Fue­ron lla­ma­dos « Indios » debi­do al famo­so equí­vo­co de los inva­sores que, lle­gan­do en Amé­ri­ca, pen­sa­ban haber lle­ga­do en India. « Indí­ge­na », por otro lado, es una pala­bra muy anti­gua, que no tiene nada de « hindú » en ella , signi­fi­ca « que viene de la tier­ra que le es pro­pia, ori­gi­na­rio de la tier­ra en la que vive ».[3] Hay indí­ge­nas en Bra­sil, en Áfri­ca, en Asia, en Oceanía, e inclu­so en Euro­pa. El antó­ni­mo de « indí­ge­na » es « aló­ge­na » [4], mien­tras que el antó­ni­mo de Indio, en Bra­sil, es « blan­co », o mejor, las nume­ro­sas pala­bras de las más de 250 len­guas indias habla­das den­tro del ter­ri­to­rio bra­si­leño que se sue­len tra­du­cir en por­tu­gués por « blan­co », pero que hacen refe­ren­cia a todas aquel­las per­so­nas e ins­ti­tu­ciones que no son indias. Esas pala­bras indí­ge­nas tie­nen varios signi­fi­ca­dos des­crip­ti­vos, pero uno de los más comunes es « ene­mi­go, como en el caso del yano­ma­mi napë, del kayapó kuben, o del ara­we­té awin. Si bien los concep­tos indios sobre la ene­mis­tad, o condi­ción de ene­mi­go, sean bas­tante dife­rentes de los nues­tros, no cues­ta consta­tar que la pala­bra más cer­ca­na que tene­mos para tra­du­cir direc­ta­mente esas pala­bras indí­ge­nas sea « ene­mi­go ». Medi­te­mos al res­pec­to.

¿Pero entonces esto quiere decir que todas las per­so­nas naci­das en esta tier­ra son indí­ge­nas de Bra­sil ? Si y no. Si, en el sen­ti­do eti­moló­gi­co infor­mal que encon­tra­mos en los dic­cio­na­rios : « ori­gi­na­rio de un país etc. en el que se encuen­tra, nati­vo » (véase nota (3), supra). Un colo­no de ori­gen (y len­gua) alemán de Pome­rode es un « indí­ge­na » de Bra­sil porque nació en una región del ter­ri­to­rio polí­ti­co epó­ni­mo, así como son indí­ge­nas un ser­ta­ne­jo* de las regiones semi-hari­das del Noreste, un agro­boy[5] de Bar­re­tos o un cor­re­dor de la Bol­sa de São Pau­lo. Pero no, ni el colo­no, ni el agro­boy, ni el cor­re­dor de valores son indí­ge­nas — pregún­tenles …

Ellos son « bra­si­leños, algo muy dife­rente de ser « indí­ge­na ».  Ser bra­si­leño es pen­sar y actuar y consi­de­rarse (y tal vez ser consi­de­ra­do) como « ciu­da­da­no », es decir, como una per­so­na defi­ni­da, regis­tra­da, vigi­la­da, contro­la­da, asis­ti­da — en suma, pesa­da, conta­da y medi­da por un Esta­do-nación ter­ri­to­rial, el « Bra­sil ».  Ser bra­si­leño es ser (o deber-ser) ciu­da­da­no, en otras pala­bras, súb­di­to de un Esta­do sobe­ra­no, o sea, tras­cen­dente. Esta condi­ción de súb­di­to (uno de los eufe­mis­mos de súb­di­to es « suje­to [de dere­chos] ») no tiene abso­lu­ta­mente nada que ver con la rela­ción indí­ge­na vital y ori­gi­na­ria con la tier­ra, el lugar en que se vive y del que se saca el pro­pio sus­ten­to, donde se « vive la vida » con sus parientes y ami­gos. Ser indí­ge­na es tener como refe­ren­cia pri­mor­dial la rela­ción con la tier­ra en la se nació y donde se esta­ble­ció para hacer su vida, ya sea una aldea[6] en la sel­va, un pobla­do en sertão[7], una comu­ni­dad  en la orilla del un rio o una fave­la en las per­ife­rias metro­po­li­ta­nas. Es ser parte de una comu­ni­dad liga­da a un lugar espe­ci­fi­co, o sea, es hacer parte de un pue­blo. Ser ciu­da­da­no, por el contra­rio, es ser parte de una pobla­ción contro­la­da (al mis­mo tiem­po « defen­di­da » y ata­ca­da) por un Esta­do. El indí­ge­na mira hacia aba­jo, hacia la tier­ra que le es inma­nente ; saca su fuer­za del sue­lo. El ciu­da­da­no mira hacia arri­ba, hacia el Espí­ri­tu encar­na­do bajo la for­ma de un Esta­do tras­cen­dente ; él recibe sus dere­chos de lo alto.

« Pue­blo » solo ®existe al plu­ral — PUEBLOS. Un pue­blo es una mul­ti­pli­ci­dad sin­gu­lar, que supone otros pue­blos, que habi­ta una tier­ra plu­ral­mente pobla­da de pue­blos. Cuan­do pre­gun­ta­ron al escri­tor Daniel Mun­du­ru­ku si « él, en tan­to que Indio etc. », inter­rum­pió de inme­dia­to : « no soy Indio ; soy Mun­du­ru­ku[8] « . Pero ser Mun­du­ru­ku signi­fi­ca saber que exis­ten Kaya­bi, Kayaó, Matis, Gua­ra­ni, Tupi­nambá, y que estos no son Mun­du­ru­ku, pero que tam­po­co son Blan­cos. Quienes inven­ta­ron los « Indios » como cate­goría gené­ri­ca fue­ron los grandes espe­cia­lis­tas de la gene­ra­li­za­ción, lo Blan­cos, o más pre­ci­sa­mente, el Esta­do blan­co, colo­nial, impe­rial, repu­bli­ca­no. El Esta­do, al contra­rio de los pue­blos, consiste solo al sin­gu­lar de su pro­pia uni­ver­sa­li­dad. El Esta­do es siempre úni­co, total, un uni­ver­so en si mis­mo. Aún  si exis­ten muchos Esta­dos-nación, cada uno es una encar­na­ción del Esta­do Uni­ver­sal, es una hipós­ta­sis del Uno. El pue­blo tiene la for­ma del Múl­ti­plo. For­za­dos a des­cu­brirse « Indios », los Indios bra­si­leños des­cu­brie­ron que habían sido uni­fi­ca­dos en la gene­ra­li­dad de un poder tras­cen­dente, uni­fi­ca­dos para ser mejor des-mul­ti­pli­ca­dos, homo­ge­nei­za­dos, bra­si­leña­li­za­dos. El pobre es ante todo alguien a quien se le ha arre­ba­ta­do algo. Para trans­for­mar al Indio en pobre, el pri­mer paso es tras­for­mar al Mun­du­ru­ku en Indio, des­pués en Indio admi­nis­tra­do, des­pués en indio asis­ti­do, des­pués en Indio sin tier­ra.

Y no obs­tante, los pue­blos indí­ge­nas ori­gi­na­rios, en su mul­ti­pli­ci­dad irre­duc­tible, que fue­ron india­ni­za­dos por la gene­ra­li­dad del concep­to para poder ser mejor des-india­ni­za­dos por las armas del poder, se saben hoy el blan­co gene­ral de esas armas, y se unen contra el Uno, se defien­den dia­léc­ti­ca­mente contra el Esta­do acep­tan­do esa gene­ra­li­za­ción y exi­gien­do de este últi­mo los dere­chos que tal gene­ra­li­za­ción les confiere, mediante la letra y el espí­ri­tu de la Consti­tu­ción Fede­ral de 1988. E inva­den el Congre­so. Nada más jus­to que los inva­di­dos inva­dien­do el cuar­tel gene­ral de los inva­sores. Ope­ra­ción de guer­rilla simbó­li­ca, sin duda, incon­men­su­rable con la guer­ra masi­va real (pero tam­bién simbó­li­ca) que les hacen los inva­sores. Pero los amos del poder los acu­san de golpe de Esta­do, y se apre­su­ran en poner en mar­cha su pro­pio contra­golpe. Para uti­li­zar la pala­bra del día, el golpe de esta­do es lo que se pre­pa­ra contra los Indios en los cor­re­dores alfom­bra­dos de Bra­si­lia, bajo la for­ma, entre otras, de PEC 2015[9].

Los Indios son los pri­me­ros indí­ge­nas de Bra­sil. Las tier­ras que ocu­pan no son su pro­pie­dad — no solo porque los ter­ri­to­rios indí­ge­nas son « tier­ras de la Unión »[10] , sino porque son ellos quienes per­te­ne­cen a la tier­ra y no lo contra­rio. Per­te­ne­cer a la tier­ra, en lugar de ser pro­pie­ta­rio de esta, es lo que define al indí­ge­na. Y en este sen­ti­do, a excep­ción de los Indios, muchos pue­blos y comu­ni­dades en Bra­sil, pue­den decirse indí­ge­nas, porque se sien­ten, mucho más que ciu­da­da­nos. No se reco­no­cen en el Esta­do, no se sien­ten repre­sen­ta­dos por un Esta­do domi­na­do por una cas­ta de pode­ro­sos y de sus mario­ne­tas y mer­ce­na­rios alo­ja­dos en el Congre­so Nacio­nal y demás ins­tan­cias de los Tres poderes. Los Indios son los pri­me­ros indí­ge­nas en no reco­no­cerse en el Esta­do Bra­si­leño, quien los per­si­guió durante cin­co siglos : sea direc­ta­mente, por las « guer­ras jus­tas » del tiem­po del colo­nia­lis­mo, por las leyes del Impe­rio, por las admi­nis­tra­ciones indi­ge­nis­tas repu­bli­ca­nas que los explo­ta­ron, mal­tra­ta­ron, y, muy tími­da­mente, las veces que los defen­die­ron (cuan­do lle­ga­ban dema­sia­do lejos, el Esta­do les cor­ta­ba las alas) ; sea indi­rec­ta­mente, gra­cias el apoyo ilí­ci­to que el Esta­do siempre dio a todas las ten­ta­ti­vas de desin­dia­ni­zar a Bra­sil, de lim­piar la tier­ra de sus ocu­pantes ori­gi­nales para implan­tar un mode­lo de civi­li­za­ción que nun­ca ha ser­vi­do a nadie que no sean los pode­ro­sos. Un mode­lo que conti­nua esen­cial­mente en el mis­mo modo que hace 500 años.

Un gra­va­do que repre­sen­ta a las famo­sas « guer­ras jus­tas », que eran expe­di­ciones para cap­tu­rar a escla­vos en tier­ras Indias (aquí, una expe­di­ción que parte del Paraná, en el sur).

El Esta­do bra­si­leño y sus ideo­lo­gos siempre apos­ta­ron a que los Indios desa­pa­re­cerían, mien­tras más rápi­do mejor ; hicie­ron lo posible y lo impo­sible, lo innom­brable y lo abo­mi­nable para lograr­lo. No que fue­ra siempre nece­sa­rio exter­mi­nar­los fisi­ca­mente para ello — no obs­tante, como sabe­mos, el recur­so al geno­ci­dio conti­nua amplia­mente en vigor en Bra­sil —, pero era nece­sa­rio en una for­ma u otra desin­dia­ni­zar­los, trans­for­mar­los en « tra­ba­ja­dores nacio­nales »[11]. Cris­tia­ni­zar­los, « ves­tir­los » (como si alguien hubie­ra vis­to jamas a Indios « des­nu­dos », esos maes­tros del ador­no, del plu­ma­ria y de la pin­tu­ra cor­po­ral), pro­hi­birles las len­guas que hablan o habla­ban, las cos­tumbres que los definían, some­ter­los a un régi­men de tra­ba­jo, policía y admi­nis­tra­ción. Pero, por enci­ma de todo, cor­tarles de su rela­ción con la tier­ra. Sepa­rar a los Indios (y todos los demás indí­ge­nas) de su rela­ción orgá­ni­ca, polí­ti­ca, social, vital con la tier­ra y con las pro­pias comu­ni­dades que viven de la tier­ra — esa sepa­ra­ción siempre fue vis­ta como condi­ción nece­sa­ria para trans­for­mar el Indio en ciu­da­da­no. En ciu­da­da­no pobre, natu­ral­mente. Porque sin pobres no hay capi­ta­lis­mo, el capi­ta­lis­mo nece­si­ta de pobres, como nece­si­to (y todavía nece­si­ta) de escla­vos. Trans­for­mar el indio en pobre. Para hacer­lo, fue y es nece­sa­rio ante todo, sepa­rar­lo de su tier­ra, de la tier­ra que lo consti­tuye como indí­ge­na.

Noso­tros, los blan­cos que esta­mos sen­ta­dos aquí en las esca­le­ras de la Cáma­ra Muni­ci­pal de Rio de Janei­ro, el 20 de abril del 2016, noso­tros nos sen­ti­mos indí­ge­nas. No nos sen­ti­mos ciu­da­da­nos, no nos vemos como parte de una pobla­ción súb­di­ta de un Esta­do que nun­ca nos repre­sentó, y que siempre ha qui­ta­do con una mano fin­gien­do dar con la otra. Noso­tros los « Blan­cos » que esta­mos aquí, así como muchos otros pue­blos indí­ge­nas que viven en Bra­sil : cam­pe­si­nos, ribe­reños, pes­ca­dores, cai­ça­ras , qui­lom­bo­las, ser­ta­ne­jos, cabo­clos, curi­bo­cas, negros y « par­dos » habi­tantes de las fave­las que recu­bren a este país. Todos ellos son indí­ge­nas, porque se sien­ten liga­dos a un lugar, a un peda­zo de tier­ra — y a una comu­ni­dad, mucho más que ciu­da­da­nos de un Bra­sil Grande que solo agran­da el tamaño de las cuen­tas ban­ca­rias de los dueños del poder.

La tier­ra es el cuer­po de los Indios, los Indios son parte del cuer­po de la Tier­ra. La rela­ción entre tier­ra y cuer­po es cru­cial. La sepa­ra­ción entre la comu­ni­dad y la tier­ra tiene como ros­tro para­le­lo, su som­bra, que es la sepa­ra­ción entre las per­so­nas y sus cuer­pos, otra ope­ra­ción indis­pen­sable eje­cu­ta­da por el Esta­do para crear pobla­ciones admi­nis­tra­das. Pién­sese a los LGBT, sepa­ra­dos de su sexua­li­dad ; a los negros, sepa­ra­dos de su color de su piel y de su pasa­do de escla­vi­tud, es decir, de des­po­jo cor­po­ral radi­cal ; pién­sese en las mujeres, sepa­ra­das de su auto­nomía repro­duc­ti­va. Pién­sese, en fin y no menos repu­gnante, en el sinies­tro elo­gio publi­co de tor­tu­ra hecho por el canal­la Jair Bol­so­na­ro* — la tor­tu­ra, medio ulti­mo y abso­lu­to de sepa­rar a una per­so­na de su cuer­po. Tor­tu­ra que conti­nua sien­do — que siempre fue — el méto­do favo­ri­to para sepa­rar a los pobres de sus cuer­pos, en los comi­sa­ria­dos y cár­celes de este país tan « cor­dial ».

Por eso toda la lucha de los Indios es tam­bién nues­tra lucha, la lucha indí­ge­na. Los Indios son nues­tro ejem­plo. Un ejem­plo de resis­ten­cia secu­lar a una guer­ra feroz en contra de ellos para hacer­los des-exis­tir, hacer­los desa­pa­re­cer, ya sea matán­do­los pura y sim­ple­mente, desin­dia­ni­zan­do­los y tras­formán­do­los en « ciu­da­da­nos civi­li­za­dos », o sea, en bra­si­leños pobres, sin tier­ra, sin medios de sub­sis­ten­cia pro­pios, obli­ga­dos a ven­der sus bra­zos — sus cuer­pos — para enri­que­cer a los pre­ten­di­dos nue­vos dueños de la tier­ra.

Los Indios nece­si­tan de la ayu­da de los blan­cos que se soli­da­ri­zan con su lucha y que reco­no­cen en ellos el mejor ejem­plo de lucha per­pe­tua entre los pue­blos indí­ge­nas (todos los pue­blos indí­ge­nas a los que me he refe­ri­do más arri­ba : el pue­blo LGBT, el pue­blo negro, el pue­blo de las mujeres) y el Esta­do nacio­nal. Pero noso­tros, los « otros Indios », aquel­los que no son Indios pero que se sien­ten mucho más repre­sen­ta­dos por los pue­blos Indios que por los polí­ti­cos que nos gobier­nan y por el apa­ra­to poli­cial que nos per­sigue de cer­ca, por las polí­ti­cas de des­truc­ción de la natu­ra­le­za apli­ca­das por el hier­ro y por el fue­go por todos los gobier­nos que se suce­den desde siempre en este país — el res­to de noso­tros, tam­bién nece­si­ta­mos de la ayu­da, y del ejem­plo, de los Indios, de sus tác­ti­cas de guer­rilla simbó­li­ca, jurí­di­ca, mediá­ti­ca, contra el Apa­ra­to de Cap­tu­ra del Esta­do-nación. Un Esta­do que va rea­li­zan­do has­ta las ulti­mas conse­cuen­cias su proyec­to de des­truc­ción que revin­di­ca como suyo. Pero la tier­ra es de los pue­blos.

Concluyo con una alu­sión al nombre de una calle no muy dis­tante de esta Cine­lân­dia donde esta­mos aho­ra. En Bota­fo­go existe, como todos ustedes saben, una calle Volun­ta­rios de la Patria. Su nombre pro­viene de una inicia­ti­va empren­di­da por el impe­rio en su guer­ra geno­ci­da (y etno­ci­da) contra el Para­guay — Bra­sil siempre fue bue­no en eso de matar Indios, de este o del otro lado de sus fron­te­ras. Carente de tro­pas para enfren­tar al ejer­ci­to gua­raní, el Gobier­no impe­rial creó cuer­pos mili­tares de volun­ta­rios, « ape­lan­do a los sen­ti­mien­tos del pue­blo bra­si­leño », como lo des­cribe el resu­men de Wiki­pe­dia a propó­si­to de la inicia­ti­va. Pedro II se pre­sentó en la Uru­guaia­na como el « pri­mer volun­ta­rio de la patria ». No paso mucho tiem­po para que el patrio­tis­mo de los volun­ta­rios de enfria­ra ; y pron­to el gobier­no cen­tral pasó a exi­gir de los pre­si­dentes de las pro­vin­cias que retru­ca­ran cuo­tas de « volun­ta­rios ». La solu­ción a esta lamen­table « fal­ta de patrio­tis­mo » de los blan­cos bra­si­leños fue, como se sabe, de enviar miles de escla­vos negros como volun­ta­rios. Fue­ron ellos quienes ase­si­na­ron y murie­ron en la Guer­ra de Para­guay. Quienes fue­ron obli­ga­dos, inú­til decir­lo. Volun­ta­rios invo­lun­ta­rios.

En efec­to. Los Indios fue­ron y son los pri­me­ros Invo­lun­ta­rios de la Patria. Los pue­blos indí­ge­nas ori­gi­na­rios se vie­ron caerles sobre sus cabe­zas una « Patria » que no pidie­ron, y que solo les tra­jo muerte, enfer­me­dad, escla­vi­tud y des­po­jo. Noso­tros aquí nos sen­ti­mos como los Indios, como todos los indí­ge­nas de Bra­sil : como parte de un enorme contin­gente de Invo­lun­ta­rios de la Patria. Los volun­ta­rios de una patria que no que­re­mos, de un gobier­no (o des­go­bier­no) que no nos repre­sen­ta y nun­ca nos repre­sentó. Nun­ca nadie repre­sentó a los que se sien­ten indí­ge­nas. Solo noso­tros mis­mos pode­mos repre­sen­tar­nos, o tal vez, solo noso­tros pode­mos decir que repre­sen­ta­mos la tier­ra — esta tier­ra. No a « nues­tra tier­ra », sino la tier­ra de donde somos, de la cual somos. Somos los Invo­lun­ta­rios de la Patria. Porque es otra nues­tra volun­tad. Invo­lun­ta­rios de todas las Patrias, ¡deser­ten !

 

Eduardo Viveiros de Castro

 

Tra­duc­ción — Edi­ción : San­tia­go Per­ales Meraz.


  1. N.d.T. : Pro­pues­ta de enmien­da consti­tu­cio­nal.
  2. N.d.T. : Todos aquel­los que apoyan las refor­mas agra­rias y que apun­tan a la expro­pia­cion de las tier­ras indí­ge­nas. Son los grandes ter­ra­te­nientes.
  3. “La Pala­bra indí­ge­na viene del latín indí­ge­na, ae ‘ori­gi­na­rio del lugar en que vive, crea­do den­tro de la tier­ra que le es pro­pia’, deri­va­ción del latín indu arcai­co (como endo) > latín clá­si­co in—‘movimiento hacia den­tro, desde aden­tro +- gena deri­va­ción del radi­cal del ver­bo lati­no gino, is, genui, geni­tum, gignere « gerer » ; Signi­fi­ca « rela­ti­vo a la pobla­ción autóc­to­na de un país o  que se esta­ble­ció antes de un pro­ce­so colo­ni­za­dor » … ; por exten­sión de sen­ti­do (uso infor­mal), [signi­fi­ca] « qui o lo que es ori­gi­na­rio de un país, región o loca­li­dad en la que se encuen­tra ; nati­vo (Dic­cio­na­rio Elec­tró­ni­co Houaiss — Letras negri­tas del autor) 
  4. N.d.T. : En por­tu­gués, la pala­bra ‘aliení­ge­na’ desi­gna tam­bién a los extra-ter­restres, para dar una idea de la ten­sión de esos antó­ni­mos.
  5. N.d.T : Agro­boy : hijo de una gran ter­ra­te­niente
  6. N.d.T. : Pobla­do Indio en Bra­sil
  7. N.d.T. : Zona semi-hari­da del Noreste
  8. N.d.T. : El patronímico es aquí el nombre de la etnia a la cual per­te­nece el escri­tor en cues­tión.
  9. N.d.T. : La PEC 215 es una pro­pues­ta de enmien­da Consti­tu­cio­nal Bra­si­leña mediante la cual, entre otras cosas, se haría dele­gar exclu­si­va­mente al Congre­so la res­pon­sa­bi­li­dad de la demar­ca­ción de las tier­ras indí­ge­nas y la rati­fi­ca­ción de las tier­ras reco­no­ci­das Indias. Esta blo­quearía y limi­taría la exten­sión de las tier­ras Indias así como cual­quier deman­da de parte de los pue­blos indí­ge­nas. Pre­vé tam­bién la indem­ni­za­ción de los grandes pro­pie­ta­rios que se apro­pia­ron de las tier­ras Indias, en el caso que deban res­ti­tuir­las. El debate por la vota­ción de la enmien­da consti­tu­cio­nal esta todavía en cur­so.
  10. N.d.T. : ‘Ter­ras da União’ : ter­ri­to­rios fede­rales. 
  11. El pri­mer nombre del SPI repu­bli­ca­no (Ser­vi­cio de Pro­tec­ción de los Indios) era SPILTN : Ser­vi­cio de Pro­tec­ción a los Indios y Loca­li­za­ción de los Tra­ba­ja­dores Nacio­nales. Este fue el SPITLN de 1910 a 1918, des­pués solo SPI, has­ta ser la FUNAI en 1967, en segui­da de una CPI [comi­sión de inves­ti­ga­ción] que reveló una infi­ni­dad de abu­sos, de vio­la­ciones, de vio­len­cias diver­sas, de explo­ta­ciones y de otros bene­fi­cios de pro­tec­ción confe­ri­dos por el Esta­do.

∗ N.d.T. : Toma­do de la bio­grafía de Vivei­ros de Cas­tro de este mis­mo tex­to tra­du­ci­do al ita­lia­no (« Gli Invo­lon­ta­ri Del­la Patria ») por Ales­san­dro Luce­ra & Ales­san­dro Pal­mie­ri.

 

Para ir más lejos leer : Eduar­do Vivei­ros de Cas­tro « La mira­da del jaguar Intro­duc­ción al pers­pec­ti­vis­mo ame­rin­dio »

Comments to: Los Involuntarios de la patria (por Eduardo Viveiros de Castro)

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